
Persiguiendo su sueño de hacer cine a nivel internacional, Maximiliano Barrientos no dudó en dejar atrás su vida en Posadas, Misiones, para filmar un cortometraje en Inglaterra. Pero la pandemia frustró sus planes y al quedar varado y sin trabajo tuvo que vender hasta su cámara para poder comer y pagar el alquiler. Los 850 euros que había ahorrado se fueron esfumando por el alto costo de vida inglés y terminó en situación de calle, muy deprimido. Y cuando todo parecía no tener solución y se encontraba planeando el regreso a la Argentina, se le presentó una nueva oportunidad para volver a empezar: cruzó a Francia, se instaló en la casa de unos amigos y con apenas 15 euros se puso un microemprendimiento gastronómico que no para de crecer y sumar clientes.
La idea surgió un día de lluvia mientras pensaba en cómo multiplicar ese poco dinero que aún guardaba en sus bolsillos. En un momento de retrospección, recordó que durante su infancia vendía chipá junto a su abuelo y pensó que la elaboración casera podría convertirse en una salida laboral frente a tanta incertidumbre.
Arrancó ofreciendo sus bocaditos a base de almidón de mandioca y queso semiduro en grupos de Facebook (de argentinos y paraguayos en París) y luego juntó coraje para instalarse frente a la Torre Eiffel y ofrecerlos a los turistas. Sin esperarlo, sus publicaciones se viralizaron, empezaron a contactarlo de varios puntos de la ciudad y se hizo conocido como “El chipero de París”.

Su objetivo era tratar de conseguir una visa para estudiantes o una visa llamada “Talent” (que se otorga para estancias largas, equivalente al permiso de residencia) antes del 5 noviembre, fecha en que vencía su permiso para residir como turista, pero no lo logró y ahora reside en Francia de manera ilegal. “Vivo con miedo a que me deporten”, admitió Maxi a Infobae mientras aguarda que se concrete el rodaje de una película que le permitiría regularizar su situación legal.
“Estoy varado en Francia, no puedo trabajar, gano lo justo y necesario para pagar el alquiler y tengo una carrera contra el tiempo. Los festivales de cine se aproximan a París y para mejorar mi situación la única alternativa es hacer una película para obtener una Visa excepcional que se le otorga a los artistas de renombre. Mi vida parece una película pero es la cruda realidad”, señaló el joven, quien cuenta con la ayuda de la abogada argentina Carolina Baza.
“Ella me contactó por Facebook, me abrió las puertas de su despacho en París y de su corazón para escuchar mi historia y así ayudarme a salir de esta penosa y frustrante situación”, recordó al cumplirse casi 11 meses de haber abandonado su tierra natal para triunfar como cineasta.

“Juntos buscamos solucionar mi situación legal en Francia y llegamos a la conclusión de que solo había un camino por recorrer para salir del abismo: filmar una película en París que pueda competir y ganar un premio o ser capaz de superar los altos estándares fílmicos de Europa para obtener el visado”, relató Maxi.
Consciente de que con la venta de las chipá le resultará imposible recaudar los 45 mil euros que necesita para el rodaje de El lado oscuro de París -una especie de reality show que retrata el tráfico de drogas, la trata de blancas y otras mafias parisinas- decidió ampliar el menú e incorporó la sopa paraguaya, el asado, los ñoquis, el dulce de batata y el pan dulce.
“Gracias al apetito de los argentinos y paraguayos, los asados se venden bien y gracias a los árabes y franceses consigo carne de buena calidad. Aunque también tengo que recorrer los lugares más turbios de París para conseguir el almidón de mandioca, los chorizos y las morcillas”, admitió el chipero mientras relataba los riesgos a los que debe someterse para subsistir.

Incluso, contó que su arribo a Francia generó una guerra impensada por el territorio de la chipá que se disputa con otros paraguayos. “Lo que empezó como una sana competencia terminó en una batalla comercial. Y yo, como cineasta, no puedo enfrentarme a los chiperos paraguayos. Mi gran desventaja es que soy argentino vendiendo una comida típica de su país. Pero como tengo que seguir vendiendo para rodar mi película utilizo mis conocimientos para potenciar mi negocio subiendo a mis redes sociales spots y campañas publicitarias de mis productos”, se enorgulleció frente a la adversidad.
Pero eso no es todo. También se animó a abrir un perfil en la plataforma GoFundMe para que la gente se solidarice con su causa y le haga donaciones. Filmar un documental no es una tarea fácil y no puede hacerlo solo. Por suerte, la cineasta Magalí Baza (hermana de la abogada) se sumó al proyecto y ahora están tratando de convocar al resto de las 65 personas -entre actores y técnicos- que necesitan para completar el staff y arrancar a filmar el 10 de enero.
Mientras durante el día se encarga de hacer las compras, amasar y hornear el chipá, por las tardes sale a entregar los pedidos que recibe en sus redes sociales y por las noches da rienda suelta a la creatividad para delinear los últimos detalles de su producción cinematográfica. “Tengo que dirigir como nunca antes lo hice ya que es mi última oportunidad para recuperar mi vida, esa vida por la que tanto luché y hoy me trajo hasta acá. Nunca voy a bajar los brazos y voy a pelearla hasta el final”, dijo Maxi con firmeza y convicción.

El chipero sabe que debe mantener una buena conducta y no cometer infracciones para no ser deportado. “A diferencia de los vendedores nigerianos que tiran una manta frente a la Torre Eiffel, yo me quedo cerca del Senna y si veo que la policía se acerca tiro la bandeja con mercadería al río para no tener problemas”, contó Maxi, quien vende la media docena de chipá a 5 euros y suele recaudar unos 600 euros por mes.
De acuerdo a sus estimaciones, la película le llevará tres meses, dos de filmación y uno de post producción. Está confiado en terminarla en abril para presentarla en el Festival de Cannes. ”Esta película se hace sí o sí, no hay marcha atrás porque no tengo otra alternativa. Necesito una visa para recuperar mi estatus legal porque así como estoy ahora ningún estudio cinematográfico me va a contratar y mi sueño es que la Warner Bros apruebe mi película sobre los veteranos de Malvinas, que requiere de un presupuesto de 28 millones de euros para su realización”, se esperanzó el “chipero de París”.
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