Alejandro Lerner describe su oficio como artista

Recuerda haber entrado al Teatro Colón de la mano de Alberto Cortez. Todavía tenía el pelo largo y tocaba en pubs baladas, pero también rock and roll. En esos boliches, su mamá, su abuela y sus amigos eran el público más fervoroso. Ahora ensaya en el primer coliseo argentino para presentarse el 8 de febrero con sus mayores éxitos en versión sinfónica. “Este teatro es la mejor imagen de la mejor Argentina que tuvimos”, le dice Alejandro Lerner a Infobae en el salón dorado del Colón. “Hace mucho que no se dimensiona una Argentina representada por esta calidad, por esta categoría, por esta fineza, por esta belleza, por esta generosidad. Que haya un teatro con esta generosidad de entregar belleza hacia el mundo es la demostración de otro país”, agrega. Con él hablamos de todo: de la belleza, de la fama, del éxito y de los fracasos, de sus hijos y del sentido de pertenencia a nuestro país. Aquí, la entrevista completa:

-Recuerdo de la primera vez entrando al Colón.

-Yo recuerdo la primera vez que entré al escenario del Colón de unos, quizás entre 20 y 30 años, con una partitura en la mano acompañándolo al señor Alberto Cortez, que me dijo, Ale quiero que me acompañes en el piano, vos y yo solos en el piano en la canción de los tres Pablos.

-Claro.

-Lo tengo filmado gracias a Dios, está en las redes. Ese fue uno de los primeros momentos que yo dediqué mi emoción a mis padres, como diciendo, ¿viste?

-Acá está.

-Hubo rock and roll, pelo largo, pero acá estoy, con una partitura, con un piano de cola y en el Colón. Y la verdad que ahora estamos de vuelta y es un regocijo para las ilusiones, para el alma, para compartir.

-Tu corazón está perfecto, porque si superaste entrar solo con el piano con Cortez hace tanto tiempo es que tu sistema cardiovascular es perfecto.

-A ver, nuestro espíritu es perfecto, nuestra personalidad nos jode bastante la vida. Nuestros miedos. Yo me acuerdo cuando entré por primera vez al Hollywood Bowl a cantar al lado de Carlos Santana, ahí no tenía ni la edad que tenía, era un niño que tenía todos los fantasmas, todas las inseguridades, hasta que pisé el escenario donde tocaron los Beatles y ahora voy a cantar yo. Acá está Barenboim, han pasado todos por acá. Vos miras el techo y siempre digo que falta algo, en ese techo, entre esos nombres falta un Piazzolla, los compositores argentinos grandes también.

-Es impresionante. En este mismo lugar vos decías Barenboim, lo hicimos a Juan Diego Flórez, a Martha Argerich, a tenores importantes. Me emociona con la emoción que se manifiestan ellos por este teatro y vos decís que cosa pasó en nuestro país para que pensáramos este teatro, pensáramos esta ciudad, y hoy estemos como estamos, ¿no?

-Bueno, recién lo hablábamos, este teatro es la mejor imagen de la mejor Argentina que tuvimos. Lo que hablábamos recién es que nosotros podemos proyectar lo que dimensionamos, y hace mucho que no se dimensiona una Argentina representada por esta calidad, por esta categoría, por esta fineza, por esta belleza, por esta generosidad. Que haya un teatro con esta generosidad de entregar belleza hacia el mundo. Porque los tenores que han pasado por acá dicen que no hay acústica mejor que ésta, y éste es uno de los mejores o quizás está entre los diez mejores teatros de la humanidad. Yo quiero soñar con esta referencia. Mis sueños son siempre con una referencia de la mejor Argentina posible. Por eso genero laburo. Por eso genero proyectos. Por eso hago canciones. Por eso gran parte de mis ilusiones han sido puestas acá.

-¿Vos le cantas o le escribís a una sola persona? Cuando vos compones, cuando vos cantas, cuando estás al lado de los artistas más importantes, ¿estás pensando en un espectador o en todos?

-En realidad el verdadero artista tiene un momento que documenta un estado de ánimo. No estás pensando en lo que viene después, que es la obra terminada. La obra se convierte en una obra de arte cuando hay un espectador. Pero hay un momento anterior que es cuando uno como ser humano está documentando un momento emocional. Y gracias a Dios, como uno eligió ser artista, ya sea poeta, pintor o músico y en mi caso compositor, hay una bajada de línea que no sabes de dónde viene y que no hay que perderla por nada del mundo, porque son momentos de alto nivel de conexión, de luz, de emoción, porque vos tenés una hoja en blanco y no sabes cómo va a terminar. Pero sabes que existe una llamada de alguien que te dijo conectate porque viene algo, viene una canción que puede ser “Todo a pulmón”. Cuando la compuse de ninguna manera el espectador estaba presente, solo estaba solo en mi departamentito alquilado con mi primer piano comprado. Luego vienen otros momentos que tienen que ver con objetivos, cuando te dicen una canción para Disney, una canción para Luis Miguel. Por supuesto que hay un objetivo, hay un cantante que se va a llevar tu canción y por profesionalismo, porque podes manejar el lenguaje, pero siempre desde tu forma de escribir. Cuando compongo una canción y me la graba Carlos Santana, esa canción tiene mucho de Carlos Santana, pero es mía. Cuando Luis Miguel graba “Dame”, cuando la Negra Sosa me cantó “Indulto”. Lo que pasa es que los grandes intérpretes, incluso los que han pasado por acá, son tan grandes que convierten tu canción en propia. Porque tienen ese compromiso con lo que vos has hecho.

-¿Cómo pelea la inspiración con la rigurosidad de sentarte a laburar todos los días?

-No soy de sentarme a laburar todos los días. Lo he sido. Sobre todo en mis tiempos en Estados Unidos. Soy un songwriter. Ahora no, desde que soy papá estoy un poco más disperso y he tenido que diversificar.Pero lo mejor de trabajar rigurosamente en mi experiencia han sido las colaboraciones. Cuando vos sabes que a las 10 de la mañana te va a tocar el timbre alguien y a las 7 de la tarde tiene que haber una canción terminada. Eso me pasó con Carole King, por ejemplo.

-Por ejemplo.

-Me la encuentro en un estudio de grabación. Me presentan. Yo estaba lindo, con el pelo largo. Me dice: Alejandro, me encantaría componer una canción con vos. Vení mañana, estoy viviendo en una mansión en Bel-Air, en Los Ángeles. Bueno, Carole que querés hacer. Quiero que compongamos un bolero y en español. Porque yo hablaba español en mi escuela cuando era chiquita. Y terminamos componiendo una canción que se llama “Lo que tú eres para mí”, que terminó siendo un dueto entre ella y yo en su último disco. O sea, mi canción compuesta con Carole King, gracias a Dios, está plasmada en su último disco.

-Y, digo, fueron nueve horas de trabajo.

-Posiblemente menos, porque con una grosa tan grosa…

-Y cómo te arreglaste. Me da la impresión, no quiero hacer la comparación, pero te encontrás con la mujer soñada, con la que vas a hacer el amor y decís, ¿podré? Digamos, te encontraste con Carole King, no te encontraste con…

-Bueno, pero esa gente que es tan grosa te la hace fácil. La experiencia que he tenido, por lo general, Carole King parecía una compañera mía de la secundaria. Era tan amable, tan agradable, tan simple, tan sencilla, que el bagaje que ella lleva no te lo impone, ¿entendés? He tocado con figuras que son fuertes, Santana, Gino Vanelli, que por cierto, hice algo con él en el 2019.

-Pensaba en el tema de la fama, cuando vos empezaste y les decías a tus viejos yo voy a llegar, voy a estar en el Colón ¿Hoy qué es la fama y la notoriedad para vos?

-A ver, hoy después de que la mayor parte de mi vida me convertí en una persona popular, digamos, la fama es un instrumento que te da la responsabilidad de tener algo que dar y algo que devolver sobre todo. La fama no sirve solo para el aplauso, sirve para que el aplauso sea la devolución de algo que vos estás dando con completa responsabilidad y con toda la intención. O sea, uno tiene una intención de dejar y de dar belleza en este planeta. Hay una parte interesante del público que lo recibe, lo agradece y te lo devuelve en afecto, en aplauso, en que te da la posibilidad de seguir creciendo, en llenar un teatro. Creo en esa parte de la fama, porque hay gente famosa por cosas horribles. Pero lo más lindo de la popularidad es el cariño. Creo que yo buscaba eso. Vos más o menos te das cuenta cómo soy, a mí lo que me gusta es el cariño, a mí me gusta que me digan cosas lindas, que la gente se emocione, que uno entienda que pudo generar algo que al otro le hizo bien. Eso es un aspecto mío que no sé si todo el mundo lo tiene.

-Es muy interesante algo que decís y que quiero retomar, uno tiene la intención de dar belleza. ¿Esa es la misión del artista? ¿El intento de dar belleza?

-Hay muchos artistas distintos. Es muy ecléctico el universo. Las intenciones van cambiando. En mi corazón es eso. No creo que seamos todos iguales. Creo que lo expresivo si es un común denominador, es una necesidad imperiosa de documentar, que no vas a cerrar esa canilla por nada del mundo, ya sea para 10, 100, 1.000 o 100.000 personas.

-¿Y qué es la belleza?

-La belleza es una ecuación indescifrable, irrepetible, porque solamente se siente, posiblemente entre todos nuestros sentidos. Entra por el oído, por los ojos, por el corazón, por el sexo. La belleza es una energía que algunos tienen la sensibilidad de poder apreciarla y masticarla, otros quizás lo ven como un hecho intelectual, porque tienen mas desarrollado el hemisferio izquierdo que el derecho. Si hay algo que representa a lo que pensamos que es Dios o el universo, es la cantidad de belleza que generaron. Lo que se generó en este universo, es mucha belleza y el hombre tiene también esa capacidad en distintos órdenes. Un hijo, una canción, mira lo que son estos vitraux. La belleza creo que es una intención, es como lo dijiste vos.

-¿En cuánto se parece la belleza a cuando tu hija te dice papá?

-En todo. Cuando mi hija me dice papá o me dice papá te adoro como me lo dice todos los días, o mi hijo que se está despertando a los 5 años, cada vez se ve mas su personalidad. No termino de atesorarlo. Si hay algo que está sano en mi estructura es la capacidad de apreciar. Una palabra, un gesto, un abrazo, una película. Yo le digo a Marcela que lloro hasta en las propagandas, viste. Aparece un perrito. Sobre todo un gesto de uno hacia el otro, un gesto de amor o de sensibilidad y yo me sensibilizo porque quiero eso, quiero eso para todos.

-Es re sano. Yo sostengo que la emoción es sana. Viste que te acusan de débil, de blando, de qué sé yo, que me importa nada, es re sanito cuando uno se puede…

-Sí, emocionarse es sano. Creo que las enfermedades aparecen cuando no expreso. Cuando uno no expresó por miedo, bronca, resentimiento o agradecimiento. Porque uno tiene tapados algunos canales que no te dejan expresar. Y cuando te diste cuenta y pudiste abrir ese canal, es muy saludable.

-¿A qué se parece el aplauso?

-El aplauso se parece mucho a te quiero mucho, y seguí adelante. Vas bien. Eso es un aplauso.

-Tu primer aplauso de esos que vos decís, mirado en retrospectiva, arranqué.

-Los pubs, donde los gritos eran todos de amigos o familia. Todas las voces que se escuchaban eran mi amigo Dani, mi mamá, mi abuela, mi hermana, mis amigos.

-¿Iba la vieja? Y la abuela también.

-Sí, sí, mi abuela también.

-Qué hermoso.

-Yo la tengo a mi abuela en un programa de Badía, sentada en la primera fila al lado de mi gran maestro de piano, que era don Antonio de Raco, que fue mi maestro de técnica. Después tuve otros grandes maestros, pero tenerlo en un Badía a mi maestro, a mi abuela, a una primita que tenía que era muy chiquita en esa época. Los primeros aplausos son los que te dan la palmada en la espalda para seguir adelante. Los otros son confirmaciones, pero después la neurosis te pide confirmaciones todo el tiempo. Pero los primeros son muy valiosos.

-Y los pubs, esta cosa de empezar ahí.

-Los pubs es tener la gente acá, escuchar el mensaje, escuchar el diálogo. Mirarle la cara a la gente. Esos fueron los primeros conciertos míos. Pero al poco tiempo mi destino fue unos años de pubs a Obras. Dos Obras llenos. Que tengo un casete de alguien que los grabó desde el público de ese Obras, ¿no?

-Claro.

-Con los gritos de mis amigos y quizás 8 mil personas más.

-Estoy pensando, nosotros somos re jóvenes Alejandro…

-Nosotros, hablás de tu equipo.

-Es verdad, ese salto fenomenal a Obras, lo mencionaste. “Todo a pulmón”, que para muchos, y perdón la pedantería de hablar en primera persona, fue un himno de salvación. Yo cuando canté por primera vez “qué difícil se me hace defender mi ideología, buena o mala pero mía, tan humana como la contradicción”.

-Sí, hoy si vos me lo decís me vibra todo el cuerpo.

-Me sigue emocionando.

-Sí, yo también.

-Tomaste nota de lo que pasó, ¿no?

-Tomé nota. Nunca va a ser en la dimensión externa, porque las dimensiones internas y externas son distintas. Los sentidos son distintos. El quilombo que armó “Todo a pulmón” era impensado y fue y sigue siendo. Vos sabes que aparecen nuevas versiones. El año pasado Alejandra Guzmán termina su concierto con “Todo a pulmón” en una gira por toda Latinoamérica, Estados Unidos. Miguel Ríos se la lleva a España y la convierte en su himno, ¿no? Después fui viajando, estuve en Cuba hace muchos años, me alquilé un mehari de plástico y me fui solo a vivir a casas de familia. Me invitan a un lugar que se llamaba “El Menjunje”, que era como un patio con unas gradas, no dije nada, iba a relajar, el anonimato. Y un chico se pone a cantar “Todo a pulmón” y yo tuve que decir: les quiero decir una cosa, esa canción es mía. Fue increíble.

-Porque aparte mirado en aquel momento, era un himno de la libertad en momentos duros. Era un himno de defensa de la diversidad. Era un himno de la tolerancia.

-Y de la voluntad. Estamos saliendo del Proceso, de la dictadura, pero tenemos cosas para decir, tenemos ansias de libertad, tenemos necesidad de libertad. No queremos mas tener miedo. No quiero tener miedo a expresar quién soy y que pienso distinto a lo que está pasando.

-Claro.

-Defender mi ideología, buena o mala, pero mía.

-¿Y eso cómo fue? ¿Viene inspiración de corrido?

-Sí. Yo creo que…

-Sabés que hay gente que te odia en este momento.

-La hojita creo que está casi sin tachones. Viste que hay canciones que tienen tachaduras, estrofas que no quedaron. “Todo a pulmón” es una de esas que, como la otra, que fue “Carta por la dignidad del hombre” que apareció en un bar, terminé en una camioneta manejando dictándole la letra a Marcela, porque yo estaba manejando y recién cuando llegó a Pilar, 42 kilómetros después, apareció la música. En “Todo a pulmón” estoy solo en un departamento que me habían prestado, en la calle Aguilar, con mi primer piano, que todavía lo tengo y movido por todas las frustraciones, los managers, las compañías discográficas, las contradicciones entre mis ilusiones y los personajes que quieren hacer dinero con esa ilusión que tenía o que tengo. Y el antagonismo de sensibilidad entre el artista y el que vende lo que hace el artista.

-Claro. Galeano, en una conversación con Fernando Birri, el cineasta, discuten sobre si sirve o no sirve la utopía y Galeano dice que no sirve para nada la utopía, porque si la utopía está a diez pasos…

-Siempre va a estar a diez pasos.

-Camina y se va a doce y así. Entonces, ¿para qué sirve? Y Birri le dice y bueno, para eso, para seguir caminando.

-Exacto.

-¿Es así?

- Yo soy defensor de los sueños. Entendí a esta edad, a los treinta y tantos…

-Yo soy mayor, tranquilo.

- Por supuesto. No, pará.

-Sí, yo soy más grande que vos, tranquilo.

- Jamás. Yo ya no conozco gente mayor que yo.

-¿Viste que de golpe dejamos de ser los más jóvenes? Digresión, ahora volvemos a los sueños, yo te juro que era el más joven en un momento.

- Sí, a todos nos pasa.

-Y de golpe no. O sea, de golpe hay gente de 20, que vive, o sea, que respira.

-Sí, es impresionante la magia de la vida. Ver cómo uno va cambiando, cómo uno va madurando. A mí me asombra mi propia madurez. Porque el espíritu no tiene edad, la personalidad sí, el cuerpo sí, la cédula de identidad sí, tus recuerdos sí. Pero a veces cuando me veo reaccionar me digo, y le digo a veces a Marce, estoy grande. Porque me doy cuenta que en otra época hubiera reaccionado de otra manera. Pero creo que lo mejor de nuestra madurez es la palabra sí. Lo que muchas veces dijimos que no durante nuestro proceso hoy decimos que sí. Y con respecto a los sueños, creo que los sueños son un mecanismo. Son una herramienta absolutamente indispensable para la vida. El que no sueña no apunta. No tiene intención. No tiene dirección. Es como que la vida opera por default, pero no apuntaste. Porque si apuntaste podés pegarle al blanco, al centro, al costado, pero apuntaste. Y los sueños son para eso. No el sueño de irse a dormir, que puede aparecer también en los sueños, sino el sueño de tu ilusión, de tu ideal, de por qué estás, para qué, a ver, por qué estoy, por qué mañana, mañana va a ser otro día, ¿y para qué voy a vivir mañana?

-¿Y para qué?

-Porque tengo muchos sueños por cumplir. Porque tengo cosas para dar. Porque tengo cosas para compartir. Porque tengo cosas para apreciar, cosas para agradecer y cosas para pelear. Y mientras tenga todo eso estoy re contra vivo, re contra joven.

-Yo siento que los sueños y la felicidad especialmente son un hecho compartido. O sea, es un hecho colectivo, con tus afectos, con tu familia, con tus hijos, con tu lugar de pertenencia. La felicidad individual termina siendo como un acto.

-Es como si yo te dijera la riqueza. Tenés siete autos, avión propio, la pileta, la parrilla, y no con quién compartirlo ¿Sos rico o sos pobre? O no cinco autos, pero si una parrilla, una pelopincho, cinco amigos, algunos compañeros de la secundaria que vienen, se toman una cerveza, o tu familia y se hacen un asado. Creo que el valor hoy, por lo menos para mí, es lo que tengo y con quien lo comparto.

-¿Qué va a pasar el 8 de febrero?

- Bueno, el 8 de febrero es un hito en mi carrera y en la carrera de cualquier artista del mundo. Es un día tener el escenario del Colón para mí, para mi música, para los músicos que me van a acompañar, una orquesta sinfónica con varios arregladores, donde voy a poder plasmar un documento que son los clásicos de mi vida, de mis canciones, sinfónicas. O sea, mis clásicos sinfónicos en el Colón.

-Dijiste por ahí, cuando le decías a Mercedes estoy viejo, ¿te jode? ¿Te hincha el paso del tiempo o lo estás bancando?

-Hasta ahora no hay nada del tiempo que me haya imposibilitado nada.

-¿Nada?

-Ando en bicicleta, nado, puedo jugar al paddle, puedo amar, puedo llevarlos a upa a mis hijos.

-¿Ciático? ¿Problema de ciático?

-He tenido, pero siempre he tenido. Me acuerdo una vez levantándola a Luna mal, cuando era más bebé, escuché el crack, me costó carísimo, terminé con un bloqueo radicular, con todo.

-Completo.

-O sea, el cuerpo yo lo sigo poniendo. Hace poco me rompí un dedo en un accidente. Y estoy recuperando mi agilidad en la mano. Entonces eso me está empujando a tocar. Todo el día estoy tocando. Todo el día estoy leyendo. Todo el día estoy escuchando. El año pasado también hice un proyecto de música electrónica bailable que creo que el 2020, que me parece un número hermoso, se va a plasmar mi proyecto de música electrónica también.

-¿De música electrónica de fiesta y eso?

- Sí. Te va a encantar.

-Me va a encantar.

- Todos disfrazados. Es el grupo Télex. Todos caracterizados con máscaras, con guantes luminosos. Es un proyecto muy lindo.

-¿Vas a fiestas electrónicas? No.

-No, pero me muero de ganas de ir.

-Ah, yo te llevo.

-Dale, por favor.

-Me quedo pensando, el intento de la belleza, los sueños, el entusiasmo. Es como un componente vital, como una pulsión de vida muy fuerte en vos.

- Exacto. Siempre fui así. Yo tengo mi empuje, es para decir que sí. Es para vivir. Es para no desaprovechar esta oportunidad.

-¿Qué fue Mercedes Sosa para vos?

- Mercedes Sosa se parecía a, no digo abuela porque no era tan grande la diferencia de edad, pero sí el amor era como para una abuela. Mi abuela era una mezcla rusa y santiagueña, entonces las erres eran muy santiagueñas. En mi casa a todos les patinaban las erres, por esa relación con Santiago del Estero. Y la negra es tucumana, pero tenía ese acentito del interior, y a mí me decía Alex, como me decía mi abuela. Y la relación era absolutamente de amor. Era, más allá de la admiración, de quizás una de las más grandes artistas que dio el mundo, que fue Mercedes, ir a la casa a comer empanadas y Alexito, mostrame algunas canciones. Alexito me decía.

-Olvidate.

- Eran “Todo a pulmón”. Otra que se llama “La belleza”. “Indulto”. Cuando yo escribí “Indulto” en el momento que sucedía lo del indulto a los militares de la Junta, la primera que dijo yo te la quiero cantar fue Mercedes. Y luego miles de anécdotas indescifrables, increíbles.

-Me imagino. Nos vamos a ir al piano, pero no quiero dejar de preguntar cómo estás viviendo una nueva crisis en la Argentina, una nueva etapa de angustia.

- No, no tenemos una nueva crisis en Argentina. Es nuestra forma de vivir. Siempre digo, lo más estable que tiene nuestro país es la crisis. Desde que yo nací que estamos en crisis. No me acuerdo cuando no estamos en crisis. Termina un gobierno con una crisis y empieza otro con otra crisis. Y en realidad, la crisis es nuestra idiosincrasia, no es la economía, no es el país, el gobierno, es nuestra idiosincrasia la crisis. Hemos construido una forma de vivir que nos mantiene al límite todo el tiempo. Nos hemos convertido en un pueblo poco agradecido, con mucho sufrimiento, con gente que vive y transcurre con necesidades. Y como yo soy una persona de la filosofía, no de la política, creo que es el egoísmo. El egoísmo no es ni de izquierda ni de derecha, el egoísmo no tiene camiseta política, el egoísmo es una falta de corazón y de sensibilidad. Hay una gran falta de generosidad, sobre todo de nobleza y de grandeza en los que nos han administrado nuestros sueños, nuestras ilusiones. Entonces el problema nuestro no es económico, éste es un país de una gran riqueza y de una gran pobreza moral. No digo todos, pero digo que lo que lleva adelante el ánimo de nuestra vida y nuestro destino como argentinos, como ciudadanos, lamentablemente nos demuestran muy poca grandeza y una gran falta de nobleza por lo que les toca administrar.

Alejandro Lerner cantando "La Isla de la Buena Memoria" y "Todo a Pulmón"

-Y cómo surfeas lo que muchos no han podido, no han querido, que es la grieta.

-La grieta me parece que es una pérdida de tiempo. La grieta es la ignorancia. Y en la ignorancia no hay grieta, son ignorantes de todos lados. Porque los que están en la grieta, creo, una idea que tengo, es que nosotros somos un país futbolero y ponemos eso en la política también. El otro es como River y Boca, no importa si el otro robó o no robó, si hizo las cosas bien, mi camiseta te va a defender, y al otro lo voy a defenestrar, aunque haya hecho algunas cosas bien y otras cosas mal. No es el practicismo de poder decir, a ver estos tipos, robaron, tienen que ir en cana. Estos tipos hicieron las cosas bien, bueno, eso hay que reforzarlo. Hicieron las cosas mal, tenemos que tenerlo en cuenta para no repetir. Las ideologías han fallecido por la falta de estructura moral. Entonces si sos comunista o republicano, si sos un hijo de puta es lo mismo para mí. Lo único que quiero es gente decente y capaz.

-Nada menos.

-Entonces cuando sean decentes y capaces no me importa si son de River, de Racing o de Boca, no me importa nada. Quiero gente decente.

-Te convoca el presidente Fernández para hacer un Consejo por la Cultura, ¿vas?

-Si puedo hacer algo así, pero no desde la política sino desde una escala de valores. Por lo general en estos años de carrera no me meto en política. Sí he participado y ayudado. He ido en helicóptero con el cabezón Ruggeri a donar medicamentos y ayuda cuando hubo inundaciones. Estoy cerca de los que han sufrido. Fui a las Malvinas. He apoyado a los ex combatientes. Hago cosas por los niños y los hospitales. Pero no es político. Eso tiene que ver con que siento el dolor ajeno. Eso es lo que yo le pido a cualquiera que nos gobierne, sentí el dolor ajeno cuando le sacas plata a los jubilados. Sentilo. Porque la vida no es administración, la vida es escala de valores.

La entrevista completa:

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