El autor del doble crimen de la fábrica de hielo planificó qué hacer cuando salga de prisión

Antes de matar a dos compañeros de trabajo y herir a un tercero, el asesino dejó escrita en su casa una carta en la que pedía "perdón" y en la que le confía sus bienes a un vecino

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La fábrica en la que
La fábrica en la que trabajaba el asesino (Télam)

El caso del empleado de la fábrica de hielo "Polarcito" que asesinó a tiros a dos compañeros de trabajo y dejó herida a otra persona con un arma blanca todavía causa conmoción en la provincia de Córdoba. Con el pasar de los días, la investigación pareció confirmar los indicios de que el hecho protagonizado por José Gustavo Suárez (41 años) no se trató de un rapto de emoción violenta sino de un acto premeditado.

Suárez fue imputado por homicidio reiterado agravado por el uso de arma de fuego. La División Homicidios de la Policía de Córdoba intervino en la causa y mientras avanza la investigación, las autoridades hicieron un particular hallazgo en el departamento del agresor que permitiría delinear en parte el perfil del asesino. Se trata de una carta escrita por el propio Suárez, en la que pedía "perdón" por los crímenes y le dejaba sus bienes a un vecino.

En el escrito, el trabajador relató que, dentro de 20 años (cuando salga de la cárcel), intentará recuperar sus pertenencias y luego comprará su propiedad. Según trascendió, el asesino tiene cáncer de próstata y, por el tratamiento médico, tiene problemas para orinar y de erección. Al parecer, este habría sido el motivo de las "cargadas" de las víctimas, Ramón Rojas (59) y su hijo Damián (30) y del herido Hugo Herrera (63), de acuerdo con su confesión.

El dueño de la empresa, Lázaro Cristobal, dijo que el doble homicida era "un tipo muy callado". "No hablaba. Que yo sepa, no tenía antecedentes. No sé si tenía alguna enfermedad. Acá nadie molesta a nadie. Cuando yo venía, él siempre estaba trabajando en su lugar. Que yo sepa, no había peleas ni lo molestaban", aseguró. Herrera fue atacado con una tijera y se hizo pasar por muerto para no acabar de la misma manera que las otras dos personas.

De acuerdo a los primeros informes, Suárez realizó dos llamados después de cometer los crímenes. El primero fue para la Policía, en el que confesó el hecho. El segundo fue para el contador de la sociedad matriz de la hielera, a quien le aseguró: "Hice lo que tenía que haber hecho hace un tiempo".

Después de las llamadas, Suárez se rapó su tupida cabellera con rulos y se afeitó.

Los habitantes del edificio donde vivía Suárez aseguraron que era "un vecino excelente", aunque no era muy sociable. Se había mudado allí hacía dos años y medio. Antes, estaba en "la pajarera", un complejo con un largo historial de usurpaciones y delitos ubicado a unos 200 metros de allí. Se mudó "cansado de los robos", relató una vecina al diario La Voz.

Tenía una rutina muy marcada. Se despertaba para salir a correr a las 5:30, iba a un gimnasio ubicado a dos cuadras. Luego de cambiarse, se subía al ómnibus de la línea 600 para ir a su trabajo, el mismo de los últimos 10 años. Cuando regresaba se recluía en su departamento. Siempre estaba solo, ya que había cortado hacía tiempo cualquier vínculo familiar, y nadie recuerda haberlo visto recibiendo a alguna visita. Recién un día después de los crímenes se pudieron poner en contacto con una de sus tías.