Nelson Castro: “Francisco contesta que no vuelve a la Argentina a vivir, en una visita no lo sé”

El autor de “La salud de los papas” cuenta la trastienda de su entrevista con Bergoglio y la reserva que guardó por dos años de esa sorprendente respuesta del pontífice argentino

Entrevista a Nelson Castro - La salud de los Papas - #Entrevista

Historias de omnipotencias, ignorancias, intrigas, personajes misteriosos, medicinas escasas y médicos exóticos constituyen la materia de La salud de los papas. Medicina, complots y fe. Desde León XIII hasta Francisco, editado por Penguin Random House. El último libro de Nelson Castro quien, con pluma profunda, detallista y conocedora, habla de salud, enfermedades, vida y muerte, con los ribetes novelescos que la historia misma ofrece al buen investigador y que claramente superan cualquier ficción. Para esta producción, entrevistó personalmente en el Vaticano al papa Francisco en febrero del año 2019. “Este momento para mí es único e histórico, también para la historia del papado que tiene este documento de Francisco que es único”, sostiene Castro.

— Con este tu nuevo libro -lo devoré en dos horas- estás llenando tapas y portales, nos has dado mucho títulos este fin de semana… ¡Qué lío armaron con Francisco! En el último capítulo desarrollás tu diálogo con él sobre su salud y, casi al final, leemos tu pregunta: “—¿Cómo imagina su muerte?” y la respuesta: “—Siendo papa, ya sea en ejercicio o emérito. Y en Roma. A la Argentina no vuelvo”

— Me alegra que te haya gustado todo el libro al que yo defino como histórico, atrapante y único. Histórico, porque todo lo que se cuenta es verdadero. Atrapante porque demuestra que la realidad supera y con creces a la ficción, por todo lo que representó y representa la salud de los papas, todo lo que hay atrás de eso y lo que pudimos averiguar. En este sentido, quiero marcar el gran trabajo que hizo Marina Artusa en el Archivo Vaticano. Y único porque se produce un hecho histórico: nunca un papa había hablado de su salud de la manera en que lo hizo Francisco, por lo tanto esto le da un elemento, insisto, que hace a lo histórico y único.

— Me imagino lo que habrás sentido cuando escuchaste de su boca que quería que vos escribieras este libro. Contanos, por favor, ese pedacito de tu vida que rebota en Brasil, Italia, Argentina…

— Es una historia increíble. Se inicia en Río de Janeiro. Cuando contigo estuvimos ahí cubriendo el primer viaje papal que catapultó a Francisco a esta popularidad extraordinaria. Y allí se produjo, para mí, un hecho increíble. Había un chico, Matías, que en aquel momento tenía 15 años y padece de distrofia muscular, una historia de vida fenomenal, si no es abogado ya se está por recibir, y estaba entre las personas que, con algún problema salud, Francisco quería contactar en primera línea. Si buscás en la televisión del Vaticano se ve ese momento en la catedral de Río. El chico, que estaba con un profesor y su papá, me pide que sea yo el que lo acompañe llevándolo a él al lado, lo cual me permitió estar en primerísima fila. Allí yo hablo con Francisco y se produce el reportaje para la radio y la televisión. El otro día, me comentaba monseñor José María Arancedo: “Nelson, yo me acuerdo de ese momento. Francisco se sorprendió de verlo ahí y se puso contento”.

— Nosotros, que estábamos relativamente cerca, con otros colegas de Argentina le vimos el rostro a Francisco de enorme alegría.

— Eso fue una cosa impactante. “Cuando se iba volvió a saludarlo”, me dijo Arancedo también. Lo cierto es que un mes después yo me encuentro en mi casa con un sobre de la Nunciatura con una carta de él, escrita con esa letra chiquita, pareja, muy legible, en la cual me cuenta que se puso contento porque me vio ahí, recuerda las veces que iba a la parroquia Cristo Rey acá en Villa Pueyrredón donde yo soy feligrés, y que tomaba el 111, y lo que generaba allí, y me dice: “Usted tiene que escribir un libro sobre la salud de los Papas”. Yo creí que era una manera elegante de aludir a mi libro “Enfermos de poder”. Así que lo tomé así.

— Hasta que te lo volvió a decir...

— Sí. El tiempo pasó. Tiempo después me piden cubrir el relanzamiento de Scholas Ocurrentes en Roma. Ahí voy y nos recibe en la audiencia pública. Estábamos con Alicia Barrios, con Belén, su hija, con Alfredo, el papá de su hija, con Sebastián Sánchez, mi productor, y aparece el Papa. Al primero que se dirige es a mí y me pone el dedo así [hace un gesto de mandato] y me dice: “Ya le dije que usted tiene que escribir un libro sobre la salud de los Papas, empezando por mí porque yo le voy a contar mis neurosis”. Alicia me miró, se quedó tan impactada como yo, inmediatamente se combinó una reunión privada con el Papa en la que me dijo “usted tiene que escribir ese libro, arréglese cómo lo va a hacer, yo le voy a dar la entrevista”. Ahí llamé a Juan Ignacio Boido [director editorial de Penguin Random House]. Fue una hechura muy compleja porque hubo que hacer un armado de acciones. Primero conseguir la autorización para ingresar al Archivo Vaticano, después encontrar quién tomaría esa parte de la investigación, encontramos a Marina Artusa, gran periodista de Clarín, gran persona y que lo hizo fantásticamente. Y después, te confieso, Virginia, está el tema de la entrevista.

Jorge Bergoglio y su primer viaje apostólico al Brasil
Jorge Bergoglio y su primer viaje apostólico al Brasil

— Pero claro: las coordenadas las da él.

— Ocurrirá, no ocurrirá… Y fue pasando el tiempo. Aquello fue en 2017, pasó todo 2018, el libro fue avanzando. El 1º de enero del 2019 a las 6 de la mañana me vibra el teléfono indicando que había llegado un mensaje, un primer día del año… Era un mensaje del padre Fabián Pedacchio, secretario de Francisco, que me dice: “Quiero comunicarle que el Papa le ha otorgado la entrevista para el 16 de febrero de 2019 a las 11 de la mañana”, y sigue muy divertido: “Fíjese si tiene libre porque si tiene otra cosa que hacer, lo vemos”. (risas) Te imaginás, ¿no es cierto?

— Claro.

— Y ahí comenzó una cuenta regresiva. Me parecía increíble. Me decía a mí mismo: “Esto se cancela en cualquier momento”. Fueron pasando los días hasta que fuimos a Roma y se comunica nuevamente el padre Pedacchio: “Le va a llegar una invitación al hotel, va a notar un detalle muy importante, el Papa lo va a recibir en una audiencia oficial para el reportaje lo que significa que quiere que todo quede registrado”. Y efectivamente fue así, por eso están las fotografías públicas de nuestra entrevista. Así que fue muy emocionante y además generó una última incógnita porque yo no sabía cómo iba a reaccionar él ante mis preguntas. Podés encontrarte con alguien que habla abiertamente, o que te contesta monosilábicamente… Eran 20 minutos preciosos. Él me recibe, y empieza a hablar. Habló una hora y cuarto. La entrevista termina con esa pregunta que la envió la Providencia [¿Cómo imagina su muerte?], la contesta y tocan la puerta. Aparece el secretario que le dice: “Santidad, el cardenal de Milán está esperando con 250 personas que usted tenía que recibir a las 11.30… son las 12.15…”. Y Francisco me dice: “Uy, Nelson, se pasó la hora…”. Lo cuento y se me pone la piel de gallina.

— Lo emocional con Francisco, una vez más. Él abre el corazón y te cuenta hasta los mínimos detalles, hasta ese preinfarto que tuvo en presencia del padre Pepe Di Paola, su traslado al hospital Penna y después al sanatorio San Camilo, episodio que no se conocía… Y esas cinco palabras que te dice al final: “No vuelvo a la Argentina” que guardaste in pectore dos años…

— Es muy interesante, porque él contesta “no vuelvo a la Argentina” a vivir, en una visita no lo sé, pero la realidad es esa, porque cuando termina el reportaje me dice “¿qué va a hacer con esto?”. Y le contesté: “Un libro, el que le prometí”. Y sigue Francisco: “Espero el libro”. Con lo cual estaba al frente de un compromiso para que ninguna de esas cosas trascendiera antes de que estuviera el libro. En ese momento yo asumo ese compromiso, vos lo captaste muy bien. Mientras hacía el libro, esa cuestión era todo un tema, tenía “eso” y a la vez el compromiso de no transformarlo en un artículo periodístico. Imaginate la ansiedad con la cual esperábamos completar el libro porque nos faltaban cosas. Me acuerdo de un gran sacerdote de Bariloche, el padre Eduardo De Paola, un hombre cercano a Francisco, cuando yo una tarde hablo con él me dice esto mismo que vos me marcás: “La única manera que usted tiene de publicar esto es en un libro, tiene un compromiso y no tiene mucho tiempo para cumplirlo”. Lo que vos decís forma parte de esa trastienda que generó una presión enorme en cuanto a completarlo y a la cual la pandemia le agregó una presión extra porque sacar libros en ese tiempo era una cosa complicada. Me siento espiritualmente tranquilo de haber cumplido con ese compromiso.

— He tenido oportunidad de entrevistar a algunas personas que me comentaron que Francisco sabía desde muy joven que iba a ser papa, personas de su amistad que en su juventud tuvieron ese pálpito. Sin embargo, él parecía hacerse el distraído, como diciendo “esto no va a suceder”. ¿Cómo lo viste de salud en aquel momento? ¿Cuál sería tu diagnóstico si lo miraras como médico?

— Vi a un hombre con absoluta buena salud, feliz, feliz. Con un cutis fresco, una mirada vivaz, un rostro luminoso, un hombre que tiene una actitud de alegría frente a la vida. Con todos los problemas que debe enfrentar. Él me preguntó: “¿Usted cómo me ve?”. Le expresé que lo veía muy bien y me dijo: “Así estoy, absolutamente tranquilo, tengo que enfrentar problemas todos los días, es mi trabajo, el Espíritu Santo y Dios me ayudan siempre”. Lo vi perfecto y con el contraste, como te pasará a vos y a todos los que conocimos a Bergoglio, cosa que le dije… el Bergoglio que conocimos en Buenos Aires era alguien absolutamente diferente de este hombre con una vitalidad y una dinámica…

— Otro rictus en la boca completamente…

— …sonriente, con conocimiento de todos los detalles, preguntando por A, por B, por C, que es una cosa que te impacta y que vimos a lo largo de las coberturas de todos estos años, porque creo que este aspecto del Papa, con el contraste del Bergoglio que conocimos aquí, nos ha sorprendido gratamente a todos. Lo vi de salud muy, muy, bien.

 (AFP)
(AFP)

— Habla con mucha naturalidad y libertad de la vida psíquica. Esto no es muy común en los personajes públicos, en las personas que tienen tanta incidencia en la opinión pública como él que es un líder global. Dice que durante los años de la última dictadura en la Argentina en los que estuvo involucrado salvando personas, recurrió a una psiquiatra para que lo ayudara en esto de manejar los miedos. ¿Cómo interpretás esta combinación de libertad-naturalidad de Francisco para afrontar su propia vida psíquica?

— A mí me sorprendió. Es un agregado fundamental esto que vos marcás por varias cosas. Primero porque creo que esto es un mensaje para los sucesores: somos Papas, somos personas, tenemos que estar abiertos a que nos conozcan como tales. Muy potente porque él se muestra en todas sus facetas humanas, como vos decís, con miedos, ansiedad… Lo segundo: cuando él habla de la necesidad de las ayudas es un mensaje para todos los sacerdotes y toda la Iglesia. Está diciendo “busquen ayuda, no tengan preconceptos en buscarla para manejar los enormes problemas humanos”. La confesión es un elemento importante, pero la ayuda profesional de quien te ubica para afrontar problemas es muy fuerte, esto lo trasciende a él. En todo esto veo un mensaje para sus sucesores y para todos los sacerdotes, religiosas. Ellos sufren situaciones problemáticas, angustiantes, experimentan miedos. No sé si tomarlo como un elemento de liberación al decirles: “No se inhiban de buscar esa ayuda cuando la necesiten porque el objetivo es el prójimo”. Él dice: “Esto me ayudó a manejar mejor los miedos, las neurosis a las que les agradezco, para enfrentar mejor los problemas que tengo todos los días”. Y además lo explica con tanta minuciosidad que queda claro que era algo que él quería contar.

— Además, creo que con esto él transparenta una serie de decisiones que tuvo que tomar en su vida y que muchos que no lo conocen le atribuyen tomar decisiones en soledad. Es muy posible que él tuviera en su carácter, y de hecho lo tiene, este don de gobierno en lenguaje jesuita. Claramente lo tiene y lo ejerce pero no en soledad.

— Así es.

ESPIRITUALIDAD VS. OMNIPOTENCIA

— Pensaba en el gran volumen espiritual que tiene el Papa. ¿Cómo pensás, cómo médico y creyente, que incide la masa espiritual de una persona al enfrentar sus propias cuestiones con la salud?

— Es un tema muy importante porque eso significa primero reconocerte ser humano. El poder en el ser humano genera omnipotencia: “Yo tengo poder y estoy por arriba de todos”. El Papa se muestra como un mortal más lo que constituye un elemento muy importante para el hombre poderoso para darse cuenta de que el poder no te protege de ningún tipo de problema. Punto que deja especialmente expuesto y marca cómo, además, si no manejás tus enfermedades adecuadamente eso altera tu vida emocional y también tus decisiones. Francisco dice “somos mortales”. Para sus sucesores es muy importante, para la gente de poder es muy importante, va a impactar fuertemente en las líneas de poder.

— ¿Cómo estabas vos durante la entrevista, emocionado, tranquilo? ¿Él te favoreció el diálogo, hubo algún silencio difícil?

— Yo estaba muy tranquilo. La incógnita era cuál iba a ser su actitud: abierta o con tirabuzón. Pero quedó claro que él quería hacer la entrevista. Eso es clarísimo. Esa era mi duda: sus ganas. Porque puede ser un compromiso que vos asumiste… lo voy a atender 10 minutos… Se dilucidó al minuto: habló con tal fluidez… Mi incógnita también era si íbamos a abordar enfermedades físicas. Pero mi gran desafío era también, por supuesto, lo psíquico. Me acuerdo que Juan Ignacio Boido, cuando estábamos en el minuto a minuto, me dice: “Nelson, ¿te animarías a preguntarle si sueña, si tiene sueños?”. “Por supuesto”, le contesté, “tengo toda una serie de preguntas que tienen que ver con lo psicológico”. Pero yo no sabía cómo él lo iba a tomar. Y fue impactante porque efectivamente a los dos minutos dije “esto va a fluir”. Habla de si miente o no miente. Lo psiquiátrico lo cuenta de una manera realmente increíble. Si se enoja o no se enoja. Estábamos en presencia de un diálogo que iba a ser histórico.

PÍO XII: UN PACIENTE EXÓTICO CON MÉDICO EXÓTICO

— Como argentinos podemos hablar una hora más de Francisco pero quisiera preguntarte algunas cosas de otros papas de otros tiempos que realmente tienen una intriga novelesca. Hay algunas personas que realmente son perlas maravillosas. Aparece nuevamente el tema de la humildad y la soberbia todo el tiempo como buscando contraposiciones. Pensaba en la salud de Pío XII, que elige un médico rarísimo, medio loco, y que busca terapias alternativas que no tienen fundamentación científica. ¿Por qué no nos contás un poco cómo fue esa vida y esa muerte de Pío XII?

— Pío XII es uno de los capítulos más impactantes aunque todos son impactantes. Efectivamente él elige al profesor Riccardo Galeazzi-Lisi que era un oftalmólogo; un hombre exótico que se encontró con un paciente exótico. Esto es muy importante. Pío XII era un hombre con una personalidad muy compleja. Creído de que él era un iluminado, el último papa-príncipe de la Iglesia, y que tenía dominio de todo. Es increíble la cantidad de discursos que tiene Pío XII inaugurando congresos médicos, una cosa que lo apasionaba. Un hombre que decía que hablaba 10 idiomas y los hablaba todos mal, pero tenía esa idea. Un hombre a quien también le interesaba lo mundano. A mí me impactó el fragmento de la entrevista en la que Orson Welles detalla su encuentro con Pío XII: “Voy a hablar con el Papa con esas manos de lagartija”, pensó, “y me preguntaba por Tyrone Power y cosas de Hollywood… esa fue mi entrevista con el Papa”. Él quería demostrar que hablaba muchos idiomas y, a la vez, tenía dificultades con la dicción: sufría de problemas gastroesofágicos muy importantes y muy mal manejados que le produjeron hipo crónico. “Yo tengo que dar muchos discursos, en muchos idiomas, tengo que hablar bien”, sostenía Pío XII. Todo esto lo llevó a tomar ácido crómico lo que casi le destruye las encías y demás. Y se encontró justo con un médico que, te diría, era la otra cara de la moneda: lo expuso a tratamientos muy malos que le deterioraron su salud, lo mismo que pasó con el doctor Paul Niehans en Suiza cuando le dio supuestamente células vivas. También Pío XII demostró una resistencia fenomenal y eso generó, en un momento, una reunión de cardenales que lo tuvo que convencer para que lo atendieran dos profesores de la Facultad de Medicina de Roma. Y Pío XII, después de mucho, aceptó. Los profesores se encontraron con que tenía un reflujo gastroesofágico que, cuando lo empezaron a tratar, mejoró automáticamente en cinco, seis días. Y tiene el episodio de la muerte como puntualmente llamativo también. Galeazzi-Lisi había hablado con los periodistas y, en su afán de protagonismo, les había dicho que el Papa se moría. A lo que le sumó este dato: “Cuando yo abra la ventana significa que Pío XII falleció”.

— Ese episodio es novelesco desde todo lugar.

— El médico del Papa no cuenta con que una de las hermanas a cargo de la limpieza de la habitación entra a la mañana y abre las ventanas, entonces los periodistas entienden que ese es el signo y van a comunicar la muerte de Pío XII que todavía estaba vivo...

Pío XII, otro de los Papas cuya salud es analizada en el libro (Shutterstock)
Pío XII, otro de los Papas cuya salud es analizada en el libro (Shutterstock)

JUAN PABLO II: EL ROL POLÍTICO DE LA SALUD

— Juan Pablo II y su agonía como vos definís “casi eterna”. ¿Eso médicamente está bueno para una persona con sus responsabilidades? Cuando lo veías, ¿qué pensabas de ese, no sé si llamarlo arrojo, amor inmenso que Juan Pablo quería trasmitirle a la gente?

— Es un dato muy importante e interesante. Te voy a contar esta anécdota que alguna vez conté. Una de las cosas que el libro tiene, y ya viste a propósito de la salud, es la cantidad de Papas que estuvieron o pensaron en renunciar. Juan Pablo II fue uno de ellos pero no lo hizo. Juan Pablo II quiso mandar un mensaje de lucha frente a la adversidad. Pero que tuvo un efecto primero muy controvertido desde el punto de vista ético-médico en cuanto a sus consecuencias. Porque efectivamente había ahí un hombre que no estaba en el dominio de la situación. Y eso genera una enorme duda sobre su capacidad de manejo político del Vaticano que explica muchas de las cosas que han sucedido durante ese papado en su parte final. Entonces, fijate vos, cómo la salud juega un rol fundamental. Ese papa era un papa manejable porque era dependiente de los otros. Ese es un punto clave y está muy bien la pregunta: el rol político de la salud es una cosa impactante. El libro tiene ese enfoque, no es una mera enumeración de dolencias. Esto lo llevó a Juan Pablo II a pensar en renunciar. Y él dio una instrucción, que detallamos muy bien en el libro, que por supuesto nunca se cumplió porque no hay constancia de que ningún médico le haya dicho que tenía que renunciar.

—¿Francisco ya recibió tu libro?

— Creo que realmente lo va a recibir. Está viajando a Irak el viernes. Si estuviéramos en tiempos normales mañana salía un avión y llegaba antes de que partiera. Pero supongo que va a ser en estos días.

— ¿Estás contento con lo que estás viviendo, estás satisfecho con lo que escribiste?

— Muy feliz, muy feliz. Estoy muy feliz. Y me parece increíble que lo haya podido hacer. Como me decían Mercedes Sacchi y Ana Laura Pérez que fueron unas editoras fenomenales, “Nelson, este libro no lo vimos nunca”. Así que estoy muy feliz y cuando veo la respuesta de gente como vos, porque para mí ustedes son jurado, para mí es muy importante realmente.

— En alguna oportunidad nos tocó presentar libros de monseñor Jorge Lozano con el cardenal Bergoglio, quien decía “este libro va a hacer bien”. Y yo creo que tu libro va a hacer bien. Porque nos ayuda a mirar con agudeza, con sentido común y sobre todo recuperando la humildad que nos hace falta para seguir adelante en estos tiempos en los que la diferencia la hacen los grandes humildes.

— Efectivamente. Así es.

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