Monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y hombre muy cercano al papa Francisco, pareció así salir la cruce de recientes declaraciones del canciller Felipe Solá, que había dicho que “la iglesia" no podía "tener actitudes antidemocráticas en el tema del aborto”.

En entrevista con la agencia Télam, y en referencia al anuncio hecho por el Gobierno de que enviará un proyecto para legalizar el aborto, Ojea recordó que hace dos años “un proyecto similar fue aprobado en Diputados y finalmente rechazado en el Senado” y dijo que, como lo hizo entonces, la Iglesia seguirá planteando su posición “con respeto y sin agresividad”. También advirtió que el gobierno nacional, al “proponer este tema” al inicio de su mandato, instala un debate que “abre grietas” en la sociedad.

— Télam: ¿Los sorprendió el anuncio del Presidente?

— Ojea: El Presidente en cada encuentro que tuvimos ha fijado su posición de considerar el aborto como un tema sanitario y de salud pública. Y nosotros hemos fijado nuestra posición como lo hicimos hace 2 años cuando otro proyecto se debatió en el Congreso. No somos antiderechos. Creemos en el derecho a cada vida porque ninguna es descartable. El primer derecho humano es el derecho a la vida. Si luchamos por defender las especies y que no se toque ni un insecto porque puede colaborar al desequilibrio de un bioma, ¿cómo no defender la vida humana desde la concepción y considerar todo atentado contra ella como una forma de descarte?

— Convocaron a una misa en Luján el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para pronunciarse en contra del aborto. ¿Cuál será la estrategia de la Iglesia en el debate que se dará este año nuevamente sobre el tema?

— Nos pareció bueno convocar a Luján para pedir por la protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Cuando la Iglesia habla del derecho a la vida, no está haciendo lobby o presión. Es profundamente totalitario interpretar que una postura de pensamiento histórico significa ejercer algún tipo de presión. Como lo hicimos hace dos años -cuando un proyecto similar fue aprobado en Diputados y finalmente rechazado en el Senado- vamos a seguir planteando nuestra posición con respeto y sin agresividad. Queremos especialmente generar conciencia entre los jóvenes para que nuestro mensaje sea mejor entendido.

No somos antiderechos. Creemos en el derecho a cada vida porque ninguna es descartable. Si luchamos por defender las especies ¿cómo no defender la vida humana desde la concepción?

— ¿Temen que la instalación del tema abra nuevas grietas en la sociedad argentina?

— El Presidente nos dijo que está en contra de favorecer cualquier grieta y enfrentamiento, pero nosotros le dijimos con claridad que proponer este tema de entrada es proponer un tema que abre grietas. Desde la Iglesia, haremos todo lo posible para que la expresión de nuestras opiniones no favorezca la descalificación de quienes piensen lo contrario.

— ¿Cómo observan los proyectos oficiales en estudio de maternidad sustentable [N. del E: Plan de los 1000 días para garantizar la asistencia de madres vulnerables durante el embarazo y hasta los 2 años del niño] que irán en paralelo a la iniciativa del aborto?

— Ese sería un costado de la ley con el cual estamos totalmente de acuerdo porque necesitamos proyectos para mejorar la salud pública durante los embarazos y la primera infancia. Pero en la aparente presentación de una ley de maternidad sustentable, pensamos distinguir con claridad los temas y fijar nuestra posición.

— ¿Hacen alguna autocrítica sobre cómo expresaron su opinión durante el debate en el 2018?

— Es probable que haya muchos errores en nuestros modos de exponer la pastoral de la vida. Puede ser que sacerdotes y catequistas no tengan la debida preparación para presentar este aspecto que tiene que ver con el derecho natural de la vida. Tal vez hayamos sido poco claros. No queremos que se interprete que la Iglesia está en contra de los derechos de la mujer y su libertad. La Iglesia defiende ardientemente los derechos de la mujer. Lejos de ser autoritarios, respetamos profundamente esos derechos y su camino en pos de la igualdad. Repudiamos todo lo que tiene que ver con el maltrato, el abuso y del rebajamiento de la mujer.

Necesitamos proyectos para mejorar la salud pública durante los embarazos y la primera infancia. Pero en la aparente presentación de una ley de maternidad sustentable, pensamos distinguir con claridad los temas y fijar nuestra posición

Renegociación de la deuda externa y documento sobre la Amazonia

— ¿Cómo observa la Iglesia argentina el proceso de renegociación de la deuda que encara el gobierno nacional?

— Hemos sacado un documento a través de la Pastoral Social donde citamos la postura de San Juan Pablo II sobre la deuda externa, es el mismo texto que ha citado el papa Francisco en la intervención del encuentro en el Vaticano. Hay que honrar las deudas, hay que pagarlas y tenemos que cumplir los compromisos. Sin embargo, esto no se puede llevar a cabo a costa del hambre y de situaciones muy dolorosas para la mayoría de nuestro pueblo. Pensamos que tenemos que pagar hasta donde podamos, no condicionando cosas esenciales que tienen que ver con el equilibrio social del país.

Monseñor Ojea también hizo un repaso del documento “Querida Amazonía”, publicado días atrás por el Vaticano, en el que el papa argentino denunció el “crimen” del daño al pulmón verde sudamericano: “El Papa repite que todo está conectado, que se toca algo y repercute en otro lado. Por eso todos tenemos la responsabilidad de cuidar el bioma amazónico, gran pulmón en el cual respiramos todos. Si no lo cuidamos, el pato lo paga el aumento en nivel del mar de todo el planeta”.

El obispo de San Isidro destacó que Francisco “defiende los derechos de una enorme diversidad étnica y cultural que vivía en un hermoso equilibrio cósmico, que comenzó a no funcionar y se producen migraciones forzadas a las ciudades donde reciben el peor trato”. El Papa “condena los extractivismos desenfrenados, que no tienen protocolos, y dice que sólo interesa usar recursos y diezmar el territorio así como condena la tala indiscriminada de árboles que favorece calentamiento global”.

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