"Con los pobres abrazamos la vida", es el título del comunicado que firman todos los sacerdotes que viven y trabajan en las villas de Capital y el Gran Buenos Aires. En él, hablan de una realidad que conocen a fondo y con la cual están comprometidos desde hace años.

Nuestra opción es por la vida como viene, sin grises.

Señalan, esencialmente, cuáles deberían ser las prioridades de legisladores, autoridades y de todos los que proclaman preocupación social: que "nadie tenga su futuro hipotecado" por la desnutrición, que "nadie muera por enfermedades que podrían curarse", que el abuso policial no se cobre vidas inocentes. También hacen referencia a su apoyo al movimiento "Ni una menos". En resumen, una defensa de la vida integral y en todos los terrenos, que se traduce, como dice el comunicado, en "acciones concretas, que realizamos en nuestros barrios para que  se viva bien, se viva con dignidad".

"Nuestra opción es por la vida como viene, sin grises", afirman.

Un claro rechazo a que la respuesta a la pobreza sea la legalización del aborto. Denuncian el uso de este argumento: "Algunos planteos de otros sectores sociales (…) toman a los pobres como justificativo para sus argumentos", evocando, por ejemplo "la tasa de mortalidad por aborto de las mujeres de los barrios más pobres".

Gustavo Carrara, uno de los firmantes del comunicado, fue el primer cura villero ordenado obispo. En la foto, recibe el saludo de monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (foto: Nelson Pollicelli)
Gustavo Carrara, uno de los firmantes del comunicado, fue el primer cura villero ordenado obispo. En la foto, recibe el saludo de monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (foto: Nelson Pollicelli)

Pero, dicen, "lo primero que hay que hacer en nuestros barrios es luchar contra la pobreza con firme determinación y en esto el Estado tiene las mejores herramientas".

"Con casi un 30% de pobres –detrás de los cuales hay rostros e historias- hay discusiones que debieran priorizarse".

La mujer sola o atravesada por la marginalidad encuentra en las redes de amor  en nuestros barrios su ayuda y su esperanza

La oposición de los sacerdotes y obispos de la Pastoral Villera a la legalización del aborto se acompaña con un compromiso con las mujeres que enfrentan una maternidad difícil, inesperada o no deseada, porque, como señalan en el comunicado, "muchas veces donde el Estado no llega, donde la sociedad mira para otro lado, la mujer sola o atravesada por la marginalidad encuentra en las redes de amor que se generan en nuestros barrios su ayuda y su esperanza, para ella y sus hijos".

También evocan otro problema que debería tener respuesta prioritaria: la de las dificultades para la adopción. Una opción que incluso debería ser habilitada para familias de la villa, que no deberían ser discriminadas como adoptantes.

También denuncian la intención eugenésica del proyecto. Recordando que en los países donde el aborto está legalizado "se descarta a los niños que van a nacer con Síndrome de Down". " ¡Cuánto nos enseñan estos niños a los que tenemos atrofiada la capacidad de amar!", dicen.

"Nuestra experiencia de vecinos, fruto de una consagración, es la de haber aprendido de los villeros a amar y cuidar la vida", sostienen.

En 50 años, hemos sido testigos de muchas propuestas de muerte

También recuerdan que "en 50 años", han sido testigos de "muchas propuestas de muerte", entre las que enumeran las de "catequistas, religiosos y sacerdotes por la Dictadura" y las de adolescentes y jóvenes "por el tráfico de armas y de drogas".

Y concluyen: "No necesitamos agregar más muertes. Nuestros barrios necesitan propuestas de vida digna. Y una sociedad que proteja al más débil".

EL COMUNICADO COMPLETO Y LAS FIRMAS

Con los pobres abrazamos la vida

El Poder Ejecutivo ha propuesto el debate acerca de la despenalización del aborto. Este tema no estaba en su plataforma electoral. El Ejecutivo anterior no solo no propició este debate, sino que incluyó a las mujeres embarazadas en la Asignación Universal por hijo. Eso es un gesto concreto de una política pública a favor de la vida.

Nuestra opción es por "la vida como viene", sin grises. Especialmente la vida amenazada en cualquiera de sus formas.  Por eso hemos hablado a favor de los inmigrantes, de la lucha por la justicia, de que nadie a raíz de la desnutrición, tenga su futuro hipotecado,  que nadie muera por enfermedades que podrían curarse, como por ejemplo la tuberculosis. Por eso estamos en contra del gatillo fácil. Por eso hemos apoyado las manifestaciones de 'Ni una menos' contra los femicidios.  Y a esta opción, la confirmamos con acciones comunitarias concretas, que realizamos  en nuestros barrios para que  se viva bien, se viva con dignidad.

Como curas y religiosas desde la villa y barrios populares,  nuestra experiencia de vecinos, fruto de una consagración, es la de haber aprendido de los villeros a amar y cuidar la vida. La cultura popular de estos barrios nos ha mostrado una manera real de optar por la vida. Muchas veces donde el Estado no llega, donde la sociedad mira para otro lado, la mujer sola o atravesada por la marginalidad encuentra en las redes de amor que se generan en nuestros barrios su ayuda y su esperanza, para ella y sus hijos.

En esta línea hay muchos ejemplos de mujeres que saben cuidar a los niños como si fueran sus propios hijos. Creemos que debería ser más sencillo  el camino para adoptar un niño. Somos testigos de que muchos matrimonios de la villa fueron marginados de la posibilidad de adopción porque no tenían por ejemplo  título de su vivienda.

Algunos planteos de otros sectores sociales -creemos que este es uno de ellos- toman a los pobres como justificativo para sus argumentos. Se habla de la tasa de mortalidad por aborto de las mujeres de los barrios más pobres. Lo primero que hay que hacer en nuestros barrios es luchar contra la pobreza con firme determinación y en esto el Estado tiene las mejores herramientas. Con casi un 30% de pobres –detrás de los cuales hay rostros e historias- hay discusiones que debieran priorizarse.

Muchas veces miramos a los países poderosos y "desarrollados" de nuestro mundo. En muchos de ellos está legislado el aborto. Y en muchos casos se descarta así a los niños que van a nacer con Síndrome de Down.  ¡Cuánto nos enseñan estos niños a los que tenemos atrofiada la capacidad de amar! La lógica de los poderosos, de los fuertes, que deciden sobre los que menos posibilidades tienen, es la lógica dominante. Y esto también, de alguna manera, se traslada al tema del niña o niño por nacer.

A lo largo de cincuenta años este equipo de sacerdotes de las villas, que se fue ramificando en otros lugares como la provincia de Buenos Aires, ha sido testigo de muchas propuestas de muerte. Han muerto catequistas, religiosos y sacerdotes por la Dictadura. Por el tráfico de armas y de drogas continúan las muertes de adolescentes y jóvenes. No necesitamos agregar más muertes. Nuestros barrios necesitan propuestas de vida digna. Y una sociedad que proteja al más débil.

Que la Virgen de Luján, Madre del Pueblo, nos enseñe a cuidar de nuestra Patria, comenzando por los más frágiles.

P. José María Di Paola: villa La Carcova, 13 de Julio y Villa Curita. Diócesis de San Martín.

Mons. Gustavo Carrara. Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Vicario para la pastoral en Villas de CABA

P. Juan Isasmendi, P. Eduardo Casabal, P. Ignacio Bagattini: Villa 1-11-14. Arquidiócesis de Buenos Aires.

Lorenzo de Vedia, P. Carlos Olivero, P. Gastón Colombres, Villa 21-24 y Zavaleta. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Guillermo Torre, P. José Luis Lozzia, P. Marco Espínola: Villa 31. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Domingo Rehin: Villa Lanzone, Villa Costa Esperanza. Diócesis de San Martín.

Mons.  Jorge García Cuerva, Obispo auxiliar de la  Diócesis Lomas de Zamora.

P. Basilicio Britez: Villa Palito. Diócesis de San Justo.

P. Nicolás Angellotti: Puerta de Hierro, San Petesburgo y 17 de Marzo. Diócesis de San Justo.

P. Sebastián Sury, P. Damián Reynoso: Villa 15. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Rodrigo Valdez: Villa Playon de Chacarita. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Martín Carroza y P. Sebastián Risso. Villa Cildañez. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Pedro Baya Casal, P. Adrián Bennardis: Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Joaquin Giangreco: Villa Trujuy. Diócesis Merlo-Moreno.

P. Nibaldo Leal: Villa Hidalgo. Diócesis de San Martin.

Carlos Morena, Mario Romanín, Alejandro León, Juan Carlos Romanín: Salesianos. Don Bosco. Cecilia Lee, misionera franciscana, Bea GmiItrowicz, misionera franciscana. Villa Itatí.

P. Antonio Mario Ghisaura: Villa Tranquila. Diócesis Avellaneda- Lanús.

P. Alejandro Seijo: Villa Rodrigo Bueno. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Andres Tocalini: Villa los Piletones. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P.Dante Delia: Barrio la Loma de Roca. Diócesis de San Isidro..

P.Franco Punturo: Villa 20. Arquidiócesis de Buenos Aires.

P. Omar Mazza: Villa Inta. Arquidiócesis de Buenos Aires.