A la vez que la temperatura global sigue batiendo récords, los hielos de Groenlandia se derriten a velocidades inusitadas y la biodiversidad planetaria enfrenta amenazas sin precedentes, un nuevo reporte de un organismo dependiente de la ONU advierte que la forma en que nos alimentamos, vestimos y extraemos productos generados por la naturaleza es una causa de peso en la modificación del clima. Además, explica que el uso del suelo aporta el 23% de las emisiones contaminantes. Es por eso que solo la lucha contra el calentamiento global garantiza la seguridad alimentaria.

Las conclusiones se desprenden del trabajo elaborado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y dado a conocer hoy en Ginebra, Suiza. Titulado "Cambio Climático y el Suelo", el trabajo analizó la relación entre las masas terrestres y la atmósfera, y cómo la manera en que comemos y consumimos hacen que una afecte a la otra.

Los seres humanos ocupan un 72 por ciento de la superficie no congelada del planeta, ya sea para la agricultura y la ganadería o para las plantaciones forestales, entre otras. Pero, paradójicamente, un tercio de la comida que se produce se desperdicia. Y esto a su vez genera más gases de efecto invernadero y más calentamiento global.

REUTERS/David Mercado
REUTERS/David Mercado

Firmado en 2016, el Acuerdo de París establece como meta limitar el alza de la temperatura global en 1,5º y 2º centígrados. Para ello se necesita no solo eliminar el uso de los combustibles fósiles -cuya quema es el principal motor de la crisis del clima- sino también mitigar sensiblemente la presión que los seres humanos ponen sobre el suelo.

"El suelo proporciona la base principal para el bienestar y los medios de vida humanos, incluyendo el suministro de alimentos, agua dulce y otros múltiples servicios de los ecosistemas, así como la biodiversidad", indica el informe.

Una de las principales recomendaciones del IPCC a los gobiernos mundiales es detener la deforestación. Esto así debido a que las selvas y bosques de la Tierra absorben un tercio de las emisiones de dióxido de carbono, además de jugar un rol importante en el enfriamiento de la corteza o la generación de lluvias.

Hoy, unas 500 millones de personas viven en suelos que se han desertificado. Y la presión sobre los diferentes ambientes afecta de manera particular a los países más vulnerables en términos de desarrollo. Entre ellos se encuentran las naciones de América Latina.

La Argentina no escapa a esa tendencia, ilustrada por el estado de los suelos patagónicos que han sido sobreexplotados por el uso intenso de la producción ganadera.

"El suelo es tanto una fuente como un sumidero de gases de efecto invernadero (GEIs) y cumple un rol clave en el intercambio de energía, agua y aerosoles entre la superficie terrestre y la atmósfera. Los ecosistemas terrestres y la biodiversidad son vulnerables ante el cambio climático y eventos climáticos extremos, en distintos grados. El manejo sustentable de la tierra puede contribuir a reducir los impactos negativos de múltiples fenómenos, incluido el cambio climático, ecosistemas y sociedades", agrega el reporte.

Aunque no hay una recomendación específica respecto del consumo de carne, sí es explícito el llamado a un cambio de conducta. Según advirtió la experta alemana Charlotte Streck, de la organización Climate Focus, de continuar el ritmo actual de consumo y de aumento poblacional, en 2050 el suelo agrícola debería haber aumentado en seis millones de kilómetros cuadrados. Esta superficie representa el equivalente a dos veces el área total de Argentina.

Paradójicamente, la forma en que producimos comida afectará la seguridad alimentaria en el futuro. Cada grado que aumente la temperatura tendrá particular impacto en la productividad de los cinco cultivos más usados en el mundo entero: el trigo, la soja, el maíz, el arroz y el sorgo.

Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA y uno de los investigadores argentinos que son parte del informe, dijo: "Existen muchas prácticas basadas en el manejo de las tierras y de los ecosistemas que poseen claros beneficios y sinergias para la mitigación del cambio climático, la seguridad alimentaria y la prevención de la degradación de las tierras. Muchas de ellas se basan en la limitación de la deforestación, la integración de producciones agrícolas, silvicultura y ganadería. Existe un enorme camino a recorrer en el reuso de aguas y reciclado de residuos de la industria, el agro y la cadena comercial".

"Algunas producciones como los cultivos bioenergéticos despiertan algunas alertas por su potencial impacto ambiental negativo", agregó el experto.

A este respecto, el informe remarca que "la tierra que ya en uso podría alimentar al mundo en un clima cambiante y proporcionar biomasa para la producción de energía renovable". "También para la conservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad", sostuvo Hans-Otto Pörtner, co-presidente del Grupo de Trabajo II del IPCC.

"Los datos disponibles desde 1961 muestran que la oferta per cápita de aceites vegetales y carne ha aumentado a más del doble y la oferta de calorías alimentarias per cápita ha aumentado en un tercio. Actualmente, el 25-30% del total del alimento producido se pierde o desperdicia. Estos factores están asociados a más emisiones de GEIs. Cambios en hábitos de consumo han contribuido al sobrepeso y obesidad de alrededor de 2 mil millones de adultos. Aproximadamente 821 millones de personas aún sufren malnutrición", dice el informe.

Los científicos del IPCC esperan que su informe inspire nuevas políticas de explotación del suelo por parte de distintos gobiernos, y que una primera rueda de compromisos sean asumidos y anunciados en la Cumbre Climática que se celebrará el 23 de septiembre en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

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