Jennifer tenía ocho años cuando su papá le dijo que pasara por el trabajo a darle el beso de cada día. El papá de Jennifer trabajaba en la AMIA.
Ese día era el 18 de julio de 1994. Su mamá tenía dolor de cabeza. Jenny no fue. Y un fuerte sonido no solo interrumpió el sueño de su madre, sino que interrumpió toda su vida.
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Treinta y dos años después, Jennifer Dubin apareció frente a una cámara con la camiseta de la selección argentina y dijo, con voz pausada, que en la final con los brasileños en el Maracaná por la Copa América 2021 “tampoco estaba mi papá”. Fue el único momento del video producido por la AMIA para recordar a las víctimas del atentado en que habló alguien que no era actriz.

El video que AMIA lanzó a 32 años del atentado
AMIA publicó esta semana en sus redes sociales Hoy no podemos perder, la memoria, una producción audiovisual que toma como punto de partida “Muchachos”, la canción que se volvió símbolo del la Selección argentina durante el Mundial de Qatar 2022, para construir un relato atravesado por la ausencia y el paso del tiempo.
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La elección no fue casual. “Muchachos” habla de generaciones, de padres e hijos, de una identidad que se transmite. AMIA tomó esa misma estructura emocional y la invirtió: ¿qué pasa con los que no llegaron a ver nada de lo que vino después?
Mirando a cámara, los actores que participan del video recitan una letra que reescribe la canción original desde la ausencia: “En Argentina nacieron. Y alguno en otro lugar. Tierra de Diego y Lionel, al que no llegaron a conocer. De los pibes de Malvinas que, como a ellos, jamás olvidaré. No te lo puedo explicar. Es difícil de entender. Las finales que perdimos… no las llegaron a ver”.
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La producción fue desarrollada en colaboración con la agencia From, dirigida por Lucas Fossati, y el audio y la música estuvieron a cargo de Bigotes Music.

Quién era Norberto Ariel Dubin
Norberto Dubin tenía 31 años. Era el subjefe del área de Sepelios de AMIA, el menor de cuatro hermanos, estaba casado y tenía dos hijos: Juan Manuel y Jennifer. Todos lo llamaban “el Gordo”, con cariño. Medía 1,85 metros y pesaba 140 kilos.
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Había sido despachante de aduana durante años. En 1987 ingresó a trabajar en AMIA. Le gustaba contar chistes. Soñaba con vivir en una casa frente al mar.
Norberto era el tipo de padre que defiende. Jenny lo sabía. Cuando alguien se burlaba de su problema de labio leporino, sabía que ese grandote estaba ahí. Más que padre e hija, eran cómplices. Con miradas ya se entendían.
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El 18 de julio de 1994, antes de ir al trabajo, le dijo que pasara a verlo. Quería darle el beso de cada día y desearle suerte: ese día le darían la fecha de su última operación. Jenny no llegó a ir.

La mañana que interrumpió todo
Era una mañana fría de invierno. Jenny empezaba las vacaciones escolares. Su mamá tenía dolor de cabeza y cuando intentó recostarse, un sonido enorme sacudió todo.
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Pasaron seis días. Jenny no entendía por qué su papá no volvía, por qué no venía a jugar con ella. Hasta que su mamá le tomó las manos con fuerza y le dijo que su papá iba a vivir en su corazón, porque se había ido con Dios.
Jenny la miró fijo. Y vio que en los ojos de su mamá se derrumbaba todo su castillo de princesa. Dejó de ser una nena de ocho años.
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Treinta y dos años sin que suene el despertador a las 9:53
Jenny creció. Formó su familia. Tiene su trabajo. Pero todavía no tolera las sirenas, ni las de los bomberos, ni las de la policía, ni las de las ambulancias. Y tampoco tolera que su despertador suene a las 9:53, la hora exacta en que la bomba destruyó el edificio de Pasteur 633.
Desde aquel 18 de julio de 1994, sigue esperando, cada día, que sean las siete de la tarde para que su papá venga a jugar con ella. Para que la abrace. Para que le diga que fue un mal sueño.
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El video la muestra con la camiseta de la selección y dice, con la sencillez de quien ha repetido esa ausencia miles de veces, que en la final contra Brasil en el Maracaná, en 2021, tampoco estaba su papá. Que Diego Maradona murió y él no pudo estar. Que Lionel Messi levantó la Copa del Mundo y él tampoco estuvo.
Cada hito de la historia argentina reciente es, para Jennifer, una nueva cuenta de lo que su padre no vio.

Las 85 vidas que no vieron nada de lo que vino después
El video de AMIA no se queda en una sola historia. Amplía la mirada hacia las 85 personas asesinadas en el atentado y todo lo que no pudieron vivir. La letra continúa: “Y al Diego en la tierra lo podían ver. Con don Diego y con la Tota. Sin imaginar lo que años después haría Lionel”.
La producción cierra con la voz del actor Federico D’Elía: “El 18 de julio de 1994, 85 personas fueron asesinadas en el atentado a la AMIA. Se perdieron todo lo que vino después. Y también de acompañarnos esta vez. Por ellos, por ellas, no podemos perder… la memoria”.
Desde AMIA explicaron el sentido de la campaña al momento de presentarla. “Cuando decimos que hoy no podemos perder la memoria, hablamos de no olvidar que detrás de cada una de las 85 víctimas había una vida, una historia, proyectos, afectos y sueños que fueron brutalmente interrumpidos. Ellos no pudieron vivir nada de lo que vino después. Nosotros sí. Por eso tenemos la responsabilidad de recordarlos, de transmitir sus historias y de seguir reclamando justicia. La memoria es el puente que los mantiene presentes entre nosotros”.
El acto central del 32° aniversario
El lanzamiento del video coincidió con el Día del Padre, una fecha que resignificó el testimonio de Jennifer.
El Acto Central por el 32° aniversario del atentado se realizará el viernes 17 de julio frente a Pasteur 633, la misma dirección que en 1994 fue blanco del terrorismo internacional. Este año, el aniversario cae en día sábado —Shabat—, por lo que la conmemoración se adelanta un día, en respeto a esa observancia religiosa.
A las 9:53 sonará la sirena. La misma hora. El mismo sonido que Jennifer no puede escuchar sin que todo vuelva.
La causa judicial por el mayor ataque terrorista de la historia argentina sigue abierta, con condenas que no alcanzaron a los responsables materiales e intelectuales del ataque.
Norberto Ariel Dubin tenía 31 años, soñaba con una casa frente al mar y tenía una hija que lo esperaba con el beso de cada día. El 18 de julio de 1994 fue a trabajar y no volvió.
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