No fue el rock, sino las sirenas de las ambulancias las que se convirtieron en la música que los miles de sobrevivientes tuvieron que escuchar; la misma que ninguno de ellos imaginó oír durante la fatídica y triste noche del 30 de diciembre de 2004.

El incendio del boliche República Cromañón terminó con la vida de 194 personas y dejó cicatrices y traumas en miles de víctimas y familiares. Secuelas que aún perduran y los convierten en testigos del dolor que conviven con la herida abierta.

"Es complicado continuar. Tanto de un lado como del otro. A nosotros los padres de las víctimas fatales nos hace muy bien saber que los sobrevivientes puedan contar lo que pasó en primera persona. Y también nos hace bien tener cerca a los jóvenes. Ellos nos entienden, nos comprenden y no nos dejan solos en este proceso de dolor. Saben en qué situaciones estamos y cómo quedamos", dice Nilda Gómez, madre de Mariano Benítez, que falleció durante la tragedia.

"Es muy difícil. La tristeza te invade y te va consumiendo. Las entrañas te duelen y te produce como un agujero en el estómago. Esa frase que dice 'el tiempo cura las heridas' es mentira", se sincera la mujer.

A unos metros cerca suyo está Oscar Filardi, quien es dueño de un caso peculiar, al ser padre y sobreviviente a la vez, ya que acompañó aquella noche al recital a su hijo Juan y a los dos amigos de éste, Joaquín y BrunoLos cuatro estuvieron dentro y hoy lo pueden contar en primera persona. Todos se reunieron esta semana en la Sala del Multiteatro con motivo de una función privada en la que se transmitió un episodio especial del programa de TV Padres e Hijos, y que los tuvo como protagonistas.

"Todo surgió en una Navidad en la casa de mi hermana.  Empezó la conversación y de repente le dije 'si no te acompaño yo no vas", recordó el hombre sobre como se concretó la salida. Y continuó: "Íbamos a una fiesta, nadie pensaba que no nos iban a cuidar".

Cuando se desató el fuego y el humo invadió el local, Filardi hasta llegó a pensar qué le diría a los padres de Joaquín y de Bruno. La frase "los chicos están bajo mi responsabilidad" se le cruzó varias veces por la cabeza hasta que supo que lograron salir con vida. "Siempre digo que a nosotros nos besó la muerte pero nos abrazó la vida", sintetiza.

Diferente fue el caso de Guadalupe Gutiérrez Ortiz que, asfixiada, perdió el conocimiento y cayó desvanecida: "Yo en un momento me despedí de mi familia. No sé quién me salvó. No pude salir sola", rememora.

El recuerdo de la situación la carcome: "Siento una deuda por eso y también siento algo de culpa por el hecho de por qué me sacaron a mí y no a la persona que estaba al lado, o por qué no pude ayudar yo misma".

"Me costó mucho involucrarme con el mundo Cromañón hasta que después de un tiempo sentí que tenía que agradecerle a alguien. La necesidad hizo que busque en las redes sociales y me comuniqué con un grupo de padres. Me contestó Nilda. Ahora siento que somos una gran familia, sobrevivientes y papás", expresa Guadalupe.

"Lo que tenemos que hacer ahora es que tantas muertes evitables, absurdas, no sean en vano y queden en el olvido. Tenemos que empezar a perdonarnos, a vivir de otra manera, a asumir que la Justicia ya cumplió su ciclo y que ahora hay muchas cosas por hacer para evitar otro Cromañón", sostiene Gómez.

Los testimonios son parte del programa Padres e Hijos que este domingo 31 de marzo vuelve a la Televisión Pública Argentina con un capítulo especial, en homenaje a las víctimas de Cromañón. Con la conducción de Peto Menahem, el ciclo se emitirá desde las 22.

SEGUÍ LEYENDO: