Años atrás: Macarrón y Nora Dalmasso. Ahora enfrentará un juicio acusado de mandar a matarla en uno de los crímenes más resonantes de la historia policial del siglo XXI
Años atrás: Macarrón y Nora Dalmasso. Ahora enfrentará un juicio acusado de mandar a matarla en uno de los crímenes más resonantes de la historia policial del siglo XXI

En pocos casos policiales argentinos el rol de una persona varió tanto en tan poco tiempo. En poco más de 12 años, el traumatólogo Marcelo Macarrón fue el desconsolado viudo de la víctima, luego padre del principal acusado (su hijo Facundo), más adelante acusador, después asesino material y ahora presunto autor intelectual del crimen de su esposa Nora Dalmasso, de 51 años, ocurrido el 26 de noviembre de 2006 en su casa de del country Villa Golf de Río Cuarto, Córdoba.

Hoy Macarrón, de 61 años, llegó acompañado por su abogado Marcelo Brito poco después del mediodía a la Fiscalía Nº 1 de los Tribunales de Río Cuarto. Serio, sin hablar con nadie, lucía un traje gris con un sobretodo beige. El objetivo fue aceptar la elevación a juicio oral que dispuso el fiscal Carlos Pizarro en su contra por ser el presunto autor intelectual del asesinato. No sólo no se opuso al escrito del fiscal, sino que además aceptó ser juzgado por un jurado popular.

“Marcelo quiere que esto se termine de una vez por todas. No quiere dilatar nada. Está convencido de que la acusación se caerá por su inconsistencia”, dijo su abogado, Marcelo Brito.

El juicio sería en 2020 en la Cámara Primera del Crimen.

Otro que está convencido, pero de lo contrario, es el fiscal Pizarro. “Las motivaciones para la fiscalía están claras: desavenencias matrimoniales y cuestiones económicas de la pareja, él o los sicarios acordaron el plan delictivo previamente con Macarrón y sus adláteres”, afirmó en la elevación a juicio. También cree que el matador simuló un crimen de otra índole: por eso no usó arma y la estranguló.

Para el fiscal no hubo violación, pero sí alteraron la escena del crimen para que pareciera un ataque sexual. El ADN hallado en la víctima era de Macarrón: habían tenido relaciones sexuales antes de que él viajara a Uruguay a jugar un torneo de golf con amigos.

Pizarro cree que él o los asesinos fueron profesionales y no eran de Córdoba. “Macarrón no estuvo, pero los contrató y sospechamos que no lo hizo solo”, sospecha el fiscal.

Macarrón y su hijo Facundo tras el asesinato de Dalmasso en los tribunales de Río Cuarto (foto: NA)
Macarrón y su hijo Facundo tras el asesinato de Dalmasso en los tribunales de Río Cuarto (foto: NA)

Desde que se hizo cargo de la causa, el fiscal retomó el móvil económico. Cree que Macarrón se anotó en un torneo de golf con sus amigos para que sea la coartada ideal. El destino quiso que mientras él celebraba el triunfo y la obtención de la copa, el asesino ahorcaba durante tres a cinco minutos a Nora con una fuerza de 15 kilos. Y que después recibía la noticia de que los hombres que habría contratado habían cumplido su trabajo. La versión del viudo es que se enteró del asesinato cuando volvía en auto hacia Río Cuarto. “Me bajé en la ruta, se me venía el mundo abajo”, dijo en aquel entonces.

Aunque su abogado Marcelo Brito no lo dice, en el entorno de Macarrón confían en que no podrán demostrar nada. Y prefiere un juicio popular, pese a todo. “Macarrón ya no cree en la Justicia. Primero fueron por un juego sexual de su esposa, luego por su hijo, más adelante por el apellido Macarrón, después que él viajó desde Punta del Este en un avión fantasma para matarla y ahora que organizó un torneo de golf que terminó por ganar mientras ella era asesinada. Otra cosa: en la calle, la gente le dice que cree en su inocencia, que está con él. Incluso lo han querido acompañar al cementerio a dejarle flores a ella”, dice Brito.

El médico traumatólogo fue acusado de ser responsable de homicidio calificado por el vínculo, alevosía y por precio o promesa remuneratoria, que prevé una pena de cadena perpetua.

Es decir, el fiscal cree que contrató a un sicario para que estrangule a su esposa. ¿El móvil? Los pesquisas apuntan al motivo económico. O un intento siniestro por callar algo que ella iba a develar en relación a unos negocios turbios en los que él habría estado involucrado.

“No tienen nada en mi contra, pero insisten. Cambian de fiscal, pero no de idea fija: no van a parar hasta verme preso, cuando el asesino va a seguir libre, la orden viene desde la Fiscalía General, es una persecución”, les dijo Macarrón a sus abogados.

Macarrón apuesta al jurado popular y a la supuesta falta de pruebas para finalmente desligarse del crimen de su mujer (foto: NA)
Macarrón apuesta al jurado popular y a la supuesta falta de pruebas para finalmente desligarse del crimen de su mujer (foto: NA)

El juicio se definirá por un jurado de 12 personas. Brito marcó la cancha y aclaró que ninguna de ellas podrá “tener una información acabada del caso y muchísimo menos, una opinión formada”.

En su momento, la gente tuvo una importante participación en la liberación de Gastón Zárate, el llamado perejil del caso, que trabajó en una obra en la casa de Dalmasso días antes del crimen. Lo detuvieron y hubo una marcha llamada “perejilazo”. El joven fue liberado en 2007 porque no había una sola prueba en su contra. Lo absolvieron cuatro años más tarde.

El hijo de Dalmasso y Macarrón, Facundo, estuvo imputado al mismo tiempo que el pintor. Pero con otra motivación. También fue absuelto y prometió que el día que se cierre el caso hablará con la prensa.

El viudo, que volvió a estar en pareja y sigue viviendo en la casa donde mataron su mujer, está más resignado que abatido. Sus hijos, Facundo y Valentina, creen en su inocencia.

“Pero estos días se lo vio más fortalecido. Confiado en que su buen nombre y honor quedarán a salvo. Pero cree que nunca se sabrá quién mató a su esposa”, dijo un allegado de Macarrón.

En el comienzo del caso, el viudo y su abogado, Daniel Lacase, tenían una buena relación con los hombres de la División Homicidios de Córdoba. La teoría de la familia apuntaba desde un amante despechado a un obrero. Hasta Macarrón contrató a los criminalistas Raúl Torre y Osvaldo Raffo, ambos de renombre en la materia, para que elaboraran un informe. La hipótesis apuntó a que Nora fue esperada por él o los asesinos. Y que ella se resistió antes de que la golpearan hasta desvanecerla. “Dos años después, el FBI llegó a la misma conclusión”, dice Torre a Infobae.

Por la causa pasaron 5 fiscales y 12 sospechosos. “Todo esto es una locura. Nosotros somos los damnificados, no los culpables o mafiosos”, se desahogó Macarón ante sus allegados.

Macarrón ayer: sus hijos creen en su inocencia.
Macarrón ayer: sus hijos creen en su inocencia.

Durante los últimos meses, Infobae habló varias veces con Macarrón, pero prefirió no dar entrevistas. Se mostró dolido, a veces indignado por la acusación. Pero trató de seguir con su vida. Viajar por el sur, por el norte y no perder una costumbre: jugar al golf. “Ese es mi cable a tierra”, dice. Para la Justicia, fue el deporte que le sirvió de excusa para el plan de eliminar a su esposa.

El caso Dalmasso rompió escandalosamente un viejo axioma según el cual la escena del crimen es un sitio sagrado que contiene el último instante que un asesino y su víctima sellan para siempre. Lo que Edmon Loccard llamó “la ley del intercambio”: a la víctima le queda algo impreso e imperceptible del asesino. Y el asesino se lleva la marca de la víctima. Pero en la habitación de Nora, la escena del crimen se convirtió en una especie de museo del horror: por ese lugar desfilaron 23 personas, desde la empleada doméstica hasta el cura de la familia, que tapó el cuerpo de la mujer por una cuestión de pudor. Nora fue hallada desnuda.

Para el forense Osvaldo Raffo, recientemente fallecido, Nora Dalmasso se trabó en lucha con el agresor. Y fue golpeada, desvanecida y luego estrangulada con el lazo de su bata y con las manos. El asesino ejerció una fuerza de 15 kilos durante tres a cinco minutos. “Tenía lesiones en el cráneo y en el codo derecho. Se trata de una víctima luchando por su vida, derribada al suelo y transportada a la cama, o sorprendida en ella. No siempre se halla un escenario criminal con muebles derribados, vidrios rotos y regueros de sangre”, afirmó el forense.

Nené, la madre de Nora Dalmasso, no podrá declarar en el juicio por problemas de salud. Pero en una entrevista con el diario El Puntal de Río Cuarto, dijo que sospechaba de “una mafia o un clan que se reunía en comilonas con Macarrón”. Y que su yerno le inspiraba una sospecha, o un recelo que no era odio o amor.

Macarrón decidió tomar la iniciativa. “No tengo nada que ocultar, vivo en la misma casa, la gente me respeta, no cambié mi vida y el crimen de Nora me sigue doliendo. Los asesinos están sueltos”, dice el viudo a su abogado, el hombre que pasó de acusador a acusado.

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