
La experiencia pre-cuarentena en Selvática era soñada. Un mundo dentro de otro mundo. La misma, regida por una decoración repleta de verde y una exótica diversidad de sabores, quedó trunca cuando el 13 de marzo cerró el centro comercial Palmas del Pilar, lugar en el que se encuentra el restaurante. La cuarentena obligó a cerrar las puertas y a buscar ideas para sobrevivir. Por eso, para Selvática llegó la hora de la reinvención. De servir los paltos en un lugar soñado, pasó a mantener la calidad adaptándose al momento actual.
Guillermo Bassignani, dueño de Selvática, puso en marcha un delivery meticuloso en el que no existen las motos y una serie de vehículos particulares, todos destinados a preservar el producto y evitar que se manipulen los alimentos entre tanto temor por una pandemia que sembró nuevas costumbres entre los comensales.
“Estoy luchando, todo esto explotó de repente. Desde el 13 de marzo estoy cerrado. Los shoppings no sé cuándo volverán a abrir. El restaurante venía perfecto. Enero y febrero me habían dejado feliz, los fines de semana explotaban. Pero para mí todo esto generó un cambio de hábito en la sociedad. Hoy noto que a la gente le va a costar mucho más salir. Que vale más quedarse en casa, que es más barato y que no se corre riesgo. El ser humano es un animal de costumbre: esta va a ser nuestra nueva normalidad”, sostuvo Bassignani, en diálogo con Infobae.

El empresario puso en marcha Selvática hace menos de tres años. “Ahora estoy sacando plata de mis ahorros para mantenerlo”, reveló, aunque habilitó el servicio puerta a puerta luego de que muchos clientes se contactaran con el restaurante para efectuar sus pedidos.
Previo al decreto que oficializó el aislamiento social en el país, en Selvática había vida para darle rienda suelta a los gustos: sentarse en la barra y entregarse a la combinación del vodka y las frutas. O situarse en la mesa para una propuesta gastronómica que se inspira en la cocina asiática y latina, especialmente los platos más tradicionales de la cocina fusión peruana-japonesa.
“Acá te olvidás de que estás en un shopping. Ahora hay que aceptar que la gente que puede ir a comer a un restaurante, aún con la cuarentena levantada, no se va a arriesgar. Algunos perderán mucho y otros un poco menos. Lamentablemente perdí mercadería y obviamente hubo que seguir pagando sueldos e impuestos, todo como si estuviese abierto. Pero la crisis en los shoppings va a ser tremenda. Yo pensé que iba a ser un parate de dos o tres semanas: ahora la idea del delivery busca reinventarnos para sostener la estructura del lugar”, explicó Bassignani, quien durante muchos años fue dueño de Osaka, otro emblemático sitio gastronómico de comida japonesa.
El empresario agregó: “Todo esto generó que, lógicamente, la gente prefiera quedarse en la casa. Porque en un restaurante con acrílicos se pierde el clima y el glamour de salir. Esto es como jugar un Boca-River sin gente. Ir a un restaurante lindo, cálido, romántico, pero sin gente, es como un clásico sin público. Se pierde el clima. ¿Quién quiere ir a comer con un acrílico en el medio? Hacerlo de esta forma es un displacer. Yo puedo aguantarlo económicamente porque me costó crear la marca. Fue un sacrificio muy grande. Este es el mejor restaurante de Pilar y uno de los más ricos en cuanto a comida peruana del país. Voy a luchar hasta el último minuto”.

En Instagram, el restaurante ofrece una carta variada en donde prevalece el ceviche, los tiraditos, los rolls de sushi, las piezas de niguiri y otros especiales del lugar y donde el denominador común es el arroz.
“Nuestro delivery es minucioso en cuanto al protocolo de seguridad. La preparación se hace en el momento, por eso a veces los pedidos demoran. Le decimos a la gente que si quieren comer a las 22, pidan a las 20. Eso también hace la diferencia: nosotros no elaboramos las piezas de sushi a las 10 de la mañana. Todos los días viene el pescadero y se elabora al instante”, contó Guillermo Bassignani.
Todos los comensales hacen el pedido (0230-466-7509 o 11 3599 5568) y saben que la comida que llegará será tan excepcional como cuando iban a Selvática. El delivery y el catering se hacen con productos de gran calidad, y el dueño del restaurante lo tiene como prioridad absoluta porque sabe que sus clientes reconocen el nivel de sus platos.
En cuanto a las medidas de seguridad, ahondó: “Entregamos doble bolsa. Le pedimos a la gente que retire la que está dentro y nos quedamos con la de afuera. Todo el material plástico está aprobado por la ANMAT. El personal que trabaja en el restaurante lo hace con barbijos, guantes y máscaras, aún cuando no hay contacto con el exterior. No se manipula nada, todo bajo un estricto protocolo de seguridad”.

La búsqueda de los envases adecuados se centra en que Selvática posee en el salón una vajilla que también remite al alma del lugar: la selva. Es de cerámica rústica, la cual logra apreciarse en la oscuridad, otorgando la sensación de que ese determinado alimento proviene sin escalas desde la tierra a la mesa. “Es darle una vuelta a lo natural y a los orígenes de los alimentos, explorando ingredientes, especias y condimentos propios de regiones de amplia vegetación”, dijo el empresario, quien va una vez por día al restaurante y busca no inferir en un sitio en el que trabajan pocas personas, todas con máscaras, barbijos y tapabocas.
“Va a costar muchísimo mejorar esto. Lo peor que existe es perder la confianza. Todos quieren negociar contratos. La magia de la pandemia es que pierda el que puede perder. Ahora se van a tener que adaptar a la nueva realidad. Yo, por lo pronto, a los clientes le mando la misma comida que disfrutaban acá. Soy un tipo que se esfuerza y se va a esforzar mucho más para sacar esto adelante”, completó Bassignani.
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