
Que cada día canta mejor, es bien sabido; que fue un adelantado a su tiempo, también. El multifacético Carlos Gardel —cantor y actor, creador del tango-canción y del videoclip, director y guionista, conocedor de las primeras tecnologías en el cine y en la música, etc.—, solía intercambiar cartas de puño y letra con su novia.
Para ella, aseguran hoy quienes estudian su vida arriba y debajo de los escenarios, creó ”un código secreto” que se repetía a fin de cada carta y que ahora lo asimilan a los emoticones.
“Cada vez que se recorre la vida de Gardel y se conoce algo, no deja de sorprendernos porque realmente estaba muy adelantado a su época. Cada vez que descubrimos algo nos damos cuenta que eso no se termina porque siempre nos encontramos con algo novedoso”, asegura Walter Santoro, presidente de la Fundación Internacional Carlos Gardel, que tiene los derechos de las cartas y una infinidad de objetos que pertenecieron al mejor cantor de todos los tiempos.

El código secreto
“Es bien sabido que Carlos Gardel siempre estuvo adelantado a su tiempo y podemos citar muchísimos ejemplos de esto: él fue quien traspasó la actuación y las formas de la ópera a la canción popular, creó el tango canción y fue el primer artista argentino que intuyó que las nuevas tecnologías de la época —como la radio y el cine— significaban nuevas oportunidades para difundir su arte. También fue el pionero en grabar discos a dúo consigo mismo y es considerado el inventor del concepto del videoclip. Pero son muy pocos los que saben que también se adelantó a internet, cuando en la correspondencia con su novia eterna, Isabel del Valle (un romance que duraría unos 13 años), Carlos cerraba todas sus cartas con una serie de barras y guiones hasta completar la totalidad de la hoja y que estos símbolos correspondían a un código secreto que ambos tenían y que significaba ‘muchos besos y abrazos’. Este tipo de comunicación, sin utilizar palabras, actualmente es de uso común en las redes sociales.”, explica Santoro.
Nada de eso fue una deducción sino que en una de las seis carta que la fundación tiene en su poder, el mismo Carlitos lo explica. Lamentablemente no se pudo establecer la fecha de su creación.
Isabel Martínez del Valle nació el 16 de marzo de 1907 en el barrio de Constitución. Hija de José Martínez, nativo de España, de Santiago de Compostela (trabajador del ferrocarril fue quien decidió que la familia viviera cerca de la estación) y de Amparo, una española oriunda de Lugo. Antes de que el hombre falleciera, a los 6 años de la niña, se mudaron a una casona de la calle Sarmiento casi Pellegrini, donde obligados por la ajustada situación económica, y se vieron obligados a alquilar habitaciones del hogar.
Un joven de apellido Martínez, y pariente de Isabel, era secretario del ya conocido cantor y algunas veces llegaban hasta la puerta de esa casa. Un día, cuando la muchacha regresaba de hacer las compras, Gardel la vio y se sintió atraído por ella. Al tiempo, cuando ya había hecho saber sus intenciones a la familia, fue invitado a cenar en la casa de la joven.

“Carlos insistió en llevar los ingredientes para la cena, así que llegó un buen rato antes con el surtido necesario para preparar el famoso arroz a la valenciana que, observando la receta, vi que era la clásica paella, en una de sus versiones más deliciosas de las tantas que se comen en España. Isabel contaba que bastó esa primera visita para simpatizar con todos y para enamorarla perdidamente. Su buen humor, sus bromas ocurrentes, los chistes que tan bien contaba y que tanto hacían reír, su manera de ser sencilla haciendo olvidar que ya era un personaje en Buenos Aires, lo convirtieron en un amigo de la casa desde el primer momento. También decía que a veces los chistes eran malos, pero ella se reía igual y cuando Carlos le preguntaba: ‘¿Por qué te reís si mi chiste no tiene gracia, mejor dicho, es una desgracia?’, ella contestaba entre risas: ‘Me río de tus morisquetas y de las caras que ponés’”, revela Santoro.
La historia entre ellos comienza en 1920 y cuatro años más tarde habrían comenzado con el intercambio de cartas. “La totalidad de la correspondencia, Isabel se las obsequia a Ángel Olivieri para que las sumara a su colección privada y él, años después, las trae a la Fundación. Analizando notamos que ninguna tiene fecha ninguna, pero estimamos que datan entre 1924 y 1932, porque antes se veían casi todos los días; y Gardel pasó todo el año ‘33 en Argentina y al año siguiente ya se va a Nueva York; para ese momento, la relación entre ellos ya se había cortado bastante. Luego, todo pasaba por Armando Delfino, su íntimo amigo, quien recibía el pedido de la mujer para que Carlos le enviara plata, cosa que hacía, pero hubo un momento en que le advirtió que se le iba a terminar el dinero que necesitaba para sus músicos, para enviarle a su madre, etc.”.
Según Santoro, reconocido estudioso de la vida del cantor, en las fotos de principios de 1934, sobre todo en la despedida que le hacen cuando inicia la gira por los Estados Unidos, Isabel no está a su lado sino casi de costado, poco integrada.
“Las cartas son seis y en todas está este código que significa ‘besos y abrazos’, representado por rayas y guiones. También sabemos que Gardel mantuvo a toda la familia de Isabel. A ella y al hermano, a quien también mantuvo, les pagó un viaje por Europa, y por lo que tengo entendido, hasta le compró la casa. Esto no lo puedo afirmar porque no tengo datos ni documentos, pero sabemos que le compró una”.

Entre las características que él tenía, la preocupación por el bienestar de sus amigos y por la gente que trabajaba con él era constante. Aún cuando los músicos no tocaban, buscaba la manera de hacerles llegar una plata. En una de las cartas a Delfino le dice: ‘Fíjate de qué forma les das la guita para no ofenderlos’, porque esto de regalar plata sin trabajar, en ese momento era una ofensa”.
A partir de 1933, Delfino fue el albacea de Gardel y se encargó de ordenarle las finanzas y los números. “Guardó todos los vales de los gatos que tenía y en sólo año y medio contó que le envió plata a unas sesenta personas. ¡Vaya a saber a cuánta gente financió antes...! Era muy desprendido y generoso con el dinero y así se abusaban de eso”.
Las cartas y otros objetos como la corbata de la suerte que solía usar, la guitarra que usó en la película El día que me quieras y un álbum de fotos será exhibidos el próximo viernes 12 de abril en el hall del Teatro Opera donde se realizará el espectáculo Universo Gardel, a las 20.30, que invita a revivir momentos emotivos en su vida del Zorzal.
Será una experiencia sinfónica, con una orquesta de más de 40 músicos en escena, acompañados por imágenes inéditas, bailarines e invitados de la talla del maestro Raúl Lavié.
Este espectáculo es patrocinado por la Fundación Internacional Carlos Gardel, que tiene los derechos del artista, y puso a disposición del show parte del importante archivo documental y asesoramiento histórico con el objetivo de que “las actuales y futuras generaciones tengan un mayor conocimiento de quien fuera el gran ícono de la cultura popular en el siglo XX”.
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