Jamás imaginó esa noche el cuarteto integrado por Matteucci, Thompson, Sciasci y Moreno cuando empezaron a tocar que esa presentación en un bar rosarino -rindiendo homenaje a una banda icónica del rock nacional- iba a convertirse en su trabajo casi tiempo completo durante una década.
“Con el guitarrista Alexis Thompson habíamos tocado en distintos grupos de rock, haciendo música funk hasta disco. Fue el que me llamó y así empezó este proyecto. Me dijo que tenía ganas de hacer algo en donde yo además de tocar la batería, cante. Yo lo hacía en los grupos donde tocaba con él, pero no era el cantante principal, sino que siempre metía coros y él me propuso que toquemos un disco”, relata José Matteucci baterista y voz de la agrupación santafesina Música para Volar que desde hace más de una década recorre el país y los limítrofes también haciendo versiones sinfónicas en concurridas salas teatrales.
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La respuesta fue inmediata. Matteucci no quería formar ninguna banda porque como todos en esa época tenían otras en simultáneo. “Pero quiero tocar”, le aclaró. El guitarrista entonces le propuso un evento de una noche: “Vamos a tocar un disco. No sé si escuchaste alguna vez el que se llama Comfort y Música para Volar”. Y el baterista le dijo que sí, por supuesto que lo conocía, que era el Unplugged de Soda Stéreo (el acústico para la señal MTV grabado en 1996) y que le gustaba por una situación tranquila y relajada que le iba a cerrar para ponerse en el lugar de cantante principal mientras tocaba. Así empezó todo.

Para completar la formación Matteucci propuso al pianista y compositor de música académica Bruno Moreno, con quien había participado en obras que había estrenado en el circuito de la Universidad Nacional de Rosario y con quien había tenido una banda de rock y también habían tocado folklore de proyección con sonidos experimentales. Pensó en él para hacer los arreglos de cuerdas que necesitaban y también recomendó a la bajista Julieta Sciasci. Son todos de Capitán Bermúdez, una ciudad a 15 km al norte de Rosario, menos Alexis Thompson, que es rosarino.
La historia comenzó esa noche con el bar rosarino a tope y con más presentaciones a pedido. Tuvieron que tocar una y otra vez y se convirtieron “en una especie de fenómeno”. Cuenta Matteucci que surgió un público que decía “vamos a escuchar a Música para Volar como si fuera el nombre del grupo”, por lo que habían leído en el cartel del bar que era lo que tocaban. Al mismo tiempo, ellos crearon un grupo en Facebook que se llamaba Movimiento Dignidad, porque decían que ensayaban un montón para tocar poco, porque era un solo recital.

El concepto de Música para Volar les había gustado tanto que tuvieron ganas de generar nuevos espectáculos donde la música fuera protagonista, donde pudieran ir sumando colegas y generar espacios de encuentro con la música que tenían ganas de tocar. Desde el comienzo, no paran de recorrer ciudades del país, fueron a casi todas las provincias. Lo que más les apasiona es ensayar con las orquestas de cada lugar. Ya compartieron escenario con unos 1000 músicos de la Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay.
Junto con la popularidad, las ambiciones comenzaron a crecer porque se embarcaron en un espectáculo sinfónico, de la mano de Bruno Moreno, quien se ocupa de los arreglos para la orquesta, banda y coro polifónico. Desde ese entonces, ya por 2015, presentaron un recorrido por la obra de Gustavo Cerati. “Hacía tres años que estábamos tocando juntos y así fuimos generando nuevos espectáculos con distintos repertorios y hasta el día de hoy y ya estrenamos 8 espectáculos diferentes conceptuales con música tanto de Gustavo Cerati, Charly García y Luis Alberto Spinetta. Es como de alguna manera nuestra cuna, son las canciones con las cuales nosotros crecimos y las que fuimos abordando digamos en este camino del proyecto Música para Volar”, detalla.

El fin de semana van a estar en Córdoba y van a tocar con su orquesta y coro. Y la semana que viene se presentarán en Buenos Aires, luego vuelven a Rosario, después van a San Juan y así hasta noviembre, todos los fines de semana con ese trajín. Los integrantes de Música para Volar tienen en promedio 35 años. Si bien Música para Volar se convirtió en su proyecto principal, en el que se sienten muy a gusto, continúan llevando adelante sus proyectos solistas, personales.
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“Cuando hacemos los espectáculos sinfónicos somos más de 50 personas sobre el escenario, porque hay un coro polifónico, un ensamble que tiene una formación especial. Cuando Bruno escribe las partituras nuestra orquesta incluye todas las familias de la orquesta sinfónica y algunos instrumentos que no se incluyen normalmente, como por ejemplo, los saxos y eso es como la paleta orquestal que nos permitió ir generando nuestros espectáculos, donde hay un diálogo entre el lenguaje del rock que es del género de donde surgen estas canciones con la música sinfónica y la música más académica”, describe el músico santafesino.

Bruno Moreno escribe todos los arreglos originales basándose en la música, que implica la composición de cada una de las líneas melódicas de unos 25 instrumentos que están ahí coexistiendo. Dice que siempre se parte desde el respeto y del estudio de las obras originales, pero después al orquestarlas, comienza una labor creativa. Por ejemplo, en el caso del tema Puente, de Gustavo Cerati, donde hay muchos sintetizadores y guitarras, “ese material sonoro en un espectáculo nuestro aparece orquestado en clarinetes, fagots, todo instrumentos que no están en la grabación original. Entonces, el espectador lo que hace es como reencontrarse, redescubrir esos arreglos que estaban esa música que ya estaba en el disco pero interpretada por otros instrumentos en la sonoridad de la orquesta”, precisa.
Su trabajo en particular admite que fue y sigue siendo un desafío. De “tirar coros” desde la batería en otras bandas pasó a ser la voz cantante. Aceptó este reto de sacar la batería donde estaba, que suele ser el fondo, y pasarla a un costado, tampoco en el centro. Aclara que son dos los cantantes, porque la bajista Julieta también canta, solo que se vienen interpretando temas con voces masculinas en su mayoría.
Hoy que el baterista cante es la característica de la banda, pero en un momento les hizo ruido a los productores. No les cerraba la idea. Pero José, a la hora de elegir, prefería seguir tocando y les dijo “pongamos otro cantante”. Quien hoy es la voz de Música para Volar no se considera un “frontman”, ni quiere serlo. Les gusta que la música sea la protagonista. La batería está a un costado.
“Para mí es apasionante tocar la batería y cantar al mismo tiempo porque eso implica que esté entregado a un 100 por ciento a la situación. No me queda un resto siquiera para pensar en otra cosa. Eso de estar con los dos brazos, mis dos piernas y mi voz al servicio de la música es una sensación de entrega que aprendí a disfrutar. Implicó maneras de estudiar las canciones, mucha paciencia para hacer simultáneamente las dos cosas. Siempre había tenido con el canto una fascinación. Es un instrumento muy especial entre todos los que hay”.
Los jóvenes de Música para Volar crecieron en la década de los 90 y empezaron a tocar en los 2000, escuchando la música que se había producido entre los 70, 80 y 90. “Siempre tuvimos una conexión con el rock nacional como nuestra primera escuela musical”. Más allá de otros géneros que hayan escuchado, esas canciones las consideran como punto de partida. Y más que eso, es una especie de legado en la cultura latinoamericana, donde la Argentina hizo ese aporte. Un aporte de libertad.
Se refiere a Charly García, a Luis Alberto Spinetta, a Gustavo Cerati como grandes compositores que lograron desde la simpleza y libertad que da el rock al “máximo preciosismo”.
A lo largo de este recorrido tuvieron dos encuentros muy significativos. Una vez que tocaron el Gran Rex, asistió una de las hermanas de Gustavo Cerati, Laura, con quien charlaron después del recital y lo vivieron como una emoción muy grande. Y en otra oportunidad, tocando en Mar del Plata el disco Unplugged de Charly García, se enteraron que entre el público estaba el Zorrito Von Quintiero, tecladista tanto de Charly como de Soda. A quien invitaron a subir al escenario y tuvieron el privilegio de tocar con él.
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