
En pleno Camino de cintura es una referencia para todos los que circulan a diario por esa ruta que atraviesa lo más profundo del conurbano de oeste a sur. Allí van los colectivos que llevan y traen trabajadores a la Ciudad de Buenos Aires. También los fletes que trasladan mercadería y miles de autos que circulan por este lugar a diario.
Todos miran al costado una vez que cruzan el río Matanza Riachuelo a la altura del partido de Esteban Echeverría. Es el avión que está incrustado en la entrada de Expomáquina. Un inmenso predio que corre en forma paralela al Camino de Cintura. La nave siempre tuvo un halo de misterio en cuanto a su origen y procedencia. Muchos chicos del conurbano la miraban asombrados en el momento de la vuelta a clase. Quizás pensando que algún día la puedan ver despegar.
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Un avión clavado en el conurbano
Para ingresar hay que cruzar un puente sobre el río Matanza y allí empiezan a aparecer los carteles gigantes de Expomáquina con números de teléfono y la frase que define la base de su negocio: “Compro inoxidable pago más”.
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Al frente del predio está desde hace unos 30 años Jorge Ramírez, vecino de Ciudad Evita, en La Matanza, partido vecino de Esteban Echeverría. De pelo blanco y sonrisa constante, el hombre cuenta cómo fue que llegó el avión hasta la puerta de su predio en pleno corazón conurbano.
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Aunque parezca realismo mágico al mejor estilo Gabriel García Márquez, la nave participó de la Guerra de Malvinas. “Hizo vuelos para buscar a los sobrevivientes del Crucero General Belgrano – cuenta Ramírez en diálogo con Infobae-. También se usó para traslado de tropas. Y en este avión se trasladó al capitán de fragata Pedro Giachino, primer soldado argentino que murió 1982 en el momento que recuperamos las islas”.
En la década del 90, Ramírez ya tenía el predio donde empezaba a comprar y vender chatarra de metal. Primero arrancó en los remates y una vez que se hizo conocido ya lo llamaban para ofrecerle objetos. Así le picó el bichito del coleccionismo y a lo que compraba para el negocio le agregaba otros elementos que eran de su nuevo hobbie.
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El encuentro con el avión mítico
Pero volvamos al avión primero. En 1997, se enteró de una venta de rezago que iba a realizar la marina en el aeropuerto de Ezeiza. Llegó hasta el lugar con pocas esperanzas. “Fui a ver que había, nada más. De curioso”, recuerda Jorge.
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Llegó y se encontró con que remataban un avión que había participado de la guerra de Malvinas. Ya estaba casi vendido a un comerciante gitano de La Matanza que lo iba a cortar para vender el metal en partes. “No lo podía creer. Fue el momento en que les expliqué a los vendedores para que iba a usar la aeronave”, explica Ramírez.


Los empleados se conmovieron y le vendieron el avión a Jorge por el mismo precio que iba a pagar el comerciante gitano que planeaba el desguace de todas las partes.
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El traslado fue complejo. Pese a que era una distancia corta, tuvieron que desarmar el avión y llevarlo en 4 camiones. De todo se hizo cargo Jorge. “Quería mantener viva la memoria de los chicos que fueron a combatir a las islas.
Un proyecto que por ahora es sólo un deseo y que espera poder concretar en breve es la instalación de un microcine y un museo de Malvinas a bordo de la aeronave. Cuando se cumplieron 40 años de la guerra, en el 2022, Jorge puso una placa para recordar el 2 de abril de 1982.
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No todos los que pasan por el Camino de Cintura saben el origen del avión y su historia. Algunos pensarán que el dueño de Expomáquinas lo hizo solo para llamar la atención. Para que su negocio sea conocido en toda la zona como el negocio del avión. Así, forma parte de cualquier indicación para un destino desconocido de alguien que visite por primera vez la zona. “Cuando pasás el avión gigante, son 200 metros más y doblás a la derecha”, se suele escuchar indicaciones del estilo en la zona.

La botica del conurbano
Pero Expomáquina no es solo una aeronave que recuerda la guerra de Malvinas. Todo empezó en un hombre con un predio gigante en la costa del río Matanza que se iba a dedicar a la compra venta de metales. Empezó a acumular objetos en los remates. Se hizo conocido y empezaron a ofrecerle objetos desde todo el país.
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Le picó el bichito y ya tiene en su predio unos 10.000 objetos. “Muchos están a la venta, pero otros no los vendo por nada del mundo”, explica Ramírez. Por ejemplo, en su oficina tiene un piano de 1809, una figura de San Cayetano (patrono del trabajo), una réplica de un barco del siglo XIX y una réplica de un torino al que denomina como su “juguete nuevo”.
Se podría hacer un juego y preguntarle al azar a Ramírez sobre objetos. ¿Juego del sapo? ¿Máquina tragamonedas? ¿Surtidores de nafta nuevos y usados? ¿Camión de caudales de los 80? ¿Cajas fuertes? A todo eso Ramírez responde tengo, mientras se sonríe con picardía.

Ya entre las calles internas del predio se puede ver una tanqueta anfibia de la marina de la década del 60, surtidores de nafta nuevos y usados, una compactadora de latas de gaseosa de aluminio y un teléfono público de la década del 90, la época de la privatización de Entel.
En otra parte del terreno, hay dos containers que guardan otro tesoro de Ramírez. Un auto de 1918 en funcionamiento y un Volkswagen Escarabajo descapotable rojo. “Me encantan los coches. Una de mis últimas compras fue un torino azul que es una joyita”, se enorgullece Jorge.
Jorge es casado hace 38 años y tiene tres hijas mujeres. Su oficina en Expomáquinas es su pequeño lugar en el mundo. Allí pasa casi todo el día. Recibe nuevos objetos, se entera de las novedades de los remates y busca en todo el país nuevos hallazgos. Así, mientras ve pasar el tránsito en el Camino de Cintura sabe que cada pasajero de un colectivo o conductor de un flete mirará hacia su negocio y se preguntará qué hace un avión clavado en pleno corazón del conurbano? Jorge mira hacia arriba a la sombra que dan las alas desplegadas y se sonríe una vez más. “Es un homenaje a los veteranos de Malvinas. Para que nunca los olvidemos”.
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