
Carlos Eduardo Robledo Puch no lo sabe.
Se va a enterar ahora. Su mayor temor, el de morir en la cárcel, podría ser la peor condena.
Después de 50 años preso, por haber matado -entre 1971 y 1972- a once personas por la espalda o mientras dormían, ninguno de los camaristas está dispuesto a firmar su libertad.
Salvo que cambien de opinión, los jueces de la Sala 1 de Apelaciones de San Isidro, integrada por Oscar Roberto Quintana y Ernesto García Maañón no van a darle la libertad al asesino civil más famoso de la Argentina, que tiene 70 años y se encuentra recluido en la cárcel de Olmos.
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La información llegó a Infobae por fuentes judiciales. Y es va en sintonía con los argumentos que dio hace diez años el camarista Diulio Cámpora, que rechazó su libertad. “Mientras me toque firmar a mí, nunca le daré la libertad. Por su peligrosidad y porque la sociedad no lo aceptaría”, le dijo a un secretario.
Los camaristas que el 5 de junio de 2008 le negaron la libertad consideraron que Robledo Puch seguía siendo un peligro para la sociedad. Todavía recuerdan la frase que pronunció el asesino ante un perito judicial antes de oír, el 27 de noviembre de 1980, que lo condenaban a reclusión perpetua por tiempo indeterminado: “Algún día voy a salir y los voy a matar a todos”.
Cuando los miembros de la Sala I de la Cámara de Apelaciones de San Isidro le preguntaron si quería decir sus últimas palabras, Robledo fue menos agresivo: “Esto es una farsa. Es un circo romano”.

Según había publicado en exclusiva Infobae, su abogado Jorge Alfonso había pedido su libertad: la idea era que el llamado Ángel Negro fuera alojado en un asilo de San Nicolás de los Arroyos, donde fue aceptado por el cura del lugar y una vecina le salió de garante.
Pero para eso, Robledo debe sortear las pericias psicológicas y psiquiátricas y la firma de los camaristas.
“Ganas de otorgarle la libertad no tienen, porque no se bancan el coletazo, en muchos gran parte por la prensa. Pero habiéndolo conocido a Robledo, a quien dejé de asistir por una discusión, él tiene mucha responsabilidad en que lo dejen adentro. Se ha convertido en un contra sistema y no se da cuenta o no quiere entender que nadie sale contra el sistema. De alguna manera tenes que hacer y decir lo que quieren escuchar de adentro sino estás frito. Por ejemplo, en las pericias responde cosas que no lo favorecen. Y ese es el fuerte de los camaristas para no dejarlo salir”; dijo a Infobae Diego Dousdebes, su penúltimo abogado.
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“Estoy convencido que está detenido ilegítimamente ya a esta altura pero advertí dos cuestiones: una, no hay una estructura predispuesta, una organización estatal o privada para recibir personas de avanzada edad, que tengan problemas de salud y que no tengan a nadie para recibirlos afuera y garantizar ese paso entra la cárcel y la vida en libertad. La otra es que el sistema te liquida, y nadie dice nada. El sistema no recupera a ninguno, en su caso será por voluntad propia o cuestión del destino pero no porque definitivamente sea útil para resocializar individuos.
En las pericias que le hacen, Robledo no sale airoso. Una vez le preguntaron qué iba a hacer cuando saliera a la calle: “Matar a Cristina”, respondió. En otro dijo: “Suceder a Perón”.
Los camaristas se basan en esas respuestas para sostener su peligrosidad y que no podría adaptarse a la calle.

Hace 12 años, Robledo no quería salir en libertad, pero una noche, mientras miraba el noticiero, cambió de opinión al enterarse de que al múltiple homicida Ricardo Barreda —el odontólogo platense que se hizo famoso por matar a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas porque según él lo llamaban “conchita” y le hacían limpiar la casa— le habían otorgado arresto domiciliario por buena conducta y porque su nueva novia le ofrecía alojamiento en su departamento de tres ambientes en Belgrano.
Inspirado por ese caso, Robledo pidió su libertad por agotamiento de pena, pero los jueces se la negaron con el argumento de que durante su estadía carcelaria nunca se preocupó por estudiar, trabajar o crear lazos afectivos con el exterior. “Lo único que falta es que tenga que inventarme una noviecita como el viejo Barreda”, se quejó Robledo.
¿Seguirá preso para siempre?
Hasta ahora, ese pareciera ser su destino maldito.
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