La bajada de los pescadores, en José Ignacio, en plena proyección de la película ganadora: Parasite.
La bajada de los pescadores, en José Ignacio, en plena proyección de la película ganadora: Parasite.

“Lo que pasa en este festival no pasa en ningún festival del mundo”, decía un fotógrafo hipnotizado por lo que acababa de ver. La escena sucedió el miércoles 8 en una de las tres sedes del JIIFF (José Ignacio International Film Festival) luego de la proyección de Lo que arde. Según sus palabras, lo que había visto y escuchado -en la pantalla y alrededor de la pantalla- no se parecía a ninguna otra proyección de cine en la que había estado.

Tenía justicia su criterio: la película fue extraordinaria, el marco inigualable y la hospitalidad inolvidable. Es que contra lo que cualquiera podría pensar de un festival de cine en la playa más exclusiva de América del Sur, lo que reina en el JIIFF es la sencillez, las resposeras de los espectadores, las copas de vino y alguna que otra voluta de humo deambulando por ahí. Y además, claro, cine. Puro cine.

Pero todo concluye al fin. Después de ocho días de proyecciones, terminó ayer el Festival Internacional de Cine de José Ignacio. La entrega de premios fue en la bajada de los pescadores, en José Ignacio, donde tambié se realizó la apertura con la proyección de Parasite, la película coreana de: Bong Joon Ho, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2019, y que se estrenará en la Argentina el 30 de enero próximo.

Escena de Parasite, la película coreana aclamada en Cannes en el 2019 y ahora en Punta del Este.
Escena de Parasite, la película coreana aclamada en Cannes en el 2019 y ahora en Punta del Este.

Quiso el destino que todo sucediera de manera circular: allí mismo donde empezó terminó, y aquella película que inauguró resultó a su vez la ganadora. Hay dos competencias en el Festival: la de cortos uruguayos y la de largometrajes. Reconocido por tener películas de primer nivel, no es poca cosa alzarse con el premio mayor.

Parasite compitió con la brasilera Bacurau (de Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles), la gallega Lo que arde (de Óliver Laxe), la francesa Retrato de una mujer en llamas (de Céline Sciamma), y la belga El joven Ahmed (de Luc y Jean-Pierre Dardenne).

Si bien Parasite, que cuenta la historia de una familia de clase baja coreana que se instala en la casa de una familia acomodada, fue justa ganadora, hubo algunos espectadores de probado criterio que aseguraron que la mejor película del festival fue Lo que arde, una obra maestra de tan solo una hora que se proyectó en la chacra La Mallorquina. Sin embargo, en su proyección hubo menos gente que en la de Parasite y como es el público quien elige a la ganadora, el trofeo fue para la coreana.

Se le entregó no una estatuilla sino una bandeja de amatista realizada por Estudio Tosca. Todos los años el Festival convoca a un artista diferente para que diseñe el premio. En este caso se convocó a una pareja de diseñadores industriales uruguayos que trabaja con piedras preciosas locales.

La bandeja que entregaron a los ganadores. Todos los años el Festival convoca a un artista diferente para que diseñe el premio. En este caso se convocó a una pareja de diseñadores industriales uruguayos que trabaja con piedras preciosas locales.
La bandeja que entregaron a los ganadores. Todos los años el Festival convoca a un artista diferente para que diseñe el premio. En este caso se convocó a una pareja de diseñadores industriales uruguayos que trabaja con piedras preciosas locales.

En cuanto al concurso de cortos, valorado por la industria de cine local, el ganador fue Yi (el río que no se corta), de la uruguaya Karin Porley Von Bergen. Fue elegido por el jurado compuesto por Marion Klotz, Alejandro Fadel y Pablo Stoll. El premio será su participación en el festival de Cannes. Además, el jurado dio una mención especial al corto Blanes esquina Muller (de Nicolás Botana); y el público eligió como favorito el corto Kini (de Hernán Olivera).

La que termina fue la décima edición del Festival creado y dirigido por Fiona Pittaluga. Quienes asistieron a algunas de sus funciones (este cronista incluido) terminaron enamorados de la proupuesta. ¿En qué lugar como acá se funden las imágenes de la pantalla con las de la naturaleza y los sonidos de la historia con los del entorno? Con la convicción de que el próximo año será aun mejor, el JIIFF se fue habiendo dejado su impronta una vez más.

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