Desde Washington, Estados Unidos – La tragedia del Amazonas no es casual, ni única, ni inesperada. Es más: ni siquiera es un desastre natural, en el sentido de que es la naturaleza la que lo promueve. Hasta los científicos de la NASA, pertrechados con los más inconcebibles -para los simples mortales- instrumentos y la más profusa dotación de información, son contundentes cuando tratan de explicar desde la ciencia lo que está arrasando la principal selva en pie del planeta.
"Cuando miramos desde el cielo no vemos sequía, vemos actividades económicas actuando. Y estas acciones motivadas por la economía son las que definen el sentido y la dirección del fuego", sostiene Douglas Morton, científico especialista en sistemas terrestres del Centro Espacial de la NASA en Goddard, a pocos kilómetros de Washington, Estados Unidos.
Su colega Niels Andela coincide. "No hay incendios 'naturales'. Pero aun los incendios iniciados por el hombre pueden tener una condición accidental o una decisión previa. En el caso del Amazonas lo que se observa es un proceso social en funcionamiento: como si hubiese existido una orden de iniciar el fuego".
Morton muestra un mapa y certifica que la geografía no miente. Los incendios están ocurriendo a lo largo de los ejes de transporte de carga y los bordes de los estados de Amazonas y Mato Grosso, en donde se verifica una reciente y creciente expansión de la agricultura. "Es un síntoma económico, no climático", subraya.

Ambos científicos agregan que los datos confirman que si bien se está atravesando el período anual de escasez de lluvias, la actual sequía es mucho menos grave que las que afectaron el centro-sur del Amazonas en 2015, por ejemplo, con una notable menor cantidad de incendios. Y, en cambio, en esta ocasión se estima -y los satélites de la NASA impiden mentir- un 85% más de incendios que el promedio de los diez años anteriores.
Y en verdad si uno analiza lo ocurrido desde la asunción de Jair Bolsonaro comprueba que se está ante una tragedia anunciada.
Bolsonaro asumió diciendo que no creía en el cambio climático y que como el Amazonas está en territorio de Brasil, la decisión sobre su explotación le corresponde a los brasileños. Simultáneamente, degradó al legendario Ministerio de Medio Ambiente de Brasil a ser una dependencia del Ministerio de Agricultura, y bramó la promesa de duplicar la superficie sembrada con soja, que solo puede ser tomada de las áreas selváticas, muchas ellas protegidas en parques nacionales o reservas, del Amazonas.
Como si esto fuera poco, desmanteló las áreas de protección de bosques y los sistemas de monitoreo satelital de incendios, y envalentonó a los hacendados a invadir áreas protegidas o reservas indígenas para "poner esas tierras a producir". Antes de introducir soja o ganado, lógicamente, hay que quemarlas.

Todo esto conforma la base de la decisión económica que los científicos de la NASA observan desde el espacio a través de sus satélites. Nada que pudiese asombrar.
Igualmente, como a Bolsonaro no le parece importante el impacto de la actividad humana sobre el clima, quizás no le sea necesario recordar que junio acaba de ser galardonado como el mes más cálido de la historia. Y la veloz desaparición de las selvas tropicales, junto con los incendios asociados, solo añaden combustible en esta tendencia de aumento irrefrenable de la temperatura global.
¿Por qué? Porque el Amazonas es el principal receptáculo de dióxido de carbono del planeta, haciendo más lento el proceso de aumento de la temperatura gracias al intercambio de CO2 por oxígeno. Pero además, merced a sus "ríos aéreos" derivados de la enorme humedad que la atraviesa, la ecorregión del Amazonas es gran proveedora de nutrientes para microscópicos organismos marinos llamados diatomeas que son enormes y eficientes productores de oxígeno a escala mundial.
La sensibilidad que despierta esta tragedia ecológica obliga a que aparezcan preguntas esperanzadas y esperanzadoras: ¿se puede recuperar lo que se está perdiendo en estos miles de focos de incendios?
Responde, desde la ciencia y la lógica, Niels Andela: "Estos incendios son deliberados y persiguen un propósito de destinar esas tierras a un uso agrícola o ganadero. O sea, que se los enciende para que la selva desaparezca. Difícilmente haya alguna posibilidad, dado ese marco, de que la naturaleza restaure algo que una parte de la sociedad destruye".
*El autor es biólogo, periodista ambiental, conductor de Ambiente y Medio.
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