
“Dos cosas me pueden ocurrir: que gane o que pierda. Y estoy preparado para las dos cosas”, dijo Michael Landon en una entrevista. Para entonces, le habían diagnosticado un cáncer de hígado y páncreas terminal y había comenzado una quimioterapia experimental. Pocos días después, exactamente el 1 de julio de 1991, murió. Tenía apenas 54 años y una dura historia de vida sobre sus espaldas.
Había nacido el 31 de octubre de 1946 con el nombre de Eugene Maurice Orowitz en Nueva York, Estados Unidos. Hijo de una madre católica y un padre judío, de chico había tenido que afrontar agresiones antisemitas en el colegio. Y a esto se le sumaba el trastorno psiquiátrico que padecía su progenitora, quien en más de una oportunidad había amenazado a su familia con suicidarse. De manera que, sea por uno u otro motivo, el actor no pudo tener una infancia feliz. Pero guardó ese dolor en secreto hasta que, de adulto, se animó a revelarlo.
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Como si todo esto fuera poco, cuando tenía 16 años sufrió un accidente mientras participaba de una carrera de motos, por lo que quedó prácticamente desfigurado. Y tuvo que someterse a varias cirugías hasta que, por fin, los médicos lograron reconstruir su rostro. Es verdad que nadie podía darse cuenta de lo que le había pasado si él no lo contaba. Pero esta circunstancia también lo puso en una lugar de vulnerabilidad.

Siendo muy joven aún, decidió irse de su hogar y se casó con Dodie Levy Fraser, una mujer ocho años mayor que él con quien adoptó tres hijos: Mark, Josh y Jason. Pero, con el tiempo, el matrimonio se disolvió. Y esta ruptura sentimental, al igual que todas las que le siguieron, lo sumió en una profunda tristeza de la que le costó mucho salir.
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Lo cierto es que, para entonces, Michael ya había decidido que quería ser actor. Y había logrado sobrevivir haciendo publicidades y pequeñas intervenciones en películas de segunda clase. Hasta que llegó su gran oportunidad de la mano de Bonanza, una serie tipo western que fue emitida durante 14 años, entre el 12 de septiembre de 1959 y el 16 de enero de 1973, y que le permitió alcanzar la fama a nivel internacional con su personaje de Joe Cartwright.
En simultáneo con su crecimiento profesional, Landon volvió a encontrar el amor en los brazos de Marjorie Lynn Noe, con quien contrajo enlace y tuvo cuatro hijos: Leslie, Michael, Shawna y Christopher. Sin embargo, ni aun así pudo encontrar la felicidad, ya que por aquel entonces tuvo que luchar contra sus adicciones. Se habló de alcohol y de tranquilizantes, que habría comenzado a consumir para tratar de sobrellevar las presiones de la popularidad y que luego no habría podido controlar. Sea como fuere, esta pelea marcó una de las páginas más oscuras de su historia.
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“Quiero que la gente ría y llore, no solo que se sienten y miren televisión. Tal vez estoy pasado de moda, pero creo que los espectadores están hambrientos de programas en los que la gente diga algo significativo”, decía Michael. Y, en 1974, produjo, dirigió, escribió y protagonizó La Familia Ingalls. Se trataba de una serie basada en la novela escrita por Laura Inglls Wilder en 1935 —llamada La pequeña casa en la pradera— que se emitió hasta 1983. Y en ella, Landon compuso al recordado personaje de Charles Ingalls, con el que el público lo sigue identificando hasta el día de hoy.
El final de la serie coincidió con una infidelidad que le terminó saliendo muy cara a Michael, en más de un sentido. El actor se enamoró de Cindy Clerico, una maquilladora 20 años menor que él, por la que terminó dejando a su esposa. El divorcio le costó 26 millones de dólares, además de su mansión de 35 habitaciones en Beverly Hills. Y le hizo perder credibilidad a su personaje de padre de familia bonachón, ya que de un día para el otro apareció en la portada de todas las revistas del corazón bajo el título de “escándalo”. Dicen que, por entonces, hasta Melissa Gilbert, su hija en la ficción con quien mantenía una relación fraternal fuera de los sets, le había dejado de hablar. De todas formas, él se jugó por su nueva pareja, con quien también se casó y tuvo dos hijos más: Jennifer y Sean.
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En 1984, en tanto, Michael decidió crear Camino al cielo, una serie que buscaba acercar a la fe a las personas que estaban en problemas. Se había inspirado en un accidente que había sufrido una década antes Charly Pontrelli, la hija de su esposa, por el que había tenido que pasar dos años en recuperación más otros dos para poder superar su adicción a los barbitúricos que se había visto obligada a tomar para soportar el dolor. En esta ficción, también protagonizada por él, le daba vida a Jonathan Smith, un ángel que bajaba del cielo para ayudar a quienes lo necesitaban. El programa salió al aire entre el 19 de septiembre de 1984 y el 4 de agosto de 1989. Y fue un éxito, hasta que la tragedia lo interrumpió.

Michael compartía el elenco con Víctor French, el mismo que componía a Isaiah, el mejor amigo de Charles Ingalls, en la serie anterior. Y la conexión entre ambos era extraordinaria. Pero, al finalizar la quinta temporada, el actor le anunció que dejaría de trabajar porque había sido diagnosticado con cáncer de pulmón. Murió el 15 de junio de 1989. Y Landon optó por dar por terminada la ficción. También decidió que ya era hora de dejar los cuatro atados de cigarrillos que fumaba por día. Pero, evidentemente, ya era demasiado tarde.
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“Abusé de mi cuerpo a lo largo de los años. No quiero que la gente piense que todo el mundo es un candidato probable para este tipo de cáncer. Creo que lo tengo porque la mayor parte de mi vida bebí demasiado. También fumé demasiados cigarrillos y comí muchas cosas malas. Y si haces eso, incluso si crees que eres demasiado fuerte para conseguir algo, de alguna manera lo vas a pagar”, dijo Michael al recibir su diagnóstico, luego de dos años.
Había pasado su último tiempo viviendo con su mujer en Los Ángeles, California, hasta que lo sorprendió la enfermedad. El 21 de mayo de 1991, fue operado de un coágulo de sangre que casi le costó la pierna izquierda. Y luego comenzó un tratamiento, aunque sin muchas esperanzas de poder sobrevivir. Se fue en menos de tres meses. Y, con sus virtudes y defectos, dejó un buen recuerdo en todos los que alguna vez tuvieron la posibilidad de trabajar con él.
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