
“Not All Men” se suele escuchar frente al escozor que dan las cifras en aumento de la violencia machista. Lo sabemos. No todos los hombres son violentos. Los hay alegres, compañeros, vanidosos, cariñosos, pacíficos, buenas y malas personas. También se sabe que no todos los hombres rankean igual al interior de la cofradía. Como prologa Luciano Fabbri en el libro La Ilusión masculina: “Masculinidades hay muchas pero no todas tienen acceso a subirse al pony, ni siquiera para dar una vueltita”. Pero, precisamente, para liberar accesos se creó Ciervos Pampas Rugby Club, el primer equipo de rugby de diversidad sexual de América latina. Un espacio libre de discriminación que entiende el deporte como una importante herramienta de transformación social.
“En Ciervos Pampas participan chicos que jugaron al rugby en otros clubes u organizaciones deportivas pero sufrieron discriminación y abandonaron, y ahora sienten que pueden retornar al rugby. Chicos que nunca tuvieron experiencias deportivas porque ni siquiera lo intentaron por la homofobia que existe en los deportes en general. Otros hoy se acercan por curiosidad, porque ven en Ciervos un lugar seguro para aprender y disfrutar de una disciplina deportiva. Y tenemos compañeros heterosexuales. Trabajamos con la diversidad”, describe Caio Varela, presidente del club que tiene como misión la promoción, reflexión, divulgación, respeto y valoración de los derechos de las personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersex (LGBTI).
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Pero que la diversidad sea el leitmotiv no lo hace exclusivo para el colectivo. Así lo explica Caio: “Nosotros decimos que ser putos no depende de la orientación sexual de uno. Puto es una forma de pararse en la sociedad, de mirar el mundo. Y hay compañeros heterosexuales que comparten la mirada y por eso se suman. Ciervos Pampas no es un club gay, sino un club que defiende la bandera de promoción de la diversidad sexual y la lucha contra la homofobia”. Rugby para todes. Sin etiquetas de género u orientación sexual, pero tampoco de clase. Rugby a disposición del valioso deseo de aprender y jugar.
“En este deporte la desigualdad es de género, de orientación sexual, pero también de clase, de raza, de origen. Y Ciervos Pampas está marcado por el conjunto de estas variables. Muchos somos migrantes de otros países y de otras provincias argentinas, varios vienen a entrenar desde barrios populares del AMBA. Somos un club popular. Y aunque nuestro objetivo central sea la población LGBTIQA+, lo que estamos haciendo es batallar para que el rugby no sea el privilegio de algunos, con “o” mayúscula. Sino un derecho de todes”, resalta Caio.
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Militar un inicio de abrazos
Ciervos Pampas entrena en la semana en el polideportivo de Parque Avellaneda y en los tiempos en que no existía una pandemia participaron del Torneo Empresarial de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) y del Torneo de Rugby Inclusivo.
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Caio recuerda algunos de los momentos de competencia: “Obviamente hemos vivido homofobias y sabíamos que eso iba a pasar desde que armamos el equipo. Lo sabíamos porque no es que estemos acostumbrados -nadie se acostumbra a ser discriminado y violentado-, pero no es nada que no conozcamos. Una vez por ejemplo, compartiendo un vestuario, el otro equipo estaba `bautizando´ a un jugador que jugaba por primera vez un partido. Y le pegaban fuertemente en la espalda, le pegaban con muchas ganas. Nosotros mirábamos en pánico lo que estaba pasando. Entonces se acercó uno, nos miró con arrogancia y preguntó: ‘¿Qué hacen ustedes, las maricas, en los bautismos?’. Nosotros nos miramos y dijimos: ‘Nos abrazamos’. Desde ese día el ‘bautismo’ a los jugadores en Ciervos Pampas es un abrazo colectivo. Un abrazo de bienvenida”.

Ocupar, resistir, transformar: bajo esos tres pilares avanzan los Ciervos. Ocupando las canchas para visibilizar. Resistiendo la discriminación. Transformando la sociedad. Para semejante gesta crearon la Escuela de Formación en Derechos Humanos Ciervos Pampas, que se propone como un ámbito de aprendizaje y de empoderamiento de los jugadores. Además de los entrenamientos, dos veces por mes se abre la escuela.
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La movida se hizo extensiva y los Ciervos han sido convocados a dar talleres de género y diversidad sexual en la URBA y en la Unión Argentina de Rugby (UAR).

Para Caio se trata de pasos cortitos pero firmes: “Estamos colaborando con otra mirada. En Ciervos Pampas no hablamos de inclusión, sino de transformación de nuestro deporte y de la sociedad. Y creo que empiezan a darse cuenta de que sin la perspectiva social, sin mirar el deporte desde ese lugar, el rugby no se va a mantener. Por eso vamos a seguir ahí, ocupando los espacios y hasta desnudando las incomodidades porque de esa manera estamos generando el debate. Hasta que el rugby deje de ser visto como un negocio, sino como un derecho para todos, todas y todes”.
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