“¿Dónde está Tanco?”: el protagonista olvidado del levantamiento de Valle que se salvó del fusilamiento

Fue una pieza fundamental de la contrarrevolución militar peronista. Logró esquivar la represión y se reencontró con Perón en el exilio

El general Raúl Tanco y Desiderio Fernández Suárez
El general Raúl Tanco y Desiderio Fernández Suárez

A 65 años del fusilamiento del general Juan José Valle después del levantamiento contra la Revolución Libertadora, hay un personaje que permanece en las sombras, pero que fue una pieza fundamental para la formación y organización de la contrarrevolución militar peronista. Este episodio, que finalmente fue controlado, había comenzado a gestarse unos meses antes. ¿Quién fue Raúl Tanco y qué rol desempeñó?

Durante el gobierno de Juan Domingo Perón, Tanco tuvo una larga trayectoria en la institución armada. Colaboró en la creación de Gendarmería Nacional y creó y dirigió la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral. También comandó la III división de Infantería y en septiembre de 1955 dirigía la Escuela Superior de Guerra.

“Después de la caída de Perón soy de los primeros en pedir mi retiro. Sabía lo que venía”, relató en un reportaje a la revista Así en los años 70, tras permanecer quince años en silencio. En septiembre de 1955, cuando se produjo el golpe contra Perón, Valle y Tanco compartían los pasillos del Ministerio de Ejército. Por esos días, los insurrectos amenazaban con bombardear La Plata y “cuando Valle, que era director de Ingenieros, dijo que lo hagan, que carguen con el peso de la historia, me di cuenta de cómo pensaba”, recordó Tanco.

El general Raúl Tanco
El general Raúl Tanco

Con el general Pedro Eugenio Aramburu como presidente de facto, ambos fueron detenidos en el barco Washington, donde comenzaron a organizar el movimiento revolucionario para poner fin a la dictadura. “Conversamos con el general Valle sobre todo lo que se había hecho por el país, que estaba siendo destruido por el nuevo régimen”, manifestó en sus memorias. “No nos entraba en la cabeza que las fuerzas armadas hubieran provocado su caída”. Luego de que los bajaran a tierra, Tanco continuó el encierro en su casa de General Guido, en la provincia de Buenos Aires, de la que logró escapar después de burlar a la vigilancia en enero de 1956. Valle lo había mandado a llamar para encontrarse en Avellaneda. “Me encuentro con Valle, que me interioriza de los trabajos realizados y me pinta un cuadro optimista. Me dice que ya está todo listo”.

En una reunión con otros coroneles, también se discutió el rol que jugarían los civiles en el levantamiento. Algunos opinaban que debía haber igualdad en la conducción, pero el segundo jefe de la rebelión explicó que “no la admitían por razones de seguridad: la conducción militar debía recaer en los militares; la parte política sería compartida con los civiles”. Muchos creían que el movimiento no debía salir a la superficie, sino que debía permanecer oculto, pero Tanco consideraba que era necesario difundirlo. “El único secreto era cuándo y cómo nos levantaríamos”, sentenció.

El plan era ejercer presión en los cuarteles para que ingresaran las fuerzas a la revolución. Luego se detendría a los jefes de las unidades militares, y nuevos jefes, designados por el movimiento revolucionario, se ocuparían de las unidades. En varios puntos del país, militares y civiles se preparaban para el levantamiento que buscaba derrocar a la Revolución Libertadora, como se retrata en la película Operación Masacre, basada en el libro de Rodolfo Walsh.

Juan Carlos Livraga, sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez
Juan Carlos Livraga, sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez

Operación Masacre

En la noche del 9 de junio, el Jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires, Desiderio Fernández Suárez, encabezó un allanamiento en Florida e irrumpió en la casa del civil Juan Carlos Torres al grito de “¿dónde está Tanco?”. En ese domicilio se encontraban Norberto Gavino, Nicolás Carranza, Mario Brion, Vicente Rodríguez, Francisco Garibotti, Juan Carlos Livraga, Juan Carlos Torres, Horacio Di Chiano, Carlos Lizaso, Rogelio Díaz y Miguel Ángel Giunta.

Fernández Suárez se dirigió hasta esa casa porque tenía la información de que allí se encontraba Gavino, que no era un militante más, sino que era el jefe civil de la Revolución Peronista de la zona norte de Buenos Aires y que, un día antes, había estado reunido con Valle y su estado mayor. Antes de llevarlos a todos detenidos, el Jefe de Policía le advirtió a Gavino que esa noche sería fusilado, pero éste lograría escapar, junto a Julio Troxler, Juan Carlos Livraga, Reinaldo Benavidez, Horacio Di Chiano y Miguel Giunta, echándose a correr cuando los efectivos de la policía los hicieron descender en los basurales de José León Suárez para ejecutarlos. Los que lamentablemente fueron fusilados por estar comprometidos con la revolución de Valle fueron Carranza, Brion, Garibotti, Lizaso y Rodríguez.

Mientras tanto, Tanco estaba en Avellaneda en una reunión en la casa de Jorge Daniel Paladino, que luego se convirtió en secretario general del Movimiento Peronista. Con un grupo de compañeros, entre quienes estaban Valle y Andrés Framini, aguardaban el desenlace. “Estábamos esperando la toma de la radio, que estaba instalada en una escuelita de Avellaneda. Pero quienes tenían a cargo esa misión, el coronel Yrigoyen, el capitán Costales, y otros civiles, fueron sorprendidos y tomados”. Buscaron la forma de localizar dónde se estaba luchando, pero las malas comunicaciones imposibilitaron que todos se reencontraran. “Por fin, conscientes de que habíamos fracasado, se da por finalizado el movimiento, cuando faltaba poco para la salida del sol”. Indignados por el desenlace y por la muerte de compañeros, se despidieron con un emotivo abrazo y decidieron separarse.

De izq a der: Susana Valle, hija del general Valle, camina junto al general Tanco
De izq a der: Susana Valle, hija del general Valle, camina junto al general Tanco

Asilo en la embajada de Haití

La intención de Tanco era cruzar a la Capital, pero el puente Pueyrredón estaba controlado por los militares. Con la ayuda de tres jóvenes, logró atravesarlo y el 14 de junio pidió asilo en la embajada de Haití, donde se encontraban otros doce compañeros. Pero para lograrlo, antes tuvo que engañar a las autoridades argentinas. Ese mismo día, Arturo Jauretche y otros más que estaban asilados en Uruguay hicieron ingresar a un hotel uruguayo a un hombre con una cédula falsa a nombre de Tanco. Estas noticias no tardaron en llegar del otro lado del Río de la Plata, motivo por el cual nadie sospechaba que el segundo jefe de la rebelión pudiera andar suelto por Buenos Aires.

Una vez en la embajada haitiana, el embajador Jean Brierre lo recibió y le dio un lugar en la biblioteca, donde pasó varios días leyendo “El derecho de asilo”. Al día siguiente, se reencontró con el coronel Fernando González, que también se encontraba pidiendo asilo y con quien se fundió en un abrazo. Jean Brierre informó al gobierno argentino que Tanco se encontraba en su residencia y, ese día por la tarde, el coronel Juan Constantino Cuaranta ,irrumpió en la embajada junto a 20 hombres armados. En aquel momento, Madame Brierre, la mujer del embajador, comenzó a gritar: “Han invadido territorio haitiano”. Después los llevaron a la calle, donde Tanco presupone que querían fusilarlos, pero un colectivo lleno de pasajeros que pasaba por allí cambió los planes. Cuaranta ordenó que bajaran a todos e hizo subir a los asilados para llevarlos al cuartel del regimiento I de Infantería. Tanco fue aislado, pero por presiones de Brierre, fue dejado en libertad. Delante de los fotógrafos que se habían acercado, el embajador aseguró: “Hoy es un gran día para las Américas. Un país chiquito, de negros, como Haití ha logrado que se imponga el derecho sobre la fuerza”.

El embajador haitiano Jean Brierre
El embajador haitiano Jean Brierre

En sus memorias, Tanco sentenció: “Yo supe, desde un primer momento, que si fracasábamos Aramburu nos iba a matar. Se lo dije a Valle en una reunión en una casa de la calle Coronel Díaz”. Pero el jefe de la rebelión pensaba lo contrario. Además, Tanco atribuyó el final de la contrarrevolución a que el medio civil no estaba maduro y que “hubo muchas infiltraciones por la falta de discreción”. Pero lo que más destacó fue la falta de comunicación que existió entre ellos.

El general Raúl Tanco se mantuvo leal a Perón y, a fines de 1956, lo fue a recibir al aeropuerto de Caracas, donde se reencontraron y se dieron un cálido abrazo. Ambos, fervientes defensores de los valores democráticos, no se alejaron nunca de los ideales que siempre proclamaron.

Raúl Tanco recibe a Perón en el aeropuerto de Caracas
Raúl Tanco recibe a Perón en el aeropuerto de Caracas

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