
El domingo 10 de junio de 1945 ocurrió un extraño fenómeno: a las 5:55 tanto en la ciudad de Buenos Aires como en las capitales de las provincias el tránsito se paralizó. Automóviles, camiones, carros, colectivos, tranvías y taxis debían frenar. Dispusieron de cinco minutos para cambiar de mano. De la izquierda pasar a la derecha.
Desde las 6 hs de ese día en nuestro país se dejaba de manejar “a la inglesa” y se haría por la derecha.

Argentina se regía por una ley de tránsito que había sido sancionada en 1936. Junto a Paraguay y Uruguay eran los países de América Latina que aún se circulaba por la izquierda.
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A fines de la década del treinta comenzaron a pensar en implementar un cambio de mano. Había motivos de fuerza mayor para hacer la modificación. En enero de 1938 se había colocado la piedra fundamental para la construcción del puente que uniría la ciudad correntina de Paso de los Libres con la brasileña Uruguayana, obra que se inauguraría en octubre de 1945. En Brasil se manejaba por la derecha y había que arreglar el intríngulis que significaría la circulación cuando habilitarían el puente.

Funcionarios viajaron a los Estados Unidos para estudiar el sistema y el 2 de octubre de 1944 Juan Pistarini, ministro de Obras Públicas, firmó el decreto 26965 que establecía el cambio de mano.
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Muchos fueron los organismos que intervinieron en este proyecto: el ministerio de Obras Públicas, la Dirección Nacional de Vialidad (creada en 1932), la de Tránsito, la Dirección Nacional de Transportes, la Policía Federal, la Corporación de Transportes de Pasajeros, además de instituciones como el Automóvil Club -entidad que desde la década del veinte insistía en el cambio de mano- y el Touring Club.

Todos los vehículos debían exhibir en sus parabrisas y en el vidrio posterior un cartel indicador de que se debía circular por la derecha. Estos se pegarían gratis el día anterior en las estaciones de servicio y en los garages y debían mantenerse en los vehículos por 50 días.
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Los camiones, las chatas, jardineras y carros debían llevar, en su parte de atrás, una flecha blanca sobre fondo negro con la punta indicando la izquierda, para indicar los que quieran pasarlos que debían hacerlo por ese lado.
Los que más tuvieron que trabajar serían las automotrices, que comenzaron a fabricar los vehículos con el volante a la izquierda. Con las unidades que se importaban de Estados Unidos o Europa no había problema porque ya tenían los volantes en esa posición. Los que ya tenían autos debían pagar la modificación y estuvieron los que no lo hicieron y así, durante un tiempo prolongado, convivieron en las calles autos con volantes tanto en la izquierda como en la derecha.
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También las autoridades debieron aguzar el ingenio para cambiar el recorrido de los colectivos y de los tranvías.
En mayo hubo un simulacro de cambio de circulación alrededor de la rotonda del Obelisco ensayo que se replicó en las ciudades de Córdoba y Mendoza. Semanas antes el gobierno, junto a entidades relacionadas al tránsito y al automovilismo, había comenzado una campaña publicitaria sobre el cambio, las precauciones que debían tomar los automovilistas y los peatones, con la exigencia que durante los primeros días estaba prohibido a los vehículos exceder los 20 kilómetros por hora en zonas urbanas y 35 en suburbanas, disposición que se mantuvo vigente hasta el 16 de junio. Y que si se llegasen a la situación de ver a un auto que viniese de frente por el mismo carril, no había que tocar bocina sino hacerle juego de luces.
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Insistieron a los automovilistas y conductores de camiones y colectivos las de hacer señas manuales para anunciar maniobras y se les aconsejaba a los peatones, al cruzar una calle, que debían hacerlo por la esquina y mantener la mano izquierda si se encontraba con otro de frente.

También hubo mensajes para el cuidado de los más chicos. “Señora: no permita que sus hijos salgan corriendo a la calle y la crucen desprevenidamente” y llamaba a la paciencia y comprensión de los conductores. “Piense que el otro conductor puede ofuscarse tomando involuntariamente la mano que no le corresponde”.
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El día D
El sábado 9 por la noche, un ejército de operarios del Automóvil Club y del gobierno municipal salieron a las calles a colocar flechas rojas que indicaban el nuevo sentido de circulación.
A las 20:35 Guilllermo Streich, Administrador General de Vialidad Nacional, una de las cabezas del operativo, habló por Radio del Estado, y su alocución fue transmitida en cadena, donde comunicó el nuevo sistema y las normas que debían respetar tanto los automovilistas como los peatones.
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A las 5:25 del domingo las autoridades se congregaron en un punto emblemático: en el monolito que indica el kilómetro cero en la Plaza del Congreso. A las 6 en punto partieron en caravana, escoltados por policías de tránsito. Lo hicieron como correspondía, por la mano derecha.
Del Congreso, fueron por las calles Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), Sáenz Peña, avenida de Mayo, Bolívar, nuevamente Victoria, Balcarce, Rivadavia, diagonal Roque Sáenz Peña, Corrientes, Callao, Entre Ríos hasta Moreno y de ahí nuevamente hacia Plaza de Mayo.
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Otros funcionarios fueron por las avenidas Colón y Alem hasta Retiro y otros recorrieron todo el trayecto de la avenida General Paz.
Las autoridades insistían que los que usaban el automóvil para dirigirse al trabajo, se abstuvieran de hacerlo porque no se podía exceder los 20 kilómetros por hora y llegarían tarde. Y que si iban, que estacionasen sobre la derecha hasta tanto se terminase de reordenar esa cuestión.
<b>El ingenio popular</b>
El cambio de mano fue una novedad, de la que todo el mundo hablaba. “¡Sea usted su mano derecha!”, repetían. Las empresas no dejaron escapar la oportunidad para relacionar el lema de cambio de mano a sus productos. Compañías de seguro, como La Continental, o bien entidades como la CADE (Compañía Argentina de Electricidad), también se sumaron. Bebidas como Cinzano “cambie de mano y siga tomando vermouth Cinzano” o Bilz, bebida sin alcohol, aconsejaba prestar atención y tener prudencia.
Había también para los niños, como Casa Carlitos, que regalaba botones recordatorios para llevarlos prendidos del pecho, y a NiñoBel le sirvió para anunciar que con el cambio de mano aplicaba un cambio de precios.
Hasta el espectáculo no estuvo ajeno. Ese fin de semana, en el Teatro Maipo, se estrenó la revista “¡Cambio de mano..!” con Marcos Caplan, Sofía Bozán, Mario Fontana, Fanny Navarro y Dringue Farías, o los que ofrecían cambiar de humor con Pompoff y Tedy en Babilonia.

Hasta las diez de la mañana de ese domingo se labraron pocas infracciones, unas veinte multas, todas por exceso de velocidad, que ponían al descubierto la impaciencia de algunos automovilistas que tomaron conciencia de que otra vez, y de una forma particular, el país había cambiado de mano.
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