El Rey del blues murió el 14 de mayo de 2015, a los 89 años, mientras dormía en su residencia de Las Vegas. Su deceso se debió a una serie de accidentes cerebrovasculares, tal como determinó la autopsia realizada luego de que sus descendientes plantearan la posibilidad de que el músico hubiera sido víctima de un envenenamiento.
Pero la realidad es que Riley Ben King, conocido por todos como B. B. King, llevaba mucho tiempo luchando contra una diabetes tipo II, a pesar de lo cual se había mantenido activo hasta seis meses antes, más precisamente hasta el 4 de octubre de 2014, cuando ofreció su último show en The House of Blues en la ciudad estadounidense de Chicago. Fue en medio de ese recital que comenzó a sentirse mal. Y ya, nunca más, volvió a subirse a un escenario.
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Entonces comenzó la leyenda. Porque, sin lugar a dudas, King se había ganado su corona dentro del mundo de la música al haber comenzado de muy, pero de muy abajo. Había nacido el 16 de septiembre de 1925 en la localidad de Itta Bena, en el estado de Misisipi, al sur de los Estados Unidos, donde además de vivir en la pobreza y trabajar de sol a sol en las plantaciones de algodón, los afroamericanos eran perseguidos y en muchos casos linchados por la organización de derecha racista conocida como el Ku Klux Klan.
Sus padres se separaron cuando él tenía apenas 4 años y , desde los 7, King comenzó a trabajar en el campo para ayudar a su madre y su abuela, quienes se encargaban de cuidarlo. Y fue, justamente, en esas largas jornadas conduciendo el arado, que se enamoró de la música que entonaban los campesinos para tratar de amenizar las horas, despejar sus mentes y olvidar, aunque sea de a ratos, el cansancio de sus cuerpos.
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Como muchos otros, King comenzó cantar en la iglesia gracias al ministro Archie Fair, quien le permitía difundir la palabra de Dios en medio de los oficios religiosos y munido de su guitarra eléctrica. Eso lo alegraba sobremanera. Pero la tragedia golpeó a su puerta cuando, con 9 años, quedó huérfano de madre. Con su padre ausente, no tuvo más remedio que mudarse definitivamente con su abuela. Y ella fue quien lo incentivó, junto con su tía, a escuchar a los grandes representantes del blues de la época, como Blind Lemon Jefferson y Lonnie Johnson.
“¿Sabes que me hace más feliz que nada? Dame seis cuerdas y seré feliz”, decía. Siendo aún muy chico, comenzó a tocar en las calles con el instrumento que había logrado comprarse gracias a un préstamo que le había dado su capataz. Y empezó a soñar con la posibilidad de dedicarse a la música. Pero entonces, volvió a recibir un duro golpe con la muerte de su abuela, que lo obligó a instalarse en casa de su padre, a quien apenas conocía.
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Ya siendo un adulto, aunque todavía muy joven, en 1944 se casó con Martha Denton, de quien se divorció en 1952. Para entonces, parecía imposible que pudiera dejar su trabajo en el campo, que era lo único que le permitía garantizarse un sustento para formar una familia. Sin embargo, un accidente mientras conducía un tractor lo hizo reflexionar. Y decidió cambiar rotundamente su vida, por lo que se fue a Memphis con dos dólares en el bolsillo y una valija llena de ilusiones que no estaba dispuesto a resignar.
Fue bajo la tutela de su primo, Bukka White, que comenzó a descubrir los secretos del negocio musical. Su primera oportunidad llegó de la mano de Sonny Boy Williamson en la emisora KWEM de West Memphis. Y, a partir de ese momento, comenzó a tener actuaciones de manera regular, hasta que muchos empezaron a reparar en su talento. Entonces sintió que necesitaba un nombre artístico que no pasara inadvertido para el público. Y se hizo llamar Beale Street Blues Boy, nombre que se convirtió en Blues Boy King y, finalmente, en B. B. King.
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Su primer gran éxito llegó en 1952 gracias a un arreglo del tema Three O’Clock Blues de Lowell Fulson, que encabezó las listas de éxitos durante quince semanas. Y luego llegaron Please Love Me, You Upset Me Baby, Ten Long Years y Sweet Sixteen, entre otros, que lo consagraron como el rey del género. Fue por entonces que bautizó a su guitarra como Lucille, luego de que dos hombres se enfrentaran por una mujer que llevaba ese nombre en medio de un show en Arkansas, provocando un incendio en el que tuvo que arriesgar su vida para salvar el instrumento, una Gibson modelo E-355.
En 1958, King se casó por segunda vez, esta vez con Sue Carol, de quien se divorció en 1966. Y, entre hijos biológicos y adoptivos, nacidos fuera y dentro de sus matrimonios, sumó un total de 15 descendientes. De todos ellos se hizo cargo económicamente. Sin embargo, tras su muerte, sus herederos se unieron para demandar a LaVerne Toney, representante del autor de The Thrill is Gone y Rock Me Baby y responsable de manejar su patrimonio.
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A lo largo de su carrera, King recibió numerosos reconocimientos, entre los que se destacan 15 Permios Grammys. Y, aunque siguió trabajando hasta el final, durante los últimos años tuvo que limitar sus presentaciones debido a su enfermedad. Se había vuelto vegetariano, había dejado de lado el alcohol y había abandonado el cigarrillo. Además, se había convertido en un vocero de la lucha contra la diabetes. Pero, aunque lo único que quería era seguir tocando para su público, llegó un momento en el que el show no pudo continuar.
Tras su muerte, hubo un cortejo que recorrió las calles de Memphis, acompañado de una banda de música que tocaba When the Saints Go Marching In. Fue un último adiós multitudinario que terminó cuando, tras recorrer la ruta 61 junto al río Misisipi, los restos del músico fueron depositados en su tierra natal, donde hoy se encuentra el Museo B.B. King.
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