Capsulas extraídas a una mula este año en Salta.
Capsulas extraídas a una mula este año en Salta.

Personas de bajos recursos, inmigrantes de países limítrofes con estudios que a veces ni alcanzan el nivel primario completo y una inmensa necesidad económica. Los narcotraficantes se aprovechan de la vulnerabilidad más extrema para que hombres y mujeres pongan literalmente el cuerpo, se traguen hasta dos kilos de cocaína distribuidos en cápsula de diez gramos por un total de mil dólares y crucen la frontera argentina a pie o en micros para arriesgar su libertad y sus vidas.

Los sinónimos para denominarlos son muchos: mulas, correos humanos, camellos, burros, fueron caracterizados en detalle en películas y decenas de libros en los últimos quince años. Argentina tuvo su auge de tránsito de mulas entre los años 2007 y 2014 donde eran detectadas de forma casi diaria en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Incluso se creó una unidad especial en el Hospital Interzonal General de Agudos Dr. Alberto Antranik Eurnekian para tratar a las y los ingestados y lograr su evacuación lo más pronto posible. Los espárragos eran el laxante predilecto por las médicas y médicos que los trataban.

Durante el período 2012 y 2013, de acuerdo a números oficiales, el centro de salud atendió a 80 personas enviadas por la PSA directamente desde el aeropuerto, con expedientes que usualmente terminaban bajo la figura de contrabando de estupefacientes en el fuero en lo penal económico. Pero con los avances tecnológicos en los controles y los perfiles cada vez más reconocibles, las bandas dejaron de enviar por aire a mulas ingestadas con cocaína. Una experimentada investigadora federal en Comodoro Py, acostumbrada a las grandes bandas narco porteñas que operaron históricamente en las villas de Retiro y el Bajo Flores, no recuerda un caso de una mula ingestada en los últimos diez años. 

Sin embargo, los hombres y mujeres con cocaína en sus estómagos siguieron -y siguen-entrando al país.

Esta modalidad de tráfico que muchos consideraban extinta sigue activa de acuerdo a investigadores consultados, sobre todo en la zona fronteriza de Salta y Jujuy con Bolivia donde los números de personas ingestadas detectadas no cesa. La ruta parte desde Bolivia y cruza al país por caminos terrestres hacia Salta o Jujuy para llegar en micros a Liniers o Retiro como destino final. Según pudo saber Infobae, muchas de las rutas no terminan en Buenos Aires, sino que continúan por tierra hacia Mendoza para poder cruzar la mercadería a Chile.

De acuerdo a los últimos datos relevados por la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR), el 38% de las causas actuales sobre microtráfico incluye a mulas ingestadas que fueron detectadas por los diversos controles fronterizos, una tendencia que se mantiene al menos desde 2014.

Más del 90% de esas mulas son personas que transportaban cocaína, ya sea clorhidrato o pasta base. De acuerdo al perfil de las mulas continúan siendo personas vulnerables, el 70% son extranjeros de Bolivia o Perú que ven en el viaje una posibilidad de conseguir algo de dinero en un período corto de tiempo.

Paseros en la frontera con La Quiaca, punto caliente del tráfico de mulas (Fopea)
Paseros en la frontera con La Quiaca, punto caliente del tráfico de mulas (Fopea)

Un dato que rompe con el imaginario que identifica a la mula narco con el género femenino es que según los relevamientos en la frontera del norte del país hay más cantidad de hombres ingestados que de mujeres.

Los porcentajes oficiales hablan de un 65% de causas donde la mula es un hombre, mientras que el 35% restante es mujer. El cliché de pensar automáticamente en mujeres cuando se habla de personas con cocaína en la panza tiene cierta lógica detrás: en los últimos años, más del 60 por ciento de las mujeres presas en el país está tras las rejas o con prisión domiciliaria por delitos de microtráfico narco.

¿Tiene sentido mantenerlas detenidas? Las mulas son, sin dudas, el eslabón más débil en la cadena del narcotráfico. Los investigadores federales consultados reconocen que muy pocas veces su detención lleva a grandes avances en la investigación para desbaratar a las bandas delictivas.

Esto sucede principalmente porque las y los ingestados no tienen información sobre los líderes jerárquicos de la banda, los teléfonos que pueden brindar no conducen a pistas concretas. Tampoco quieren hablar por miedo a lo que los narcotraficantes puedan hacerle a sus familiares o a ellos mismos por venganza.

Así, prefieren pasar entre seis a cinco años en los penales federales del país.

¿Las mulas colaboran con la Justicia, hablan, dicen algo? "La figura del arrepentido se utiliza desde hace mucho en las causas de narcotráfico pero es muy difícil que los detenidos la quieran utilizar por miedo a lo que puedan llegar a hacer las organizaciones. En muchos casos dan información pero que corresponde a Bolivia o Perú por ejemplo y es muy difícil accionar o pedir colaboración", contó a Infobae un investigador federal .

Es una paradoja. Jueces, fiscales e investigadores saben que las mulas forman parte de los estratos más bajos dentro de las bandas delictivas pero dejarlos en libertad también es un mensaje de impunidad para los narcotraficantes.

Radiografía con gran cantidad de capsulas: los cuerpos pueden soportar hasta casi 2 kilos de droga en preservativos de látex.
Radiografía con gran cantidad de capsulas: los cuerpos pueden soportar hasta casi 2 kilos de droga en preservativos de látex.

Generalmente, a las personas que se le detectan estupefacientes son imputadas por delitos de flagrancia, por lo que consiguen un juicio abreviado en poco tiempo y una condena que no supera los cuatro años de prisión. Al cumplir los dos tercios de la condena pueden quedar en libertad o, en el caso de los extranjeros, volver a su país de origen bajo la figura de extrañamiento. Sin embargo, queda el estigma de la cárcel.

Ahora, ¿por qué el narco elije una mula ingestada? La Gendarmería Nacional incauta casi semanalmente lotes de diez a cien kilos en fondos dobles de autos y camionetas que entran al país desde pasos como Villazón-Aguas Blancas en Salta, dispositivos ingeniosos para intentar pasar por la frontera.

Sin embargo, aseguran funcionarios acostumbrados a estos expedientes, los traficantes en muchos casos prefieren introducir la cocaína en el estómago de un extranjero pobre, algo que lo coloca un riesgo mortal: es mucho más barato pagarle mil dólares a la mula que enfrentar la larga cadena de coimas y chances de controles en la larga distancia que supone un trecho de casi 2.400 kilómetros desde Bolivia, donde está el kilo de cocaína más barato del planeta, hasta Capital Federal.

Por otra parte, la mula no es una parte orgánica de la banda, sino una contratada de ocasión.

La mula, en definitiva, no sabe.

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