Un estudio de Northeastern University determinó que las personas prefieren hablar con chatbots cuya personalidad sea parecida a la suya y, en términos generales, valoran más a los asistentes con un nivel medio de expresión personal que a los diseñados para mostrarse muy efusivos, informó el portal especializado TechXplore sobre una investigación publicada en las actas de la conferencia CHI 2026 sobre factores humanos en sistemas de computación.
El trabajo se hizo con 150 participantes, que usaron durante 10 minutos una versión de ChatGPT para planificar un viaje a Nueva York. Después de esa interacción, evaluaron al modelo en seis dimensiones: inteligencia percibida, disfrute, antropomorfismo, intención de adopción, confianza y agrado.
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La investigación fue dirigida por Smit Desai, profesor de la universidad en la Facultad de Artes, Medios y Diseño y vinculado también a la Khoury College of Computer Sciences, en colaboración con Hasibur Rahman, doctorando de su laboratorio. Para el experimento, el equipo utilizó una herramienta propia que permitía controlar cinco rasgos del chatbot: apertura, responsabilidad, extroversión, amabilidad y estabilidad emocional.

La personalidad moderada, la más valorada en chatbots
Los investigadores compararon tres versiones del sistema: una de baja expresión personal, otra intermedia y una tercera con los rasgos llevados al máximo. Los participantes fueron asignados al azar a una de esas variantes y la usaron para decidir zonas de interés en su viaje, el barrio donde se alojarían y el tipo de transporte que utilizarían.
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El resultado central fue que el modelo intermedio fue el preferido. Frente al de baja expresión, obtuvo puntuaciones más altas en inteligencia percibida, disfrute, rasgos humanos, confianza, intención de adopción y simpatía. Frente al de alta expresión, también quedó mejor posicionado en inteligencia percibida y agrado.
El profesor Desai atribuyó parte del rechazo al modelo más expresivo a que muchos usuarios percibieron un esfuerzo excesivo por parecer humano. “A nadie le gusta alguien que se esfuerza demasiado”, señaló. “Probablemente la gente pensó: ‘Esta máquina, que obviamente es un chatbot, está esforzándose mucho por ser humana. No nos gusta demasiado’”, agregó.
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En el extremo opuesto, el chatbot de baja expresión fue descrito por los participantes como “plano o falto de presencia”, describieron los investigadores. El modelo intermedio, en cambio, fue percibido como “socialmente presente, pero profesionalmente sólido”.
Para mostrar esas diferencias, el estudio incluyó respuestas de cada versión ante una misma pregunta sobre actividades culturales en Manhattan. El modelo menos expresivo respondió con una lista directa de opciones como un espectáculo de Broadway o una visita al Museo de Arte Moderno; el intermedio añadió contexto y una invitación medida a profundizar; el de alta expresión apeló a fórmulas entusiastas y exclamativas sobre un “patio de juegos cultural”.
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La personalidad compartida mejora la experiencia con la IA
El estudio también analizó si la personalidad de los participantes influía en su preferencia por un chatbot determinado. Antes de usar la herramienta, los voluntarios completaron pruebas que luego fueron comparadas con sus niveles de satisfacción.
La relación fue clara: los usuarios que compartían rasgos con el chatbot con el que interactuaban tendían a calificarlo mejor en disfrute, inteligencia y confianza. Ese hallazgo sugiere que la recepción de un asistente no depende solo de lo que responde, sino también de cómo se presenta.
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Rahman amplió esa idea con una advertencia sobre el diseño de estos sistemas. “La confianza en la IA suele discutirse en términos de precisión, fiabilidad o transparencia”, dijo. “Esos elementos son esenciales, pero nuestros hallazgos muestran que la confianza también está moldeada por cómo se presenta el asistente”, añadió.
Asimismo, sumó que la investigación muestra que “aunque no lo notes, la personalidad de un asistente de IA está moldeando cuánto confías en él”. Por su parte, el profesor sostuvo que ese campo abre margen tanto para la innovación como para la manipulación, en un momento en que cada vez más empresas desarrollan productos de IA pensados como compañeros e incluso parejas románticas.
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La alta expresividad por defecto de los modelos más usados
El equipo también probó algunos de los modelos más difundidos del mercado y encontró que muchos vienen configurados por defecto con niveles altos de personalidad, dijo Desai. Entre los sistemas examinados mencionó ChatGPT 4.0 de OpenAI, Chat V3 de Deepseek y Claude 3.7 Sonnet de Anthropic.
De acuerdo con el portal, la agencia de noticias de la universidad, Northeastern Global News, contactó a esas compañías para pedir comentarios, pero no recibió respuesta antes de la publicación. El punto sugiere que el estilo conversacional que hoy domina en varios asistentes comerciales podría estar más cargado de rasgos expresivos de lo que los usuarios prefieren.
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El grupo de investigación puso a disposición pública su herramienta de indicaciones, a la que llama TMK, sigla en inglés de “claves de modulación de rasgos”. También creó un sitio web que permite construir un chatbot personal ajustando los cinco rasgos de personalidad utilizados en el estudio.
Rahman sostuvo que las empresas que desarrollan estas tecnologías deberían tratar la personalidad de la IA como una dimensión central del diseño de producto y actuar con apertura sobre ese aspecto. Añadió que, a medida que estos asistentes entren en salud, finanzas, educación y otros ámbitos de alto impacto, será necesario definir quién decide qué personalidad debe tener un asistente de IA, si los usuarios deben tener control sobre ello y dónde está la línea entre un buen diseño y la manipulación emocional.
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Desai señaló que su equipo ya trabaja en estudios de seguimiento para examinar cómo la personalidad de una persona influye en la forma en que querría integrar estas tecnologías en su vida. También desarrolla un software de simulación parecido a un videojuego, con escenarios ficticios en los que la gente podrá interactuar con chatbots para analizar de qué manera podrían ser usados para manipular a las personas.
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