
El número de argentinos es menor, eso es fácil de distinguir. El de brasileros es mayor, eso también se ve a simple vista. Pero las costumbres en el Este no cambian tanto. Sigue siendo el reino de las fiestas, los eventos y la gastronomía. ¿La diferencia? Año a año el argentino se debe ajustar un poco más. Los primeros datos ofrecidos por la Dirección de Migraciones de Argentina arrojaron que entre el 20 y el 29 de diciembre entraron a Uruguay apenas 108.639 personas (un porcentaje, según migraciones uruguaya, apenas un 12,31% menor que el año pasado.
Sin embargo, aunque el número no difiere demasiado, empiezan a hacerlo sus hábitos de consumo. Más allá de las crisis permanentes, siempre fue habitual que el argentino hiciera algunas compras en la calle Gorlero, de la Punta. No de alimentos o productos básicos sino de ropa o accesorios para la playa. En lo que va del año, según varios comerciantes de la famosa calle central de la Punta, los argentinos casi ni entraron a mirar. “Pusimos todas las ofertas que nos fue posible pero hasta el momento casi no hay movimiento. No solo es poco lo que vendí sino que es poca la gente que entró a mirar siquiera”, dice la dueña de un local de bikinis.
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“No perdemos las esperanzas: para este tipo de productos siempre lleva un tiempo que el turista se acomode, gaste primero en lo primordial y con los días se va tentando con las vidrieras y finalmente sale de compras… Veremos si este año también funciona así o simplemente se priva”, agrega.
Para la empleada de una librería en un shopping, la cuestión es más delicada: “Antes comenzaba la temporada y venían ya a buscar algún libro. Ahora parece que se los han traído desde allá porque no están comprando mucho”, dice.
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El impuesto del 30% obviamente persuade a muchos de hacer gastos innecesarios. Lucas es un joven de 25 años del barrio de Belgrano que vino a la costa uruguaya con amigos. Alquilaron una casa en Manantiales y se quedan hasta el final de la primera semana de enero. Para ellos, el truco principal de ahorro fue traer bebidas alcohólicas desde la Argentina y pagar con tarjetas con descuento si es que salen a comer afuera.
Los que vienen por las fiestas, pueden ahorrar en todo menos en la noche. Las mesas de las fiestas tienen precios estrambóticos (en dólares, claro) y aquellos que vienen pensando en eso no escatiman. Una mesa en una fiesta electrónica puede salir desde U$D5.000 hasta U$D10.000, según la cercanía con el DJ. Las entradas simples para cada fiesta, todas cerca de los U$D100. Así las cosas, la diversión sí es el territorio de mayor exclusividad.
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Durante el día en José Ignacio se ven algunas sombrillas acompañadas de heladeritas. No es tanto que se lleven la vianda como el alcohol. Por lo general, quienes van con las conservadoras a la playa son los jóvenes que llevan cervezas. Solo algunas familias bajan con pan y fiambre para abaratar. En todo caso, utilizan la opción del choclo (4 dólares) o el pancho (3 dólares).

Diferente es en las playas de la mansa, donde la gente baja a la playa con mayor sencillez y es más común ver familias compartiendo una ronda de mate y comiendo algo preparado por ellos mismos.
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Por supuesto, la gran mayoría de los argentinos hasta el momento se volcaron mucho más a los supermercados que a los restaurante. Por un lado es un tanto obvio dado los precios, pero la oferta gastronómica en el Este siempre hizo competencia a comer en la casa. Pocas veces como este año se pudieron ver tantos carteles en las puertas de los restaurantes con la promoción de tal o cual banco. Por lo general, todos ofrecen un 25% de reintegro o descuento, que se suma al descuento del IVA que ofrece el estado.
Un tanto optimista, Luis Borsari, Director General de Turismo del Departamento de Maldonado, dice: “Es muy común que veas acuerdos de las tarjetas con los locales. Se producen descuentos de hasta un 30%, por lo tanto el argentino cuando se suma todo termina pagando el 60% de lo que dice la factura, por lo tanto esto neutraliza por completo el recargo que el gobierno argentino ha implementado”.
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Es difícil saber si su ecuación es atinada. Por estas alturas, la pregunta más frecuente que se escucha de boca de los argentinos es “¿y esto a qué dólar lo estoy pagando?”. Sea al solidario o al dólar esteño (un término inexistente que significa: lo que salga con tal de ir a Punta del Este), la verdad es que argentinos en el Este nunca faltan.
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