
“Este 2020 corrí una maratón vestido de vaca, luego de alimentarme por menos de un dólar por día con una dieta vegana”. Para Matías Osman ese fue el momento más valioso de su año, porque pudo poner en hechos aquello que viene promoviendo hace tiempo desde su emprendimiento gastronómico: Molé.
“Nuestro objetivo es ayudar a las personas para que puedan alimentarse a base de plantas, de manera simple, innovadora y nutritiva, y que esté en sintonía con las necesidades de nuestro planeta. Eso es todo lo que nos importa y no vamos a cambiarlo”, agrega a su propósito.
Matías es curioso, inquieto, apasionado y activista. Tiene 39 años y nació en Córdoba Capital. Allí se crió, estudió y se recibió de contador público, aunque siempre supo que quería tener un proyecto personal para trascender.

Lo primero que hizo fue salir a emprender con ideas que le iban surgiendo, un poco para sobrevivir y otro poco con la idea de seguir el legado familiar. “Iba probando, investigando y poniendo en práctica”, recuerda. En ese camino tuvo una pizzería, luego envasó vegetales para retail. Lo cierto es que nada de eso estaba en sintonía con su verdadero objetivo.

El gran cambio llegó cuando Matías cambió su alimentación. Eligió ser vegano, dejando atrás cualquier proteína animal y sus derivados. Una decisión personal, aunque con impacto en su entorno. “Lo que más me costó fue que las personas a las cuales amaba no quisieran escuchar abiertamente los motivos por los cuales vale la pena cambiar de alimentación. Hoy varias personas de mi círculo se corrieron hacia una dieta basada en plantas y están felices”.
Esa transformación vino de la mano de la creación de una línea de productos deshidratados basados en plantas, para que la gente -asegura- pueda comer mejor, y barato. “Hay dos mitos que buscaba derribar. Uno es que para estar bien alimentado hay que gastar mucho dinero. Y otro, que toda la preparación de los platos veganos son laboriosos. Con Molé vinimos a cambiar con eso”.
Hoy, en Molé trabajan unas 15 personas. La planta abarca unos 1000 metros cuadrados entre producción, depósito, laboratorio y oficinas. “Las recetas -guisos, risottos, polenta y sopas- salen de nuestras casas, de probarlas antes con la familia, con los amigos, y conocidos”, dice.

No solo eso, Osman pensó en la practicidad: “Solo necesitás una olla, algo de agua y listo. La comida viene deshidratada, pensada para alimentar de manera práctica, rápida y nutritiva.
El precio de venta es competitivo, rinde entre 3 a 4 porciones y se consigue en los supermercados a 120 pesos. Tal vez ese sea el secreto de la buena recepción en las góndolas, venden 70 mil unidades por mes y están presentes en casi todo el país, desde Salta hasta Tierra del Fuego.
-¿Cuál fue el mayor desafío a la hora de emprender?
-Es como manejar un auto de noche. Se puede manejar con luz baja o con luz alta. Lo mismo sucede cuando emprendés. La luz baja es quedarte en lo cercano, en lo inmediato, en la coyuntura, en las limitantes. La luz alta es ver a largo plazo, con más amplitud, perspectiva y confianza. Ser consciente con qué luz estás manejando te lleva a no limitarte y eso es un desafío a diario en un país que tiende a circular con luz baja. Para emprender no se necesita solamente dinero. Se precisan muchísimas ganas, humildad, sensatez, perseverancia, compromiso y visión”.

Terminar con el hambre, la cuota pendiente
En 2020, durante seis meses, Matías se propuso un desafío individual, alimentarse con unos $100 por día, menos de un dólar. No consumió proteína animal ni sus derivados: su dieta fue a base de vegetales. A eso le sumó una preparación física para una maratón de 42 kilómetros, que no solo terminó, sino que hizo una buena performance. Con este experimento demostró que es posible obtener una óptima nutrición a bajo costo.

“Hace dos años encaré el compromiso social desde el lado de la alimentación porque creo que es mi manera de aportar con la comunidad. Mi sueño es acabar con el hambre mundial. En un país donde se producen alimentos para 400 millones de personas, hay niños con hambre”, destaca.
Es por eso que Molé también produce un superalimento vegano llamado Alimentum, rico en un contenido nutricional alto en proteínas, vitaminas y minerales, fuente de fibra, sin colesterol y sin sodio. Este cuesta 20 pesos la porción y solo se vende a instituciones públicas, municipios y comedores.
Defensor del medio ambiente, Matías sostiene que “la alimentación a base de animales también está dañando nuestros bosques, nuestra agua, nuestros suelos, nuestro clima, nuestro futuro y el futuro de nuestros niños. La alimentación del futuro debería acercarnos a nuestra salud“.
Del lado médico, la licenciada en Nutrición Bárbara Rodríguez, del Departamento de Alimentación y Dietética del Hospital de Clínicas, consultada por Infobae, sostuvo: “Las dietas vegana y vegetariana surgen como variantes, cuando por diversos motivos las carnes no son una opción dentro del menú. Para suplantar lo que aportan a la nutrición del cuerpo debemos planificar la dieta, ya que la selección de los alimentos en casos tan restrictivos resulta crucial”.
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