
La editorial Penguin Random House vendió los derechos del libro La Profanación. El robo de las manos de Perón, de Claudio Negrete y Juan Carlos Iglesias, a la productora internacional Plataforma, que ahora está desarrollando una serie de ficción al mismo tiempo que un novedoso formato documental, según pudo saber Infobae en exclusiva. El libro fue publicado por Editorial Sudamericana, sello local de la editora internacional, en una primera edición en 2002 y una segunda actualizada en 2017.
Plataforma es una productora con base en Estados Unidos y México, que opera desde hace 16 años en toda la región. “Estamos muy emocionados en contar este hecho que condensa una buena parte de la historia política argentina, a través de un caso que creemos será atractivo para un público global. El libro “La Profanación” es un trabajo impresionantemente serio y detallado de investigación, y si bien los autores materiales del hecho no se conocen, creemos que encierra información que será sorprendente para el espectador a la hora de ver la serie”, comentó Diego Álvarez, director de Plataforma.
El robo de las manos de Perón se produjo en junio de 1987, un hecho que aún sigue siendo un misterio en cuanto a sus perpetradores, los motivos de la profanación y el paradero de las extremidades seccionadas del cadáver del expresidente. El libro fue realizado en forma conjunta por Juan Carlos Iglesias, abogado integrante del equipo del juez Jaime Far Suau, asesinado en 1988 a raíz de su investigación, y por el periodista Claudio Negrete.

Este es uno de los episodios más oscuros y misteriosos de la política argentina. Durante la gestión presidencial del radical Raúl Alfonsín, y en plena campaña electoral de gobernadores de 1987, que llevó a Antonio Cafiero al máximo poder de la provincia de Buenos Aires, desconocidos ingresaron a la bóveda de la familia Perón en Chacarita y, tras abrir el vidrio de seguridad del nicho del subsuelo donde estaban los restos mortales de Perón, cortaron quirúrgicamente sus manos y se las llevaron junto al sable de teniente general que estaba sobre el féretro.
Fue un caso que conmocionó al país con importante repercusión internacional y que casi llevó a un enfrentamiento entre el gobierno radical de Raúl Alfonsín y la entonces oposición peronista. La investigación judicial se inició inmediatamente y el juez Far Suau debió soportar durante 18 meses presiones políticas, pistas falsas, jurys, amenazas y ataques, hasta que, en noviembre de 1988, su auto sufrió un atentado en la ruta que le costó la vida a él y a su pareja. Pocos días antes, casi fue asesinado el comisario de la Policía Federal Carlos Zunino quien era su mano derecha en la investigación.
En total se registraron cuatro muertes vinculadas a la profanación: actores y testigos clave fueron eliminados. Llegado Carlos Menem al poder, la causa se cerró y fue reabierta luego en 1994 por el juez Alberto Baños, exsecretario del magistrado asesinado.

En 2007, el juez Baños le envió un escrito al presidente Néstor Kirchner solicitándole los antecedentes de más de cincuenta personas, entre civiles y miliares, de oscuro pasado en la dictadura, y con fundadas sospechas de que tenían algún grado de vinculación con la profanación. Recién dos años después, recibió de Jefatura de Gabinete una escueta carilla con escasa información suministrada por el Ejército con un par de párrafos referido a sólo uno de los nombrados. En los archivos periodísticos hay más información acumulada de la mayoría de esos sujetos que la brindada por el propio Estado.
La realidad indica que, de los últimos 34 años desde que se produjo la profanación, el peronismo gobernó el país durante 24 y nada hizo para saber quiénes robaron y secuestraron las manos de Perón. Un hecho impune y un misterioso pacto de silencio entre sus pretendidos herederos políticos vigente hasta hoy.
El lunes próximo, Alberto Fernández asumirá la conducción del Partido Justicialista, en una ceremonia que, en principio, iba a realizarse el domingo en la Quinta de San Vicente, precisamente en el lugar donde se encuentra el cadáver profanado del fundador del movimiento peronista. Quizás por un reflejo de pudor de último momento, el acto tendrá lugar finalmente en el microestadio de Pilar.

“Como en otros hechos de la Argentina, el tema del robo de las manos del expresidente Perón interesa más afuera del país que a los propios argentinos”, dijo Claudio Negrete a Infobae. Y agregó: “Tengo esperanzas de que esta producción mundial pueda servir para reactivar el interés político y la investigación judicial que nos permita saber quienes hicieron la profanación y donde están las manos del General”.
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