
Ambos se enfrentaron en la guerra en uno de los últimos contraataques argentinos. Y contaron este episodio en sendos libros. Cuarenta años después se encontraron cara a cara. El argentino es Víctor Hugo Rodríguez (73) y el inglés Philip Neame (76). “Fue un acto magnánimo de amor cristiano mutuo”, describió el argentino.
Seis meses atrás se habían conocido por video, en una comunicación de la que participaron ambas familias. Hace unas semanas le llegó a Rodríguez una invitación para participar en Gran Bretaña de una presentación del libro del veterano inglés, titulado Penal company of the Falklands. A memoir of the parachute regiment at war 1982.

Se conocieron este viernes en un hotel en Londres, donde se hizo el evento. Rodríguez le llevó el suyo Llevando la patria al hombro, editado el año último.
El británico llegó solo con una valija. Vive a doscientos kilómetros de la capital. Es el hijo menor de un teniente general, condecorado con la cruz de Victoria por su actuación durante la Primera Guerra Mundial y además fue medalla de oro en tiro en los juegos olímpicos de 1924.
A Rodríguez le habían advertido que el abrazo no está contemplado en la convención inglesa del saludo, pero sin embargo cuando lo vio entrar lo hizo y el inglés lo correspondió. Luego, estrecharon sus manos.

Malvinas los une no solo por ser ambos veteranos de esa guerra. Víctor Hugo Rodríguez, de entonces 32 años, lideró uno de los últimos contraataques argentinos contra un grupo de la compañía D del 2 Para, mandados por Philip Neame, de 36.
A las diez de la noche del 13 de junio, el argentino recibió una orden suicida: las secciones debían desplazarse hacia el norte, a las alturas de Wireless Ridge para realizar un contraataque y apoyar al Regimiento 7 en su movimiento de repliegue.
Hugh Mc Manner, en su libro The Scars of War, que reproduce Rodríguez en su libro, recordó: “estábamos en una zona descampada y sin apoyo, y parecía como si diez u once pelotones de fusileros nos estuvieran tirando. Varios conscriptos del teniente primero Rodríguez Pérez, pertenecientes al Regimiento 3, sin ser vistos, tomaron posición en las rocas donde la Compañía “D” perteneciente al mayor británico Neame había estado anteriormente. Le preguntamos al mayor (Philip Neame), acerca de volver y retomar nuestra posición. Efectuó unos tumbos fuera de la posición sin importarle los proyectiles que pegaban a su alrededor y luego regresó…”

Cuarenta años después, Neame le confesó a Rodríguez: “estábamos agotados y nos queríamos reordenar”. Ese impasse le dio tiempo al argentino a replegarse y a salvar a muchos de sus hombres.
Ambos emocionados hasta las lágrimas, el inglés rió con ganas al ver el regalo que le había llevado el argentino. Varias veces había descripto a Malvinas como un pantano horrible y miserable y como una turbera húmeda, y que sus calzados no eran los adecuados, pero sí los que usaban los argentinos. “A su problema le traje la solución”, le dijo, y sacó de una bolsa un par de flamantes borceguíes, que Neame bautizó “botas argentinas”.
Rodríguez estuvo acompañado por su esposa Graciela. Pensaba ir vestido con una campera y camisa verde pero conociendo de la formalidad británica, optó por un saco y una camisa de vestir. Para todos fue un momento emotivo, donde en diversos momentos del encuentro a la traductora le costó cumplir con su tarea.

Neame le confesó a Rodríguez que cuando fueron movilizados ignoraban si los enviaban hacia una isla escocesa o si iban al fin del mundo. Describió cuáles habían sido sus movimientos en ese combate en Wireless Ridge, y que estaba al mando de la Compañía D, que era la que enviaban a los peores lugares. “Ningún comandante dispone siempre de todos los recursos que precisa. Ellos también tuvieron ese problema”, remarcó Rodríguez.
Con la ayuda de mapas y gráficos, ambos explicaron sus movimientos y las alternativas del combate, en esas últimas horas de la guerra.
El argentino se llevó una frustración del encuentro, que duró casi dos horas. Quería conocer la identidad del francotirador inglés que evitó disparar a los soldados que fueron al rescate del sargento Manuel Villegas. Sin embargo, Neame dijo no recordarlo.
Villegas había caído herido en el estómago y en el brazo. Los soldados Tries y Serrizuela, desafiando el fuego enemigo, lo recogieron y lo cargaron ocho kilómetros hasta el hospital de Puerto Argentino, a pesar de las órdenes del herido de que lo dejasen ahí.
Rodríguez le contó que Villegas se casó, tuvo hijos y se convirtió en abuelo. “Ese objetivo épico que me habían propuesto no pude llevármelo; tanto Villegas como los soldados que lo salvaron se lo merecían”. Luego del encuentro, habló con sus soldados y todos consideraron que se había hecho todo lo posible por identificar a ese hombre, al que solo desean darle las gracias.

Neame sirvió durante veinte años como paracaidista y por su actuación en la guerra del Atlántico Sur mereció que fuera mencionado en los partes de sus superiores. Luego que se retiró en 1994 se dedicó a la actividad privada y creó la Ulysses Trust, una organización que brinda asistencia financiera para expediciones y actividades de aventura que involucran a miembros de la fuerza de reserva de voluntarios y las fuerzas de cadetes del Reino Unido.
Rodríguez fue jefe de la primera sección de la compañía A del regimiento de infantería 3. Condecorado con una mención especial, es el fundador y presidente de la Asociación Cultural Sanmartiana Cuna de la Bandera, de Rosario. Fue el líder de 25 expediciones a lomo de mula en la recreación del cruce de los Andes.
En las líneas que le dedicó en el libro que le obsequió, escribió que “solo los hombres de bien podemos atravesar esas fronteras que impuso el combate”. Neame, en su libro, expresó estar “muy contento de encontrarnos de nuevo después de cuarenta años, en mejores circunstancias que aquellas en que nuestros caminos se cruzaron”.
“Esto de conocernos -remarcó Rodríguez- es propio del ser humano y del soldado dentro y fuera del campo de batalla, y en los objetivos del combate, él peleando por la reina y yo por la historia de mi Patria”.
Malvinas es esencial y duradero y este encuentro, para el argentino fue “único e irrepetible. Me sirvió para posicionar mi cabeza y mi corazón”, subrayó. Dios quiso que siguiéramos con vida y hoy estamos honrando esa vida. La guerra fue un paso más en nuestra existencia”. Neame remarcó dejar de lado el pasado y mirar hacia adelante y dijo que para él era “un honor y un privilegio hablar con Víctor Hugo como un amigo.
El argentino lo invitó al próximo cruce en mula de los Andes. “A lo mejor voy”, adelantó el inglés. Sin quererlo, una guerra había logrado unirlos.
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