Sexo, maldiciones, magia negra y oscuras sospechas: “Pirucha”, la enigmática mujer del caso Barreda

La historia de María de las Mercedes Guastavino, la clarividente que le dijo al cuádruple femicida que su familia quería matarlo. Sus secretos, la extraña relación que los unía y su final

Ricardo Barreda consultaba a una vidente a la que llamaban Pirucha (Télam)
Ricardo Barreda consultaba a una vidente a la que llamaban Pirucha (Télam)

La mujer más oscura y extraña que conoció Ricardo Barreda -el cuádruple femicida que murió el 25 de mayo a los 83 años, en un geriátrico de José C. Paz- se jactaba de poder hablar diez minutos sin pestañear y haber nacido clarividente.

Le decían “Pirucha” y se llamaba María de las Mercedes Guastavino.

En una entrevista de hace casi 28 años, en la que no pestañea durante tres minutos seguidos y sus ojos saltones se mueven como un péndulo, dice que antes de que su amigo Barreda matara a sangre fría a su esposa, su suegra y sus dos hijas, el 15 de noviembre de 1992 en su casona de La Plata, ella lo vio mal. Muy mal.

-Como en una nebulosa - aclara y sonríe.

Y con la mirada cada vez más posesa, que se vuelve rígida, ofrece su delirante teoría del caso:

-Ellas lo mandaban a un parapsicólogo para que le hiciera mal. Un día lo quise llevar a ver a la Virgen del Vidrio, en La Plata, y él me dijo que era agnóstico. Y los agnósticos son una secta diabólica que causan los desastres del mundo en asquerosas misas negras.

La mujer contó que le tiró las cartas a Barreda y salió la peor imagen: la muerte. La de Barreda.

Le dijo que las mujeres de su familia estaban haciendo un trabajo. O habían ordenado un trabajo sucio.

-Te hicieron magia vudú, Ricardo - le aseguró la autoproclamada bruja.

Barreda, de acuerdo con el testimonio de Pirucha, escuchó cómo ella le decía que iba a poner todo su don para salvarlo.

-Pudimos encontrar la brujería que le estaban haciendo. Desarmé lo tenebroso. Y cuando desarmás lo que el mal hace, se vuelve todo al revés. ¿Cómo es eso? Las que querían matar, terminaron muriendo.

-¿Quién las mató? - quiso saber el entrevistador.

Pirucha miró a los costados, con los ojos abiertos como si fueran botones o redondeces sin brillo ni vida, y respondió, mientras sostenía sus cejas arqueadas, que parecían dibujadas:

-El demonio. A ellas las mató el demonio.

Ellas eran la suegra de Barreda, Elena Arreche (86), su esposa Gladys McDonald (57) y sus hijas Cecilia (26) y Adriana (24). Las mató con la escopeta Vítor Sarrasqueta calibre 16.5 que le había regalado su suegra.

Meses antes de los femicidios, Barreda le contó a su amiga vidente que las mujeres de su casa le decían Conchita, que lo humillaban.

-Te quieren ver muerto, te van a matar. ¡Sos imbécil o no te das cuenta!

Eso le dijo Pirucha.

Las víctimas: su suegra Elena Arreche (86), su esposa Gladys McDonald (57) y sus hijas Cecilia (26) y Adriana (24)
Las víctimas: su suegra Elena Arreche (86), su esposa Gladys McDonald (57) y sus hijas Cecilia (26) y Adriana (24)

Dentro de su influencia tóxica en Barreda, una superchería, pretendía liberarlo del “infierno” que decía vivir el odontólogo y que no parecía ser así.

Ningún testigo avaló que fuera maltratado por su familia, todo lo contrario. Ni que hubiera emoción violenta o legítima defensa.

Pero Barreda, en su declaración ante la Policía, dijo:

-Eran ellas o yo. Y fui yo.

¿Pirucha le había metido esa idea en la cabeza?

Para el psiquiatra forense Miguel Maldonado, que fue perito de parte de Barreda, el rol de Guastavino podría haber sido considerado de instigadora.

“Eso no le quita responsabilidad a Barreda, pero era una dupla que urdió un plan para matar a esas mujeres indefensas”, dice Maldonado.

Barreda y Pirucha se reunían como si tramaran algo secreto, oscuro; algo que no tiene nombre.

–Ricardito, ésas te quieren eliminar. Te están engualichando la vida. Por eso estás sin energía.

–¿Te parece? –preguntaba Barreda con ese tono monocorde, como si se desinflara lentamente.

–Obvio -respondía Pirucha mientras mezclaba las cartas-. Te quieren ver muerto.

Barreda durante el juicio por el cuádruple femicidio
Barreda durante el juicio por el cuádruple femicidio

Barreda empezó a convencerse de esa idea absurda. Confirmó sus sospechas cuando llevó a Pirucha a su casa para inspeccionar si había algún rastro de “brujería”, aprovechando que las mujeres habían salido, y su amiga le dijo: “¡Mirá Ricardo! Estaba adentro de un zapato de tu suegra. Lo encontré detrás de una maceta de la vieja”. Era un muñeco lleno de alfileres.

–Te lo dije, Ricardo, te están haciendo magia negra. ¿Te duele la cabeza o el cuerpo?

–Sí. Me agarran puntadas.

–Es porque te están pinchando. Son el mal, Ricardo. Son el mal. ¿Qué estás esperando? Yo te voy a salvar.

Los investigadores llegaron a creer que ella lo impulsó a cometer los asesinatos, pero nunca quedó probado y de hecho no fue investigada. Para Maldonado, fue Pirucha la que llevó ese muñeco y le hizo creer lo imposible.

¿Complice o delirante?

En una entrevista que le hizo en 2003 la periodista Adriana Belmonte para su libro Mate Barreda, Pirucha dijo:

–Soy una vidente que se anticipa a los hechos. El de Barreda fue un caso demoníaco en el que intervinieron las fuerzas del mal. Yo deshice el vudú que le habían hecho a Barreda, ese muñequito que apareció con una cruz en el vientre y un alfiler oxidado clavado en la espalda, que representaba su muerte y los demás problema que tenía. La cabeza del muñeco estaba pinchada. A este muñeco lo vi a través de una visión. Además, cuando recorrimos su casa hicimos la prueba del vaso de agua y creer o reventar: el agua hirvió en todos los cuartos, menos en el suyo.

–¿Dónde apareció el muñequito?

–En el zapato de la suegra. Fuimos a Parque Saavedra y rompimos el maleficio. Él lo tiró hacia atrás con su hombro izquierdo por sobre el derecho y les advirtió a unos chicos que no tocaran el muñeco porque era veneno. Yo lo veía mal. Le decía al Señor que yo era capaz de ofrecer mi vida por el alma de Barreda porque estaba poseído. Dios sólo podía salvarlo, le dije el día que entramos en una iglesia y él le besó los pies a Cristo. Yo rezaba por Barreda con mi gato José hasta que un día el gato murió. Lo resucité y tiempo después entraron ocho perros y lo mataron. Eso es por la energía maléfica que envolvía a Barreda como un manto negro.

–¿Cómo era él como persona?

–Ayudaba a la gente pobre arreglándole los dientes podridos. Y un día salvó a una vecina de que se quemara. Es un gran hombre, muy solidario. Un día se sacó una foto y salió azul. Le dije que se iba a poner peor: violeta. Porque la familia iba a matarlo.

-Pero él las mató...

-No, fue el diablo. El no las hubiera matado. Si hubiera matado al perro, él odiaba al perro. Ahora espero que se pudra en la cárcel por tarado. No me hizo caso en nada de lo que le dije, entonces que se joda. Es un idiota Barreda. Le advertí todo lo que le iba a pasar. Sabía lo que iba a hacer y cuando se lo dije, se enojó. Estaba segura de que iba a matarlas. En el juicio dijo que una fuerza extraña se había apoderado de él, pero después se desdijo. No fue él, fue satanás.

-Pero usted dice que no las mató...

-Fue el demonio adentro de Barreda. Ellas eran cuatro brujas que le habían hecho las mil y una. Un día lo llevaron a un pai y él muy idiota fue. Le hacían brujerías. El demonio estaba encarnado en ellas. Cuando las mató y fue a casa, le dije que sabía que las iba a matar. Y le dije que alguien lo iba a delatar. “¿Vos me vas a delatar?”, me preguntó. “No, vos”, le dije. Y fue tan tarado que se terminó delatando él mismo. Por lo menos dejó vivo al perro Nahuel. Era el mejor de la casa. De chiquito Barreda sufrió mucho, su padre agarraba a la madre de los pelos y le metía la cabeza en un balde de agua. Y a veces la arrastraba por el piso. Barreda no está loco ni lo estuvo. Está poseído por el demonio y hay que exorcizarlo. Necesito un exorcista para sacarle el demonio. Es la lucha del hombre contra el diablo.

Ricardo Barreda tenía una relación que iba más allá de la amistad con Pirucha. Cuando él quería, tenían sexo. Ella le dijo que las mujeres de su familia lo querían matar
Ricardo Barreda tenía una relación que iba más allá de la amistad con Pirucha. Cuando él quería, tenían sexo. Ella le dijo que las mujeres de su familia lo querían matar

Durante los primeros días de su detención, los diarios contaron que Barreda estaba muy mal y que le había dicho a su abogado: “No aguanto más. Vivir con esas mujeres era un infierno. Me quiero morir”. También informaron que llegó a tener diez amantes en dos años y que en la cárcel la pasaba mejor que en su casa. Los periodistas que cubrieron el caso contaron que cuando él se subía a la escalera para podar el árbol, su esposa le decía: “Ojalá te caigas y te mates”. Se rumoreó que se había enamorado de la psicóloga de la cárcel pero que era un amor no correspondido. Los medios publicaron que matar lo había excitado: por eso tuvo sexo con su amante después de cometer la matanaza, además de ir al zoológico porque las jirafas y los elefantes lo calmaban, visitar la tumba de sus padres.

Pero antes, dice Maldonado, pasó por la casa de Pirucha.

El psiquiatra consideró que al igual que su padre, Barreda cosificó siempre a la mujer. Y disimuló siempre los rasgos psicopáticos que podría tener porque sus vecinos nunca vieron a una persona violenta. Sus amigos lo describieron como alguien tranquilo.

-Pero la impronta del maltrato él la tenía y evidentemente eso, sumado a un temple delirante que fue adquiriendo, funcionaron como motores que lo fueron empujando a cometer el crimen con esa disyuntiva que yo creo tenía. Él sospechaba que las mujeres podían llegar a atentar contra su vida. Decía que le habían hecho daño, hasta brujerías. Cuando se le fracturó el peroné lo atribuyó a una macumba familiar. Y en los últimos tiempos no probaba nada que ellas hubieran preparado. Sospechaba que lo querían envenenar. Creía que ellas formaban parte de una conspiración en su contra. Sobrevivían ellas o sobrevivía él. Y sobrevivió él y lo sintió como una liberación. Eso es aberrante.

–¿Cuánto tuvo que ver la vidente Pirucha en ese pensamiento?

–Pienso que influyó porque le llenaba la cabeza. A su manera, ella estaba enamorada de Barreda. Se conocían de la juventud. Incluso en algunos momentos han tenido alguna relación que iba más allá de la amistad. Lo digo de otro modo: han tenido relaciones sexuales. Él nunca quiso involucrarla en el juicio, a pesar de que cuando terminó su faena se fue para la casa de Pirucha. Tiró los cartuchos en la esquina y después fue y le dijo: “Me mandé una macana”. Pirucha un poco lo empujó a deshacerse de la escopeta. A los cartuchos los tiró cerca de la casa de la clarividente. Había algo más que una amistad. Pirucha no se sorprendió. Ella esperaba ese final. Le hizo creer que su esposa, su suegra y sus hijas querían eliminarlo. Hasta una vez lo acompañó a su casa. Creo que lo alentó con la secreta esperanza de que si él se sacaba de encima a su familia iba a caer en sus brazos y así tendrían una relación más formal.

–¿Sin Pirucha hubiera matado igual?

–Sí. Barreda trataba de imponerse como el pater familias. Pero no le daba importancia a su familia. La odiaba.

“Salvate, Barreda”

En sus encuentros en la Unidad Penal Número 9 de La Plata, Maldonado examinó a Barreda. Le llamó la atención que en las charlas, el ex odontólogo y femicida nombrara como al pasar, unas tres o cuatro veces, a una mujer llamada Pirucha.

Maldonado comprendió que no era una mención más, pasajera. Intentó bucear en quién era esa mujer. Supo que Barreda y su bruja se conocían desde jóvenes, tenían la misma edad y ella era devota de la Virgen. Al principio, ante Maldonado la mujer se mostró reticente, pero la entrevistó varias veces. Vivía enfrente de la Iglesia del Sagrado Corazón, en 58 y 9. Desde su ventana se veía la Iglesia. Ella iba todos los días.

El portón de la casa de Pirucha estaba llena de afiches religiosos: santos, vírgenes, estampitas. Un cartel anunciaba que se atendían urgencias espirituales toda la noche.

El perito intentó, con prudencia, reconstruir el vínculo que unía a esa misteriosa mujer con el asesino.

-Ella había sido todoterreno para Barreda, tanto que decía que le adivinaba el porvenir y también tenían sexo cuando Barreda se lo requería. Ella consideraba esos encuentros íntimos como una bendición. Para mí era un caso para el estudio psiquiátrico más un acercamiento social. Esta mujer era una delirante con ribetes místicos. Era una relación muy extraña. Lamentablemente no se aprovechó para llegar a una verdad profunda en el juicio porque su declaración fue formal, no fue de fondo. Podría haber aportado más cosas de lo que dijo. Creo que la masacre fue un delirio o un plan de ellos dos.

Las últimas fotos de Barreda, días antes de su muerte a los 83 años
Las últimas fotos de Barreda, días antes de su muerte a los 83 años

Cuando Pirucha le hace ver la maceta, para Barreda -segun Maldonado- fue una revelación. Una lucha definitiva que planteó ante las mujeres de su familia.

-Empieza a acunar la idea de eliminarlas, que era reforzada cada vez que veía a Pirucha hasta tres veces por semana. Esta mujer, cuando declara en el juicio, antes de irse se para y le grita: “¡Salvate, Barreda, salvate!”.

Después del juicio, Pirucha fue llevada por su familia a vivir a Buenos Aires. No volvió a La Plata ni a ver a Barreda.

Maldonado dice que se le perdió el rastro.

-Según me informaron algunas personas que se enteraron por circunstancias que no vienen al caso detallar, esta mujer vivió unos años más después del juicio y murió. Y lo insólito es que se tejieron historias que son más para una película de terror.

-¿Puede contarlas?

-Siempre me baso en lo científico. Pero le cuento una historia. Uno de los abogados del caso siguió en contacto con Pirucha. Y ella le dijo que todos los peritos del caso que fueron contra Barreda, se iban a ir muriendo de a uno. Por una maldición suya. No voy a dar nombres por respeto a las familias de los fallecidos. Pero le puedo decir que lo curioso es que dos de los abogados de Barreda fallecieron. Y la lista sigue: murió el perito psicólogo que trabajó conmigo. Y también el que hizo el mejor diagnóstico de Barreda, muy prestigioso. Uno de los psicólogos oficiales murió en un trágico accidente durante un viaje. Y otro perito, muy conocido en su momento, también murió. Es decir, seis muertes que Pirucha predijo. No hay que creer en las maldiciones, pero esto me resulta un dato llamativo.

A Maldonado se lo nota perturbado. Prefiere terminar la charla en este detalle. Más allá de todo, Pirucha falló en todas sus predicciones sobre Barreda. Dijo que iba a salir libre a los pocos meses de los crímenes. Y no auguró una buena vida para Barreda, quien jamás volvió a hablar de ella.

Nunca supo, porque murió antes que el femicida, que iba a vivir una segunda vida cuando salió en libertad, hace unos 12 años. Que iba a tener una novia a la que le decía Chochán y murió antes que él. Que iba a firmar autógrafos. Ni que iba a vivir en un hospital durante un año después de dar un nombre falso. Ni, mucho menos, que antes de morir, solo, en un geriátrico, iba a mostrarse arrepentido de haber matado.

Pirucha murió antes que su amigo. Y él ya la había olvidado.

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