(Grosby Group)
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Esta es la historia de una paradoja. Si se lee con apresuramiento se puede llegar a sacar una conclusión errónea. La que parece la moraleja más evidente, no lo es. Y esta historia norteamericana, pero universal, tiene muchos puntos de giro, como un buen guión de Hollywood pero sin la necesidad de invención alguna.

Ella, Jane Roe, fue una famosa sin cara. Los estudiantes de abogacía de cualquier lugar del mundo escucharon su nombre y conocieron (parte) de su historia. El caso Roe Vs Wade se estudia en todas las aulas de derecho. Es el caso por el cual la corte habilitó el aborto legal en todo el territorio de Estados Unidos.

Jane Roe no se llamaba así. Ese fue un seudónimo utilizado en la contienda legal para preservar su identidad. Su nombre completo era Norma Leah McCorvey Nelson. Norma nació en 1947. Su casa natal no fue pacífica. El padre la abandonó tempranamente, la madre era alcohólica. Luego de varios episodios violentos Norma se escapó de su hogar pero no a un lugar seguro y más tranquilo. Con apenas 10 años delinquió en varias ocasiones hasta que la internaron en una institución. Años después contó que al volver a su casa fue violada repetidamente por un primo de su madre. No es raro que en ese panorama tétrico, en su primer trabajo como moza en un restaurante, haya encontrado un novio con el que se casó rápidamente para alejarse de esa casa. Tenía apenas 16 años. Sin embargo las cosas no mejoraron demasiado para ella. Luego de tener su primera hija, otra vez sufrió la violencia masculina y logró divorciarse. Regresó a la casa materna por un corto tiempo. Su madre quedó a cargo de la pequeña hija de Norma, aunque ella siempre alegó que firmó los papeles de adopción engañada. Dos años después, tuvo su segunda hija, a quien, apenas dio a luz, entregó en adopción al padre de la bebé con el compromiso de no entrar más en contacto con ellos de por vida.

En 1969 Norma McCorvey quedó embarazada por tercera vez en cuatro años. En su momento, para la presentación judicial del famoso Roe Vs. Wade, alegó que ese embarazo era fruto de una violación. Dos jóvenes abogadas tomaron su caso. En Texas -Norma vivía en Dallas en ese entonces- sólo se aceptaba a la violación como excepción para permitir un aborto legal. El caso, con Norma ya rebautizada como Jane Roe (Wade era el apellido del fiscal que se oponía a la interrupción del embarazo), duró tres años. Atravesó varias instancias gracias a la persistencia de las abogadas.

Norma mientras tanto ya había parido a su tercer hija (a quien también dio en adopción). Los tiempos de la justicia, ni siquiera en Estados Unidos, son los de la gente. La Corte Suprema de Estados Unidos falló en 1973 y dictaminó en Roe Vs Wade que las leyes que prohibían el aborto en todo el territorio de ese país eran inconstitucionales. Esa decisión judicial despenalizó el aborto basándose en el derecho a la privacidad y por lo tanto ningún estado podía legislar contra él. Los jueces por mayoría de 7 a 2 determinaron la libertad de las mujeres para tomar decisiones reproductivas libres de la intromisión estatal.

Poco después, Norma se puso en pareja con otra mujer con la que convivió más de veinte años y pasó mucho tiempo en el anonimato. Para completar el arquetipo trabajaba en una clínica abortista. Pero más de una década después del fallo judicial, decidió salir del anonimato y dar a conocer su verdadera identidad. Llegaron las entrevistas, las notas y también un contrato editorial. La leyenda asume que en la gira de presentación de su libro, unas memorias tituladas I am Roe, mientras firmaba algunos ejemplares, un representante de un grupo provida la increpó. Discutieron en público. Pasados unos días la charla continuó en la sede de ese agrupación evangelista y antiabortista llamada pomposamente Operación Rescate. No les costó nada convencer a Norma. La ex Jane Roe hizo de su conversión religiosa un hecho mediático. El bautismo fue televisado en directo. Norma cambió completamente y renegó de su pasado. Renunció a su trabajo en la clínica de abortos, dijo ser una lesbiana convertida y se presentó ante la Corte Suprema de su país para que reviera el histórico fallo que la involucraba.

El fallo, las circunstancias de hecho para que el mismo fuera analizado, se basó -se supo varios años después- en hechos que no ocurrieron. Norma no había sido violada. Las abogadas con intención de que su caso tuviera posibilidades e implicancias posteriores le hicieron declarar a Norma algo que nunca había sucedido. Sin embargo, la postura de Norma McCorvey al solicitar esta revisión se basaba en su cambio de parecer: afirmaba que el caso debía ser reabierto porque ella ahora sabía del daño que provocaba el aborto, tanto al feto como a las mujeres. La Corte desestimó su solicitud.

Norma McCorvey murió a principios del 2018. Tenía 70 años. Había recorrido todo el arco de la cuestión. De elemento imprescindible para que el aborto superara la prohibición en Occidente a ícono antiabortista. Los grupos provida intentaron blandir su caso, enarbolar su trayectoria como mejor argumento para defender la prohibición. Sin embargo, pensar que la contradicción que encierra la vida de Norma, que su recorrido es un ejemplo del que debemos sacar conclusiones es un error. La discusión, ya saldada en la gran mayoría de los países, en la esfera pública no se resuelve con argumentaciones basadas en convicciones personales, dogmas o postulados religiosos. Es, tal como determinó en su momento la Corte Suprema norteamericana, una cuestión en la que están en juego los derechos personales. Una cuestión de políticas públicas y no de creencias personales.

La historia de Norma McCorvey y su devenir no permiten sacar conclusiones generales. En cambio, sí se lo puede hacer, como sucedió, de Roe Vs Wade. Pensar que la historia de Norma es más que una historia de vida -de una vida con problemas, sinsabores, dolores y transformaciones- no es acertado. Sería como desdeñar las fundamentaciones del lado celeste (provida) o del lado verde (proelección) por los excesos de sus representantes más exaltados. Esta discusión -política, social, de salud pública, legislativa- no se trata de cuestiones personales.

En la vida de Norma se enfrentaron, convivieron sucesivamente, dos concepciones diferentes, dos maneras de pensar contrapuestas pero que pueden coexistir en una trayectoria vital. Todos lidiamos con nuestras contradicciones. De símbolo del aborto (no se debe perder de vista que más allá del caso judicial ella no abortó finalmente, sino que cursó todo el embarazo) a férrea opositora a esa práctica. La historia de esta mujer, repleta de dolor, renuncias, pérdidas y cambios, es la historia de una lucha personal, íntima, de una búsqueda por saber quién era ella misma y cómo lidiar con el mundo. Quien en el futuro escriba su biografía no tendrá dificultades en encontrar el título: Roe Vs McCorvey.