
“Mi hijo tenía el deseo de ser músico profesional, de vivir de eso, por eso trabajaba mucho y hacía delivery con su moto. Pero cuatro asesinos se cruzaron en su camino y decidieron que su vida terminara a los 30 años”, expresa conmovido a Infobae Osvaldo López, padre de Manuel, un joven repartidor que una banda de “motochorros” atacó a tiros durante la medianoche del 26 de mayo de 2024. Le dieron tres disparos para robarle su teléfono celular e intentaron llevarse su moto Honda CG150 Titán roja en la puerta de una pizzería ubicada en Castro y Campo de Mayo, en Martín Coronado, partido de Tres de febrero.
Pese a que la policía lo trasladó en un patrullero hasta el hospital Nuestra Señora de la Merced, Manuel llegó en agonía y los médicos no pudieron evitar su muerte. Desde ese día su historia es una más de las que se repiten y tienen como protagonistas del delito a pandillas de jóvenes que asaltan tanto a repartidores de aplicaciones como a vecinos que circulan con sus motos. En este caso eran cuatro los componentes de la gavilla, uno por entonces menor de edad, Gastón Nahuel Ocantos, de 17 años, alias Keloké, de Loma Hermosa. El resto, Nahuel Alejandro Gómez, alias Salchi, 18 años; Ezequiel Maximiliano Paniagua, de 21 años. Y por último, Gastón Alexis Núñez, de 19 años, con antecedentes por robo de motos y de autos: recibió una pena de tres años de prisión de ejecución condicional por un robo agravado ocurrido el 3 de marzo de 2023. Los tres últimos vivían en San Martín.
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Para Liliana Ledesma, la mamá de Manuel, no existe consuelo ante semejante pérdida: “Tenía un montón de proyectos, por eso trabajaba honradamente de delivery para poder cumplirlos. Hace casi dos años cuatro delincuentes que actuaban en banda le robaron los sueños, a nosotros un hijo, una vida en pareja con su novia, los abrazos de sus amigos, hermosos momentos compartidos.... Mi hijo no vuelve, algunos eligieron por él y tienen que hacerse responsables, no importa la edad que tengan. En un país justo mi hijo estaría vivo porque hubiese tenido seguridad”.
La investigación pudo demostrar que venían azotando la zona con sus robos. Media hora antes que a Manuel, le sustrajeron la moto en el mismo barrio a una joven de nombre Johana. Su testimonio fue esencial para la pesquisa, y además resultaron claves las cámaras de seguridad de la zona que los identificaron.
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Así se logró allanar la vivienda de Núñez y todo se terminó de clarificar: secuestraron 17 celulares, la moto, el casco que usó en el asalto y una vaina servida de calibre 9 mm que coincidió con las halladas en el lugar del homicidio. Además, para colmo de la banda, la hermana de Núñez, de nombre Micaela, con su hermano ya detenido, se comunicó con el 911 para informar que en su casa se encontraban el resto de los delincuentes.
Núñez admitió haber robado la moto de Johana junto a Gómez, pero les cargó el asesinato de Manuel López Ledesma a sus secuaces, Paniagua y Ocantos, que se trasladaban en otra moto. Según los investigadores, Salchi, el primero, habría sido el autor de los tres disparos con que ejecutaron al repartidor, mientras su compañero manejaba.
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Los cuatro terminaron detenidos por un delito que prevé pena de prisión perpetua. Pero a Ocantos lo protegieron los cuatro meses que le faltaban para cumplir la mayoría de edad. Entonces enfrentó un juicio distinto al que recibirán sus cómplices. Primero quedó alojado en un Correccional de Menores en San Martín y luego, cuando cumplió los 18, fue trasladado a una unidad penitenciaria. Hoy está alojado en la Unidad N° 45 de Melchor Romero, La Plata, destinada a internos con padecimientos mentales y jóvenes adultos.
En el juicio se le aplicó el artículo cuatro de la ley 22.278 que protege a los menores de edad y que en uno de sus apartados dice: “Si las modalidades del hecho, los antecedentes del menor, el resultado del tratamiento tutelar y la impresión directa recogida por el juez hicieren necesario aplicarle una sanción, así lo resolverá, pudiendo reducirla en la forma prevista para la tentativa”. Como él admitió el hecho se lo condenó a la pena de trece años de prisión por el delito de “robo agravado por el uso de arma de fuego reiterado en dos oportunidades en concurso real con homicidio ‘criminis causae’ agravado por el uso de arma de fuego (hechos I y II) y robo agravado por tratarse de vehículo dejado en la vía pública y por ser en lugar poblado y en banda en concurso real entre sí”. Por esta calificación legal a Ocantos –hoy de 19 años- le debería haber correspondido la pena de “prisión perpetua” pero se le aplicó la pena “en grado de tentativa” por lo que el máximo era de 15 años.
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Luego de cometer el crimen quedó alojado en una Unidad Juvenil. Cuando comenzó el juicio la Fiscalía y el doctor Matías Morla, abogado de la familia de Manuel, presentaron un escrito en el que solicitaban el máximo de la pena producto de la conducta del menor en el establecimiento. “Ha tenido un recorrido institucional negativo por los distintos centros dependientes del organismo de niñez, participando activamente como un líder negativo para el resto de la población, generando conflictos y amedrentamientos hacia otros jóvenes, no pudiendo adaptarse a las normas institucionales”, decía el informe institucional. Además, el paper detallaba que “no quería realizar ningún tipo de actividad ni taller” pensando en la posibilidad de reinserción. Mientras tanto, los otros tres aguardan en prisión el juicio oral que tendrá lugar en 2027.
Según el doctor Morla, “lo que pasó con Ocantos es la prueba de la necesidad imperiosa que tenía la sociedad argentina de que se aprobara la ley de baja de imputabilidad. A Osvaldo y a Liliana, los padres de Manuel, su familia y sus íntimos les arruinaron la vida. Y a Manuel le impidieron cumplir sus sueños. A este joven por cuatro meses que le faltaban para llegar a la mayoría de edad no pudimos llevarlo a prisión perpetua. El otro tema pendiente es el del alojamiento. Como remarcamos estuvo en un penal juvenil donde decidió no solo no participar de talleres o de los trabajos, sino que además tuvo una conducta muy alejada de alguien que reconozca y se arrepienta de lo que hizo, sin intentar cambiar para volver a reinsertarse en la sociedad. Ahora nos queda para el inicio del año que viene el juicio a los que eran mayores donde seguramente vamos a conseguir la condena a perpetua, la misma que le tendría que haber correspondido a Ocantos”.
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Osvaldo López reflexiona respecto a la condena que recibió Keloké: “Si cumple estrictamente los trece años de sentencia debería salir a los 30 años. Con el comportamiento terrorífico que está teniendo desde que está preso, te imaginás lo que va a ser cuando esté en libertad después del encierro. No quiero ni pensarlo. Se salvó de la perpetua por nada, pero yo a mi hijo no lo voy a poder ver más, esa es la diferencia entre él y yo. Para colmo me informaron que los dos que iban en la otra moto, es decir, Nuñez y Gómez, podrían enfrentar un juicio abreviado porque iban en otra moto y no habrían participado de la ejecución de Manu, de la que supuestamente formaron parte Paniagua –presunto autor de los disparos- y Ocantos –al comando de la otra moto-. Yo sostengo que se demostró que actuaron en banda, entonces a todos les corresponde la misma pena como partícipes necesarios. Yo confío en que Matías Morla, mi abogado, va a lograr eso y él también está convencido de que así va a ser. Lo único que me importa es que hoy sigan presos para que no sigan asesinando, porque te aseguro que son incorregibles. Y pido por favor que suspendan el tema del privilegio de los teléfonos celulares en prisión, ni visitas tendrían que tener. Mi convicción es que si están en libertad van a seguir matando porque no les importa nada. Lo sé y me destroza el alma cuando lo pienso. El dolor es difícil de contar, solo quien lo experimenta puede llegar a definirlo, seguís viviendo por inercia. Me quedó grabado cuando en el velorio no paraban de llegar personas que yo no conocía y me decían: ‘A mí me ayudó cuando me quedé en la calle’- ‘A mí me socorrió cuando tuve un accidente con la moto’. ‘A mí me prestó plata porque no tenía para comer’. Así era Manu, un amor de persona al que querían todos, por eso insisto con que los asesinos nos deben su ausencia y tienen que pagar por eso hasta el último día”.
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