
No hay una explicación clara de por qué llaman "Tinelli" a Marcelo Alejandro Romero: quizás sea solo por el nombre de pila. De 41 años de edad, en teoría un comerciante, con domicilio en Banfield y una pensión de la ANSES según registros comerciales, Romero fue arrestado en Ingeniero Budge a fines de mayo del año pasado en una redada a cargo de la DDI de Lomas de Zamora de la Policía Bonaerense. Sus hermanos menores, Maximiliano Roberto y Mariano Benjamín, de 35 y 26 años respectivamente, cayeron pocos días después, el primero en Monte Grande, el segundo en un rancho del Barrio Tongui, una zona carenciada de Budge.
El fiscal federal Leonel Gómez Barbella los había buscado durante algunas semanas mediante descripciones de testigos, datos de calle de la Bonaerense y triangulaciones de celdas de sus celulares y aparatos Nextel. De todos los 229 secuestros extorsivos cometidos el año pasado en la Argentina según datos de la Procuración General de la Nación, los Moreno están acusados de cometer quizás el más osado de todos. La víctima hizo la diferencia: fue el fiscal general de Lomas de Zamora, Sebastián Scalera, el mismo que llevó este año a la cárcel al hombre más poderoso del submundo de su jurisdicción, Jorge Castillo, el proclamado rey de la megaferia La Salada. Su novia, que viajaba con él, también fue raptada. Fue probablemente al voleo: Scalera fue raptado junto a su pareja por pura suerte. No hay, por lo pronto, ningún indicio de inteligencia previa.
Ocurrió el 4 de mayo del año pasado poco antes de la medianoche sobre la calle Siritto en la zona del Parque Barón, Lomas de Zamora. Fue el auto que manejaba Scalera, un Audi TT lo que tentó a los secuestradores . La estadística no favorecía al fiscal general. Otra vez según datos de la Procuración, las víctimas que manejaban vehículos de alta gama representaron el 39% de los casos en el segundo semestre del año pasado.
La mecánica fue la típica de cualquier secuestro bonaerense: cruzar el auto, dividir a las víctimas en vehículos, llamar, amedrentar y cobrar. Los secuestradores -entre los que no estaba "Tinelli" Moreno de acuerdo a la imputación de Gómez Barbella pero sí sus dos hermanos más dos cómplices- tripulaban un Fiat Siena Rojo. Interrumpieron el camino del fiscal con el Siena, para bajarse y amenazarlo a punta de pistola; Scalera pasó al Fiat, su novia siguió en el Audi.
Así comenzó el recorrido y la negociación por teléfono para el rescate y la liberación. La madre del fiscal fue quien tuvo que oír los gritos algo alterados de uno de los captores. El pedido inicial fue de 50 mil dólares; se conformaron con 20 mil.
El cobro fue en la casa de la madre de Scalera. Un guardia de seguridad apostado en la cuadra se acercó a ver qué pasaba; terminó con un golpe de culata en la cabeza. El fiscal general luego fue liberado, así como su pareja. Antes de soltarlo, le robaron su cadena de oro, su reloj y su celular. Se llevaron el Audi TT, que luego apareció descartado en la zona de Temperley Este. Todo este periplo no duró más de media hora. Durante ese tiempo, Scalera pudo oír en el auto de sus captores un handy que sonaba: correspondía a la frecuencia policial. También tenían aparatos Nextel, con los que se comunicaban entre los dos vehículos, según el relato del fiscal y su pareja.
La semana pasada, luego de un año de investigación, Gómez Barbella consideró cerrada la instrucción contra los Romero y pidió al juez del caso, Federico Villena, que los hermanos sean enviados a juicio junto a uno de sus cómplices, Leandro Alberto Espíndola por los delitos de asociación ilícita, secuestro extorsivo y tenencia ilegal de arma de fuego. Gómez Barbella los definió como "un grupo de alto nivel de organización" capaz de armarse y desarmarse de acuerdo a las necesidades y ataques, con domicilios "en los cuales 'enfrían' los elementos utilizados para cometer los ilícitos".
Las pruebas, cree el fiscal, son suficientes, más allá de las declaraciones de Scalera y su pareja. La información provista por la empresa Nextel sobre las líneas usadas por Maximiliano y Benjamín Romero detalló una conversación hecha dos días después del secuestro del fiscal. "Terminamos en la concha de la lora pero valió la pena… andábamos con el rojito, el rojito pagador ese", se oyó, una referencia, cree Gómez Barbella, al Fiat Siena usado para el rapto. Ese mismo día, Leandro Espíndola conversa con "Maxi" por la misma línea: hablan sobre "veinte lucas" y el reparto a "los tres".
Las referencias al "rojito" se repiten a lo largo de las conversaciones integradas a la causa. Hay cosas más preocupantes, por otra parte. "Eh, Benja, tengo las balas del FAL, ¿dónde lo probamos?", le dice un interlocutor desconocido a Benjamín Romero en otra conversación a menos de un mes del secuestro del fiscal general de Lomas de Zamora.
Leandro Espíndola, de 29 años, carnicero de oficio, oriundo de Budge, hoy preso en la cárcel de Ezeiza, es un cuñado de los Romero: fue señalado por la Justicia como uno de los secuestradores de Scalera junto a Maximiliano y Benjamín. Al ser indagado, Espíndola decidió declarar. Su versión fue muy llamativa. Dijo que además de trabajar en una carnicería cuatro veces por semana también participaba en otro supuesto negocio de "Tinelli" Romero y su hermano Maximiliano: Espíndola aseguró, según la elevación a juicio firmada por Gómez Barbella, que dos días a la semana "cobra el alquiler de alrededor de sesenta puestos en la feria La Salada", aparentemente propiedad del clan, con un sueldo de 20 mil pesos por mes.
Los Romero, presos en la cárcel de Ezeiza, se negaron a declarar al comienzo de la causa. Maximiliano y Benjamín, los más complicados, cambiaron de opinión tiempo después para decir dónde estaban al momento del secuestro de Scalera, una versión que fue abonada por Espíndola en una nueva indagatoria: estaban, afirmaron, en un velatorio de un amigo.
"Había sesenta personas ahí más o menos", aseguró Maximiliano: "Habré llegado a las 7 u 8 de la noche al velorio, que se hizo en la casa del fallecido. Estaban los hermanos de mi amigo, que nos pidieron seis mil pesos para pagar las cosas del sepelio. De ahí me quedé hasta la una o dos de la mañana y me fui para casa", declaró Romero, que ubicó a su hermano Benjamín y a Espíndola en el funeral. Dijo que al entierro hasta asistió un primo de su amigo, preso en Corrientes, en un camión penitenciario.
La viuda del amigo fallecido también apareció para asegurar que los acusados de raptar a Scalera habían ido al velatorio de su marido muerto. Si fue un ardid, por lo visto no fue bien estudiado. Gómez Barbella no les creyó: los horarios no coincidían entre las versiones.
Las escuchas y tareas de inteligencia, por otra parte, llevaron a una red mucho mayor de nombres y allanamientos, principalmente a un hombre de Merlo apodado "El Paraguayo". Su casa era un pequeño polvorín. Se encontraron una pistola Taurus calibre .9 mm cargada con 16 balas, 260 proyectiles del mismo calibre y una escopeta tumbera hecha con un caño galvanizado. Había más en su dormitorio; la Policía Bonaerense encontró ahí un uniforme policial completo. "El Paraguayo" no pudo ser vinculado a los crímenes que se le imputan a los Romero y Espíndola. Sin embargo, el fiscal Gómez Barbella pidió abrir una nueva causa no solo para investigar el lote de armas, sino también los puestos de los Romero en La Salada.
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