Daniel “Maguila” Puccio al ser detenido en 1985 y este martes
Daniel “Maguila” Puccio al ser detenido en 1985 y este martes

Las dos fotos son del mismo hombre. Las separan 12.443 días (poco más de 34 años), 10 presidentes, más de 2 mil kilómetros de distancia y una historia oscura que parecía terminada. La primera fue tomada el 23 de agosto de 1985. La segunda, el 17 de septiembre de 2019.

Al destino parecieran gustarle las coincidencias en los detalles menores: en las dos imágenes, Daniel Maguila Puccio lleva una remera azul en esos dos momentos que marcaron su vida. Lo sorpresivo es que si se observan las fotos, se lo ve más perturbado en la última, cuando lo apresaron en Brasil por tener documentación falsa. En su anterior caída, en Buenos Aires, a los 23 años, por el secuestro de una mujer, aparecía con el rostro más tranquilo.

A los 58 años, es probable que el Puccio que logró evadir su condena y vivir más de 10 años como prófugo haya recordado aquel día en que fue apresado junto a su padre Arquímedes cuando pretendían cobrar un rescate de 186 mil dólares por la liberación de la empresaria funeraria Nélida Bollini de Prado, a quien mantuvieron cautiva 32 días en el sótano de su casona de San Isidro.

Maguila nunca pensó que iba a vivir un momento similar, esposado y fotografiado. El perfil bajo que mantuvo todo este tiempo se quebró en Brasil, donde fue capturado el lunes. Allí pensaba moverse con otra identidad. Una paradoja: en su regreso a la Argentina mantuvo el mismo nombre pese a que decir Puccio es sinónimo de delito. Pero en el exterior, donde podía pasar más inadvertido, no pretendía llamarse de esa manera.

Daniel Arquímedes no solo tiene en común con su padre su segundo nombre. Es el más parecido a Arquímedes Rafael Puccio, el siniestro líder del clan que secuestraba y mataba empresarios en su casa. No solo físicamente (retacón, los mismos ojos, tono de humor similar), sino en la forma práctica y ambiciosa que tenían para ver el mundo.

Más allá de que el exitoso era su hermano Alejandro, ídolo de Los Pumas, Daniel fue más funcional a la banda. En el último secuestro actuó encapuchado, empujó a la víctima a la camioneta y la encadenó.

Los integrantes del Clan Puccio
Los integrantes del Clan Puccio

Los dos solían tener largar charlas. Su padre le aconsejaba que la mejor manera de pensar y crecer era viajando. "Yo conozco más de cien países", se jactaba Puccio, que había sido diplomático en la primera presidencia de Juan Domingo Perón.

Maguila viajó por el mundo. Antes y después de su primera detención. Hay fotos suyas en las que aparece montando un camello en el desierto, al pie de las Pirámides de Egipto, haciendo surf en una playa hawaiana o tomando una cerveza en Alemania.

Era el hijo preferido de su padre. El más divertido (Puccio tenía una personalidad similar, solía hacer chistes o recurrir a las ironías) y el que podía interpretar las ideas de su padre. En cambio, su hermano Alejandro era más rebelde y contradictorio a la hora de relacionarse con Arquímedes.

Si en la vida tenían diferencias, en lo criminal los separaba un abismo. Por los secuestros, Alejandro dinamitó una carrera brillante como jugador de Los Pumas y del CASI, donde iba camino a convertirse en ídolo. Si a Maguila le pedía incondicionalidad, a Alejandro lo necesitaba como la cara visible: el relacionista público de esa empresa macabra que él llamaba industria sin chimeneas. Buscaba que Alejandro se relacionara con personas de clase alta y hasta con el cura de la Catedral de San Isidro. Era el mejor señuelo para atraer a las víctimas.

La forma de ser de Daniel, que le decían Maguila por el famoso dibujito animado de un gorila, generaba empatía en toda la familia. Era bromista, siempre tenía buen ánimo y seguía los pasos de su hermano, aunque sin su talento: jugaba en el tercer equipo del CASI.

Antes de que su padre comenzara con los secuestros, decidió viajar. "Me fui a Nueva Zelanda a jugar al rugby con el CASI. Y como me invitaron decidí quedarme. Después quise conocer Australia y estuve trabajando, conociendo y aprendiendo mucho. Dos años y medio después quise volver a la Argentina, ver a mi familia, ver cómo estaban mis amigos, ver qué pasaba aquí, pero después, desgraciadamente, no me fui a tiempo. O quizá nunca tendría que haber venido, la Argentina no es mi lugar", declaró en una entrevista que dio a la revista Semana en marzo de 1988.

Maguila había pasado dos años y cinco meses en la cárcel de Devoto y esperaba la sentencia en libertad. Había vuelto a vivir en la casa del horror.

Del paraíso al infierno, sin escalas

Mientras ocurrieron los primeros tres secuestros, Maguila estuvo en Nueva Zelanda y Australia. Hernán Ponce, un amigo suyo, sorprendido por los actos de Puccio padre, el 24 de agosto de 1982 le escribió una carta: "Tu viejo estuvo preguntando precios en una casa de antigüedades para saber cuánto le saldría un juego de esas bolas con cadenas que se usaban en la Edad Media para sujetar esclavos".

En otra carta, según reveló Infobae, su hermana Silvia le escribió: "Mamá y papá ya no se hablan, pero hay que seguir juntos por la familia".

Y otra más, justo antes del secuestro de Ricardo Manoukian en 1982: "A papá le están yendo las cosas muy bien; pronto habrá nuevas perspectivas para todos, pero hay que hacerlas bien y saber esperar".

¿Pero por qué había tomado Maguila la decisión de volver al país?

La explicación está en una carta que le mandó su padre Arquímedes cuando aún se planificaba secuestrar a Bollini de Prado.

"Para julio, Dios nos va a ayudar con un negocio. Hay que saber esperar porque este país es inmensamente rico y, pese a todo, con posibilidades sin límites. La razón de toda la circunstancia es saber o poder ubicarse. Todo ello se consigue con inteligencia, con calma y con suerte. Solo hay que agarrar la manija. Zorri (así llamaban a Alejandro en familia) me está ayudando en el negocio pero le cuesta aprender, es un poco lento. Estudiá mucho inglés, hijo. Preparate, que si Dios lo permite voy a necesitarte dentro de poco. Primero hay que luchar para alcanzar la meta- siguió Arquímedes en su carta-. Cuando lo lográs, tenés que luchar para mantener lo conseguido o disfrutarlo. Es por eso que tenés que capacitarte. Para más adelante espero concretar la compra de la nueva camioneta. La F 100 está muy linda y el amigo Zorri para equiparla muy bien y poder ocuparse de la conducción compró un equipo de audio del carajo. También me solicitó que era necesario adquirir un nuevo equipo para reemplazar el viejo Grundig. El Zorri es siempre previsor y está averiguando para comprarse una tablita para hacer vela en la playita. A nosotros nos va bien. La familia toda está cambiando el vestuario. Al Zorri le compré un jetra. Y yo tengo una colección de zapatos. Parezco un ciempiés. Zorri tiene que estudiar y capacitarse. Meterse en el asunto y dar el examen".

Nunca se sabrá las sensaciones de Maguila al leer esas cartas desde un país donde había logrado cierta paz. ¿Qué lo llevó a seguir esas frases penetrantes de su padre cuya intención agazapada estaba latente?

"Retomo en estos momentos la escritura de la carta. He tenido un día muy intenso. Obtuvimos una utilidad muy importante en verdes que nos coloca nuevamente en una tranquilidad frente a todo el problema de la inflación que nos golpea cada vez más. Estoy preparando otro negocio que creo que saldrá perfectamente bien. Cuando uno estudia y planifica todos los aspectos de la inversión… quisiera que pudieras leer entre líneas. La situación del país está muy mal. Pero recordá que te lo digo con experiencia, hay muchos en la guerra que, mientras otros mueren y sufren, hacen negocios. Dame un voto de confianza para que Dios no me permita defraudarte".

Quizá después de debatirlo consigo mismo, Maguila tomó la decisión: se subió al avión y quizá no pensó que ese viaje desde Australia hacia Buenos Aires podía ser de ida. Estaba a 11.800 kilómetros de una nueva vida. Se reencontró con una familia que no parecía la misma. Como si la hubiesen cambiado. Intuía ese clima de extrañeza en las cartas que le mandaba su padre Arquímedes. No era tonto: sabía que el "negocio" que le proponía no era legal.

En una de las cartas le mandó una nota de la revista 7 Días en la que había un artículo sobre el secuestro de Manoukian. "No te quiero presionar y no quiero que pienses que quiero convencerte con plata y autos. Esto es mucho más profundo y sentimental", le escribió Arquímedes.

La cuestión es que Maguila volvió transformado.

De acuerdo con una nota de Gaby Cociffi, que cubrió el caso, Mónica, la novia de Alejandro, definió a Maguila como el preferido de Arquímedes. "A mi novio no le importaba porque quería que su hermano se encaminara. Daniel no trabajaba. Desde que había regresado de su viaje, se había vuelto vegetariano y decía: 'Todos los que usan tapados de piel son asesinos' ".

En el retorno del hijo pródigo, hubo una cena de bienvenida con los miembros de la familia, Arquímedes, Epifanía, Silvia y Adriana. Pero no hubo tiempo para mucho más. Al otro día, Daniel debía sumarse a la banda. Arquímedes le regaló una camioneta Mitsubishi.

"Daniel volvió para que la familia esté junta y unida, además mi marido y yo lo extrañábamos", contó Epifanía. En su declaración ante la jueza María Romilda Servini de Cubria, publicada en Infobae, la esposa de Arquímedes habla de su hijo en un tono que no parece el de un relato judicial: "Daniel actualmente no trabaja. Se levanta a las 10 y se va al CASI donde hace fisicoculturismo. Casi nunca almuerza en casa, pero sí come a la noche. A veces también duerme la siesta, pero no es su rutina, no vaya a creer".

Con ese tono naif, le dijo a Servini que no sabía a qué se dedicaba su marido porque era una persona "poco comunicativa". Y que no tenía ni idea del sótano. "Solo bajaba al sótano a retirar botellas de vino cuando realizábamos alguna reunión social o cuando se escapaba la tortuga".

A diferencia de su hermano Alejandro, a Daniel no se le conocieron novias. En las fotos de su álbum familiar aparece en algún lugar del mundo o sonriente junto a sus hermanos.

Poco antes de convertirse en prófugo dijo que su padre no era un tirano. "Él no nos obligó a nada, no arrastró a nadie, creo que él se vio forzado a hacerlo, no lo hizo motu proprio. Me sentiría mal si llegara a ser culpable, pero seguiría siendo mi padre. En cierta manera, biológicamente soy parte de él, ideológicamente, no. ¿Sabe por qué? Porque tengo otra concepción de la vida. A mí me gusta estar con la gente, tener su confianza, ser amigo, poder ayudar. Me gusta sentir lo que es amar a los demás. Parecería extraño que piense esto, ¿no?, después de haber estado en Devoto".

Y detalló los momentos que vivió con su hermano ya lejos de su padre. Estando en prisión Alejandro, él trataba de alentarlo. "Él se deprime, era una estrella de rugby y ahora lo tratan como criminal. Mi padre estaba en otro pabellón y cada pabellón es como estar en un país distinto. El secuestro no es nuestro medio de vida. Yo soy trabajador, aunque ahora busco trabajo. A partir del momento en que salí de la cárcel empecé a estructurar una nueva vida, con gente nueva, con personas que me aprecian por lo que soy. Tengo mucho que dar todavía. Y ellos me aceptan así. Pretendo que todos los que me traten sepan quién soy, qué me sucedió. Lo que me pasó fue un accidente de la vida", dijo a la revista Semana.

Así llamaba al secuestro: un accidente de la vida.

"El clan Puccio no existe, nunca existió. Mi madre y mis hermanos son inocentes, mi padre está más complicado, pero creo que fue amenazado para que hiciera muchas cosas. Más no puedo decir. Ahora estoy entrenando para jugar rugby en el club San Andrés y en Devoto comencé la carrera de Psicología. Eso me salvó: sin estudio no hubiera podido superar el golpe tremendo que fue esto para mí. Vivir en Devoto es trágico. Tuve la suerte de sobreponerme y luchar mucho. A otros los destruye. Cuando a uno lo acosan y lo quieren enterrar es cuando más fuerza se hace. Al principio sentí dolor, desesperación, como que mi vida no servía y me había tirado a la basura. Pero descubrí que la vida era más importante que verse vilipendiado en una revista. Para mi hermano fue más duro. Y decidió suicidarse, pero por suerte sobrevivió".

Además dijo que buscaba trabajo y que vivía del dinero que le prestaban sus amigos, los que aún confiaban en él.

Por los secuestros (participó del último), estuvo detenido solo dos años y medio, desde agosto de 1985 hasta febrero de 1988, cuando fue liberado porque pasaba el tiempo y no recibía sentencia. En 1998 recibió una pena de 13 años de cárcel. Pero ya estaba fugado. Lo hizo durante más de diez años. El juzgado de Instrucción N° 49, a cargo de Facundo Cubas, declaró en 2011 la extinción de la condena. Maguila volvió al país, pero siguió en las sombras. Tampoco le debía nada a la Justicia.

¿Qué oculta?

Las explicaciones de Daniel Puccio no convencieron a los policías brasileños que lo detuvieron el lunes. Dijo que decidió cambiar de identidad para comenzar una nueva vida en ese país. Y que pensaba comprar una propiedad. Lo paradójico es que no hubiera tomado la decisión de cambiar de nombre y apellido cuando volvió a la Argentina. Se siguió llamando como su padre y como los días en los que participó del último secuestro del siniestro clan que capturaba y mataba empresarios en su casona de San Isidro. Es más: puso un puesto de surf en Pinamar y un bar en Villa Gesell llamado Toulouse. Allí recalaban decenas de turistas y bandas de rock.

En un libro de próxima aparición revelaría en uno de sus capítulos cómo era el rol de los Puccio como empresarios gastronómicos. "El lugar era de un muchacho rugbier y de su madre. Eran grandes anfitriones. Una de las especialidades era arroz con pollo", cuenta una de las personas que fue a ese lugar y no tenía idea de que se trataba de Maguila y Epifanía. Corría 1989.

Resulta llamativo que uno de los platos del restaurante fuera el arroz con pollo, ya que era el menú que le daban a algunos de sus secuestrados. Por ejemplo, a Bollini de Prado.

A esta mujer, que tenía 58 años cuando permaneció cautiva en el sótano de la casa, Maguila le dejó una carta como pedido de disculpas:

"Espero que al recibir esta carta usted y su familia se encuentren bien. Sé que parecerá extraño recibir una carta mía, han pasado ya más de diez años desde que sucedió aquel lamentable hecho del que usted y su familia fueron víctimas y en el que yo formara parte. Sé que leer esta carta puede ser difícil y que le puede traer recuerdos de dolor. Deseo de todo corazón que no se sienta mal por el atrevimiento que me estoy tomando. El motivo es expresarle mi arrepentimiento y perdón por lo ocurrido. Sé que realmente fue algo muy feo lo que sucedió y ya hace mucho tiempo que yo quería enviarle esta carta, pero con toda sinceridad le digo que es y fue muy difícil para mí enfrentar este hecho tan vergonzoso y cobarde que no tuve el valor para hacerlo hasta este momento. Esta carta tiene para mí más significado y valor que cualquier situación judicial. Lo que pueda decir o hacer la Justicia en relación a mí, aun con la más penosa de las condenas, no tendría sentido si yo no tuviera oportunidad de expresarle a usted y a su familia, quienes fueron víctimas de tanto dolor por una actitud cobarde, irresponsable y criminal por parte mía, mi más profundo arrepentimiento y mis más sinceras disculpas. Aunque en este momento yo me encuentro en libertad y la Justicia aún no ha resuelto mi situación procesal penal, quiero remarcar que esta carta no tiene nada que ver con la Justicia, es algo personal con usted y su familia. Sé que usted sufrió, lo mismo que sus hijos y familia. Yo siento un profundo dolor por lo ocurrido y es que a veces no sabemos lo que hacemos. Por eso le vuelvo a pedir perdón aunque yo no fui el ideólogo de aquel doloroso hecho en el que participé de manera inconsciente, es una responsabilidad moral y de respeto enviarle estas líneas. Hubiese preferido trasmitirle esto personalmente, pero es posible que usted no quiera verme. Señora Nélida Bollini de Prado, no sé si hay algo que yo pueda hacer por usted, sé que además de pedirle perdón tengo una deuda con usted y su familia. Me encuentro a su entera disposición para servirle en todo aquello que esté dentro de mis posibilidades y aunque exceda a estas, realzaré mis máximos esfuerzos para cumplir lo que usted necesite".

La banda y las víctimas: "Maguila es igual a Arquímedes"

Los matadores del clan, esos dos hombres que sellaron un pacto mafioso de sangre con Arquímedes al estilo siciliano, tenían una opinión clara de cada miembro de la banda. Entre las víctimas puede mencionarse, entre 1982 y 1985, a los empresarios Ricardo Manoukian, Eduardo Aulet y Emilio Naum, capturados y asesinados con crueldad.

Alejandro era un mentiroso, le gustaba la plata y era capaz de delinquir por eso. No fue ningún inocente. Arquímedes era una basura. Lo tendríamos que haber liquidado. El único que valía la pena era el otro pibe, Maguila. Ese no tenía medias tintas. Era parecido al padre, pero menos tenebroso.

Eso dijeron Guillermo Fernández Laborda (desde hace dos meses internado por un ACV que le dejó medio cuerpo paralizado y dificultades en el habla) y Roberto Oscar Díaz sobre el Puccio más enigmático de la banda, el que supo mantener el misterio; hasta ahora.

Daniel Arquímedes Puccio, que al parecer tenía mucho más que el nombre en común con su padre.

"Sigo en contacto con Daniel Maguila, pero no puedo decir nada más porque cuido a mis hijos", le dijo Puccio al autor de esta nota, en 2011, dos años antes de su muerte. El resto de su familia, ya muerto Alejandro en 2008, no quería saber nada con él. Aunque al pastor que lo cuidaba, Eliud Cifuentes, le contó que su familia tenía dos cuentas en el exterior. ¿Maguila habrá seguido sus instrucciones? Es uno de los enigmas.

"Daniel es un siniestro como el padre. Siempre ocultó su verdadera personalidad, pero es como Arquímedes. Vino del exterior cuando su padre lo convenció de sumarse al negocio de industria sin chimeneas. Recuerdo el día que yo debía reconocer a Alejandro en rueda de presos, en Tribunales, apareció Maguila y me empujó. Empecé a gritarle y a insultarlo. Salieron los empleados judiciales a ver qué pasaba y huyó como un cobarde", dice Rogelia Pozzi, la viuda de Aulet, a Infobae.

También dice que la identidad falsa "es una mascarada para algo mucho más turbio". "Maguila no tiene familia, siempre especuló y es lo más parecido al padre".

Guillermo Manoukian, hermano de Ricardo, coincide: "Es un criminal. Estoy seguro de que nunca perdió el contacto con Arquímedes, es decir lo perdió cuando murió el viejo, pero le tiene que haber dejado indicaciones. Tuvo una impunidad alevosa. No pagó su condena, volvió a Buenos Aires y nunca se lo investigó. Hasta se lo vio en San Telmo visitando a su madre Epifanía, según lo fotografió Gente. Quiero que se llegue a fondo porque estoy seguro de que andaba en algo turbio. Drogas o contrabando, o quizá lavado de dinero".

Alicia Betti, viuda de Naum, dice que tiempo después del crimen de su marido, recibió un escrito amenazante: "Se comprobó que lo había escrito Maguila bajo la orden de su padre, pedían más dinero de una manera cifrada. Maguila es un criminal".

Hasta uno de los jueces de la causa, Alberto Piotti, cree lo mismo: "Era el más parecido a su padre, heredó su lado siniestro. Una posibilidad es que durante su fuga se hubiera escondido en Brasil o San Luis", dijo a Radio Continental.

Rubén Alberto de la Torre, ex miembro de la superbanda y de la banda que robó el banco Río de Acassuso el 13 de enero de 2006, fue compañero de Maguila en Devoto. "Hacía junta con su hermano, hablaban mal del padre. Era un gordo macanudo, con mucho más coraje que su hermano. Pero el tipo se fue y dejó a la familia en banda. En los códigos del hampa eso no se hace".

A poco más de 34 años de su caída, jamás pensó que iba a volver a ser esposado. El pasado es para él un fantasma que lo devolvió a la cárcel, el destino al que siempre quiso burlar.

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