
Uno de los atractivos principales que lleva a millones de visitantes año tras año a pasar sus vacaciones en Córdoba son los ríos serranos que bajan desde lo alto de las sierras bañando hermosas playas doradas y recodos de piedra.
Sin embargo, junto con la calidez de sus aguas, la tranquilidad de sus playas, los ríos serranos tienen algunos aspectos de gran peligrosidad como son las grandes crecientes, las piedras en el fondo y los pozos que no parecen peligrosos pero que generan torbellinos que confunden a los desprevenidos y los pueden “chupar” hasta una profundidad que en algunos casos supera los 4 metros.
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Por todo esto, aunque los veamos con sus trajes de baño rojos, los salvavidas, la mirada clavada en el agua y el trabajo se llame igual cumpliendo la misma función, la labor de los guardavidas de río es mucho menos difundida y la tarea que cumplen es muy diferente a la de sus colegas del mar.
Desde hace más de 50 años, la municipalidad de Villa Carlos Paz tiene un cuerpo estable de guardavidas que en cada temporada estival vigila los balnearios más populares de la ciudad.
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Ariel Ferrando hace 21 años que forma parte del Cuerpo de Guardavidas de Villa Carlos Paz, del cual hoy es jefe, y explica: “Las condiciones del ámbito de trabajo que tenemos acá implican otras habilidades y otros entrenamientos. Nosotros no tenemos grandes distancias de nado. En los ríos seranos como el San Antonio que pasa por Carlos Paz, lo que tenemos que desarrollar es poder correr entre las piedras. Vas a ver que todos los guardavidas están llenos de lastimaduras y cortes en los pies. O tienen una uña menos porque el trabajo es ese: ir corriendo a máxima velocidad entre las piedras para poder tirarnos al agua y hacer el rescate. Esa es la diferencia que tenemos con el trabajo de los guardavidas de mar”.
El entrenamiento de los guardavidas comienza en agosto o septiembre, con aguas gélidas, y no para durante la temporada aunque ya están trabajando.
“Los entrenamientos se dan en el lugar de trabajo. Nosotros entrenamos y trabajamos en situaciones puntuales que se nos presentan en los balnearios. Rescates que se dan en algunos lugares puntuales, que son pozos permanentes y después en otros lugares que se van modificando luego de paso de cada creciente. Cuando pasa el agua con fuerza, a veces pasa de ser un banco de arena a un pozo o al revés. Por eso el primer trabajo del guardavidas al ingresar es relevar su puesto de trabajo para ver cómo encuentra el lugar. Conocer cada centímetro del río es fundamental”, explica Ferrando.
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Las crecientes, un gran peligro
En el San Antonio, como en el resto de los ríos serranos existe un sistema de monitoreo del río que avisa a las Defensa Civil, Guardavidas, Bomberos y Policía, cuando llueve mucho en el nacimiento del río y si vienen crecientes. Éstas pueden llegar a tener 3 o 4 metros y llegar en segundos a una playa. En ese momento se activa todo un sistema de prevención para sacar a la gente de las costas y balnearios.
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Muchas veces, la gente por desconocimiento o negligencia, no toma dimensión real dimensión, y allí entra a jugar nuevamente el trabajo de los guardavidas.
“También entrenamos en creciente porque nos pasa siempre que gente no hace caso a la prevención, se quedan en el río y luego con la subida del agua que se da a veces en segundos, quedan atrapados en una piedra o queda sumergidos con fuerte riesgo y es nuestro trabajo rescatarlos”.
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“Estamos entre los 300 y 400 rescates promedio por temporada. Cada guardavidas hace 10 a 15 rescates”, cuenta Ferrando.
Muchos de los rescates también se dan por golpes: gente que se tira al río desde algún lugar elevado sin evaluar la verdadera profundidad del río o la presencia de piedras en el fondo.
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“El riesgo está en todo lo que hace la gente. Si se tiran en el río sin ver si hay piedras en el fondo, es muy riesgoso. Esos son rescates muy complicados, porque muchas veces implican una movilización, luego curación y un traslado a algún centro de emergencia. Por otro lado cuando son en profundidad es porque se han desvanecido y también tiene un complejidad muy grande”, cuenta.
El rescate de una abuela y cuatro niños
Sobre su experiencia personal, Ferrando cuenta un rescate que asegura: “me marcó”.
“Hace algunos años me tocó un caso que recuerdo mucho. Una abuela con tres nietos a los que los sorprendió un pozo muy reconocido que se llama ‘El Sapo’. La abuela y los nietitos no sabían nadar. Yo estaba solo porque era el horario de apertura y tenía que rescatarlos a todos. Primero saqué a dos de los nietos, los dejé en un lugar seguro pero la abuela había quedado en el fondo a 3 metros de profundidad agarrada al otro nieto. Me sumergí y se lo tuve que arrancar de los brazos, llevarlo afuera y luego volver a buscar la abuela para poder sacarla. Gracias a Dios todo salió bien y pude rescatar a los 4.”
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Como particularidad, Ferrando cuenta que en los últimos años se ha destacado el rescate a mascotas: “Mucha gente viene con los perros o algunos son de la zona y cuando el agua crece, el perro no se da cuenta que con 20 o 30 cm más de lo que hay siempre, ya no pueden cruzar, se meten y los arrastra el agua y hemos tenido que hacer muchos de esos rescates.
Fotos: Mario Sar
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