
Hace menos de una década, el Concejo Deliberante de General Pueyrredón aprobaba un tope horario que condicionaba a los bares y boliches de la calle Alem. Aquella decisión, sumada a las innumerables denuncias de los vecinos por los ruidos y el desenfreno que se allí vivía, provocó que con el correr de los años decenas de locales nocturnos cerraran sus puertas.
Los comerciantes que no vivían de aquellas noches, extendidas hasta las primeras horas de la mañana, también sintieron el impacto. Poco a poco, los bares y las cervecerías se instalaron en Güemes u Olavarría y aquellos que ofrecían diversión bailable mudaron su fiesta a Playa Grande. Sin embargo, los locales que sí se quedaron oscilaron entre la expectativa e incertidumbre de no saber qué pasaría en una zona que había visto bailar a miles de jóvenes.
Recién en las últimas dos temporadas, junto a una gran inversión gastronómica en el sector, el cual implicó la modificación de las estructuras comerciales, comenzaron a verse los brotes de una semilla que sueña con recibir a un público masivo pero familiar, lejos del ruido y las luces.

“Allá por los 90 Alem era una de las calles principales de Mar del Plata. Tenía una oferta comercial muy amplia y siempre estaba llena de turistas. A partir del 2000 empezaron a explotar los bares y boliches, que competían con los ubicados en la mítica Avenida Constitución. Estos fueron cerrando y, con los años, la zona repuntó a partir de opciones gastronómicas”, explicó Federico Scremin, presidente del Ente Municipal de Turismo de Mar del Plata (EMTUR), a Infobae.
Tal como dijo Scremin, la llegada del nuevo milenio trajo consigo el furor de los bares en Alem, que modificó una propuesta gastronómica que comenzó a enfocarse en la diversión de los jóvenes. Para los turistas que veraneaban por la zona, y para los propietarios que intentaban alquilar sus casas o departamentos, este auge se convirtió en un problema.
“La gente comenzó a dejar de venir por esta zona. Se encontraba con un desastre a partir de las 11 de la noche. No podían estacionar, el tránsito era un caos, te llevaban puesto. Pensá que las temporadas entre el 2005 y 2010 fueron impresionantes, acá no se podía ni comer en la vereda”, recordó Ricardo, dueño de una de las confiterías más concurridas de la zona, a Infobae.
El gastronómico también rememoró que él, junto a otros comerciantes, buscaba que el municipio reconvirtiera la zona y que a partir de allí se colocaran otras propuestas sobre la mesa. Pero las restricciones fueron más fuertes y el público comenzó a elegir otros sitios para pasar sus noches. Esta caída implicó que muchos empresarios cerraran su bares y que el resto sufriera veranos de poca presencia por Alem.
Desde junio de 2011 (fecha en la que el ex intendente Gustavo Pulti implementó estas condiciones) hasta noviembre de 2012, Alem e Hipólito Yrigoyen sufrieron el cierre de 35 bares. La mudanza de estos locales y pubs bailables tuvieron como propósito devolverle a los vecinos de Playa Grande un escenario de calma, propicio para el recibimiento de un público más amplio que no sólo se centrara en la juventud.
Sonia, gastronómica marplatense, relató que “Alem era una cita obligada para cualquier turista que viniese a Mar del Plata. Si bien quedó la imagen de que la zona fue acaparada por los jóvenes, la década del 90 la convirtió en un lugar muy requerido, ultra famoso en la ciudad. Quienes tenían locales ahí padecieron la ida de estos bares, porque potenciaron Güemes y Olavarría y ocasionaron que esta zona quedase un poco olvidada”.
El sueño de un polo gastronómico
Como en cada proceso, para que Alem vuelva a reposicionarse entre las zonas más visitadas se necesita tiempo y turismo, dado que este verano entrega uno de los peores registros como consecuencia de la pandemia y de la crisis económica que atraviesan muchas familias.
Vale destacar que la calle Alem cuenta con varios puntos a favor en relación a su delimitación geográfica. Está cerca del Barrio Los Troncos y al paso de quienes viajen desde el centro o La Perla hacia los balnearios de Varese, Playa Grande o Punta Mogotes. Y a ello otra diferenciación: su traza se ubica a sólo 300 metros del mar.

“En esta temporada se sumaron los decks de los corredores gastronómicos. Hoy tenemos restaurantes, confiterías, heladerías. Es un polo que buscamos potenciar para la gente de la zona y también para lograr que lo visiten más turistas”, agregó Scremin.
En la zona conviven La Fonte, Manolo, Adorado, Freddo, Havanna, Torombolo y más comercios. La oferta cambió de manera transversal. Sin embargo, los precios son amigables y sentarse a consumir no reviste una mayor erogación de dinero que en otras zonas marplatenses.
“Soñamos con que en 10 años podamos volver a ver una Alem repleta. Una Yrigoyen colmada. Porque ambas se nutren entre sí. Confiamos en que llegará más inversión y que aquí volverán a concentrarse más propuestas, sin que estas excluyan o perjudiquen la vida del turista”, completó Ricardo.
Fotos: Christian Heit
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