“Ruti” Mariños, al ser trasladado al país desde Perú en julio pasado.
“Ruti” Mariños, al ser trasladado al país desde Perú en julio pasado.

La norma solía ser callarse la boca por miedo o mentir a cara de piedra. Los vecinos del Barrio Chino de la Villa 31 bis, también conocido como Barrio Ferroviario, evitaban abrir la boca cuando los patrulleros llegaban para inspeccionar el más reciente cadáver, peruanos muertos en vendettas, evitaban abrirla también cuando los efectivos encubiertos de la Policía Federal despachados por algún juez federal intentaban volver con algún dato. Alionzo Rutilio Ramos Mariños, alias "Ruti", se había ganado el privilegio transa del miedo absoluto. Básicamente, tenía con qué. 
En 2008, el Tribunal Oral en lo Criminal N°15 lo condenó a 18 años de cárcel por ser el ideólogo de la Masacre del Señor de los Milagros, una emboscada en la Villa 1-1-14 ocurrida el 29 de octubre de 2005 en el marco de una típica procesión religiosa de la comunidad peruana que le costó la vida a cinco personas, incluido un bebé de ocho meses.

La emboscada fue, básicamente, una vendetta: "Ruti" había logrado infiltrar la seguridad de su ex socio y máximo enemigo, "Marcos" Estrada González, capo de la Villa 1-11-14, hoy preso en Ezeiza. La pelea entre "Marcos" y "Ruti" no solo decantó en el hecho de sangre más brutal de la historia del narcotráfico peruano en la Capital Federal: también marcó la migración de Ramos Mariños al Barrio Chino -junto a cómplices como su hermano "Meteoro", su sobrino Richard Ramos Noa, alias "Richeri" o "Choclito" y su ex mujer, Miriam Cabana, más conocida como "La Chona"- para convertirse en uno de los capos peruanos del territorio, con un dominio del mercado de cocaína y pasta base que se extendía hasta la zona de containers del Cristo Obrero. "Ruti", preso en Ezeiza durante la primera mitad de esta década, eventualmente salió: el juez Axel López, en una decisión ajustada a derecho, le brindó en 2015 el beneficio del extrañamiento que le permitió volver a Perú con la mitad de su condena cumplida, pero sin chance de regresar a la Argentina, al menos legalmente. Lo cierto es que, preso o no, los negocios de "Ruti" siguieron vivos para el juez federal Sergio Torres y la secretaria Verónica Bresciani, los encargados de investigarlo desde 2010 en Comodoro Py.

La balada de "Ruti" es larga, sinuosa. Incluye los cadáveres de "Coco" Huamancisa Ramírez y Wilmington Gallego, asesinados en la Villa 31 en septiembre y octubre de 2016, supuestos dealers devenidos en traidores cuyos negocios a espaldas del capo les garantizaron un tiro y un ataúd, la caída de Cynthia Huamani Zambrano, "La Chata", una de las principales lugartenientes del capo, arrestada en noviembre de 2015 en su casa en San Martín. La división Homicidios de la PFA le había encontrado granadas, ametralladoras FMK-3, media barra de pasta base. en enero de 2016, efectivos de la comisaría N° 46 encontraron un pequeño arsenal con escopetas y municiones en un container de la zona de Cristo Obrero en la Villa 31.  Ese container hoy es atribuido a Mariños: se encontró una vieja Colt entre las armas, la misma que según peritos de la PFA se usó para matar a Huamancisa.

"La Chona", ex mujer de "Ruti", fue arrestada en junio de este año por la Dirección de Narcocriminalidad de la Policía de la Ciudad acusada de regentear cinco kioskos de cocaína en el histórico territorio de su ex. Dante Josué Ramos, supuesto hijo de "Ruti" al cual el capo nunca reconoció como propio, fue arrestado y procesado por el juez Hernán López acusado de ser el chofer de fuga en el asesinato de un menor.
En el medio, el juez Torres había encendido nuevamente el pedido de captura contra "Ruti", que le daba entrevistas a medios argentinos desde su modesta pieza en Lima, donde aseguraba ser un zapatero remendón respetuoso de las normas. En julio de este año, tras ser capturado con una alerta roja de Interpol, Mariños fue finalmente extraditado a la Argentina.

Hoy la balada comienza a llegar a su fin. En los últimos días, el juez Torres decidió cerrar la instrucción en contra de Ramos Mariños y su sobrino "Choclito" y enviarlos a juicio oral por el delitos de tráfico de estupefacientes y acopio de armas de fuego, un proceso asignado al Tribunal Oral Federal N°3. Cinco hechos son la columna vertebral de la acusación de Torres contra "Ruti" y "Choclito", ocurridos entre mayo de 2010 y octubre de 2015, diversos allanamientos de bunkers y kioskos narco en la 31 bis.

La elevación a juicio de Torres a la que accedió Infobae refleja un pedido de nulidad hecho por la defensa de "Ruti", que fue rechazado por el juez federal. La metodología del Juzgado N°12 es el problema. "No puede sostenerse para acusar y menos aún para condenar a una persona solamente con prueba de arrepentidos, más aun… si mi asistido se encontrada detenido cumpliendo condena", aseguró el escrito presentado por el doctor Enrique Villarreal y Della Roca: "En estos siete años solo hay dichos de terceros influenciados por un beneficio directo".

El privilegio transa del miedo total eventualmente terminó desgastado. Durante siete años de investigación, no solo tres miembros de la banda de Ramos Mariños decidieron acogerse en la figura del arrepentido para acusar a su jefe y aportar pruebas; también varios testigos de identidad reservada decidieron hablar.

Los testimonios fueron plasmados en el procesamiento de Ramos Mariños, firmado por Torres a mediados de este año. "Ahora hay nuevos vendedores con caras nuevas que no conozco, algunos son peruanos, otros son argentinos. A los peruanos, en general, los traen el Bajo Flores. La venta de la droga es todo el día y toda la noche, pero a partir de las seis de la tarde aparecen las personas armadas, andan con escopetas para intimidar a la gente, tiran tiros al aire", aseveró un ex colaborador.

Libreta y cocaína incautadas a “La Chona”, ex mujer de Mariños. (Policía de la Ciudad de Buenos Aires)
Libreta y cocaína incautadas a “La Chona”, ex mujer de Mariños. (Policía de la Ciudad de Buenos Aires)

Un testigo de identidad reservada acusó a Cynthia Huamani Zambrano como la encargada de "cocinar" la droga recibida en su casa de San Martín para luego abastecer a dos distribuidores principales dentro de la 31 bis, donde Miriam, "La Chona", habría actuado como regente. En noviembre de 2015, con "Ruti" ya libre, otro testigo que pidió se preserve su nombre dentro de la causa acusó directamente a Miriam en una declaración hecha ante la Procuraduría de Narcocriminalidad: "Mediante ella, el marido hace todos los embrollos, recoge la plata y la droga y es la que va a apretar con matones a la gente porque 'Ruti' tiene muchos problemas como para ir circulando por la Villa, problemas con paraguayos y otros peruanos". El testigo luego habló de un tal "G.", "el que pone la plata para traer la droga, el que está bancando económicamente a 'Ruti'". Un mes después, un nuevo testigo habló sobre la muerte de "Coco" Huamancisa: Ramos Mariños mismo la habría ordenado a un sicario ligado a su banda, conocido como "Tijera". "Andate de la villa porque te vamos a matar. Si no, te vas en una bolsa", fue una de varias amenazas.

Richard Ramos Noa, "Choclito", ya no habla con su tío: el vinculo entre ambos estaría roto. Hay quienes todavía lo recuerdan en la 31 bis, petiso, con una forma de caminar con un dejo de renguera, zapatillas deportivas tipo llantas sumamente vistosas y dos custodios que caminaban junto a él. Ya había sido allanado y detenido en 2011. Al contrario de "Ruti", a menos que el viento cambie en Comodoro Py, Richard Ramos Noa está libre y llegará así al juicio oral: Torres y Bresciani consideraron que siempre estuvo a derecho y a disposición de la Justicia.

Su línea fija fue intervenida durante largo tiempo, con diálogos comprometedores: quien llamaba del otro lado no habría sido otro que "Ruti" mismo desde la cárcel de Ezeiza. El capo pregunta en una charla del 13 de agosto de 2011 "cómo está la cosa en Retiro". "Fulero", responde "Choclito", que le asegura que "de sus cosas" -"haciendo referencia a estupefacientes", marcó Torres en el procesamiento de la causa- se encarga "el Calavera". "Ruti" le indica a su sobrino que varios competidores como "El Che Carlito" y "El Bolita" intentarán "meterse y copar" su territorio. Al día siguiente, "Ruti" le asegura a "Choclito" que le vendrá una nueva carga de armas con "una .45, una .380, una .9mm, una metra y un par de itakas" en la lista.

Dante, supuesto hijo de “Ruti”, sindicado como parte de la banda.
Dante, supuesto hijo de “Ruti”, sindicado como parte de la banda.

Hay relatos temibles incorporado a la causa que tienen a "Choclito" como protagonista. La escena transcurre en 2010 protagonizada por el sobrino de "Ruti" junto a su séquito de picantes de la Villa 1-11-14; un joven habría sido secuestrado por "Choclito" y su cuñado, Miguel, alias "Miguel, El Torturador", para terminar en un galpón con dos policías de uniforme que decían cuidar "la ropa". En otra ocasión, esta vez en un bar, un joven de rasgos peruanos, un presunto dealer de la banda, se acercó a "Choclito" para decirle que "lo de la ropa había salido mal". Acto seguido, "Choclito" habría desenfundado de acuerdo a este relato para darle un tiro en la frente: la cabeza del dealer cayó sangrante en el plato de guiso de un comensal. Ramos Noa no fue imputado por homicidio, al menos no por el juez Torres.

Hoy, "Ruti" está preso en el penal de Ezeiza bajo el programa IRIC del Servicio Penitenciario Federal, el mismo programa que se le aplica a acusados de corrupción  como Julio de Vido y Amado Boudou o el sindicalista Omar "Caballo" Suárez para evitar que corrompan a penitenciarios: las requisas a su celda son frecuentes y sus visitas son vigiladas. Suele insistir con un pedido al juez Torres: ser trasladado a la cárcel de Devoto para estudiar en el CUD, el centro universitario del penal. Torres se lo niega; teme que allí tenga aliados para que lo ayuden a reformar su banda diezmada por años de allanamientos. El SPF, por su parte, desaconseja admitirlo. Su seguridad se vuelve un ítem difícil. En Devoto esperan, por ejemplo, presos violentos leales a su viejo enemigo, "Marcos" Estrada.