Muchos de nosotros crecimos en una sociedad dividida en rosa y celeste, dónde las tareas de la casa o el cuidado de niños, enfermos y ancianos era"naturalmente" cosa de mujeres. En 2016 Unicef publicó un informe que alerta sobre la disparidad entre niños y niñas a la hora de realizar las tareas domésticas: las nenas de entre 10 y 14 años pasan un 50 % más de tiempo en quehaceres hogareños que los varones de la misma edad. Más tiempo para la casa, menos para aprender y jugar. Y esto tiene su proyección en la vida adulta.

Según datos del Centro de Investigación en Estadística Aplicada de la Universidad de Tres de Febrero, sobre 1397 hogares del conurbano bonaerense, el 45 % de las mujeres hace la limpieza de la casa y el 50 % se ocupa de cocinar todos los días. Y ese tiempo dedicado al hogar, les impide aspirar a mejores puestos de trabajo con mayores ingresos. Entonces ¿cómo hacer trizas el llamado "techo de cristal" que limita el crecimiento profesional de mujeres y acrecienta la brecha de la desigualdad de género?
Alejandra De Renzis Peña es especialista en atención temprana del desarrollo infantil. En diálogo con Infobae, propone que los adultos seamos dignos de imitar porque los chicos reproducen nuestras acciones. También se refiere a los abusos sexuales cometidos por varones adolescentes contra compañeras de escuela y asegura que son chicos que no han sido tratados con respeto durante su infancia.

-¿Cómo criar a los chicos con conciencia de género?
-El ser humano crece, se transforma y se construye en relación a otro. Está en los adultos plantearnos qué niños queremos formar. Si los guiamos para que tengan un manejo adecuado de sus relaciones personales y que puedan valorar al otro porque es una persona y jugar porque quieren jugar y no por ser varón o nena o tener esto o aquello, nos encaminaremos hacia algo más equitativo.

-¿A qué edad un niño empieza a tener conciencia de género?
-Los juegos de roles comienzan a los cuatro años que es cuando también empiezan a disfrazarse y a hacer juegos simbólicos.

-¿Qué pasa con el tema de los juguetes para nenas y varones?
-Para poder jugar el niño no necesita juguetes, necesita objetos que sean de su interés. Si le damos algo terminado no les damos muchas posibilidades. En cambio si es un objeto neutro puede poner allí toda su imaginación y planificar un montón de cosas, que nosotros no entendemos cuando lo vemos a priori, pero que podemos descubrir en la atención que pone en el juguete o en el juego que está desarrollando.

-¿Cómo se educa para compartir las tareas de la casa?
-Creo que mi generación es visagra en este tema. Muchos de nosotros hemos sido criados en la cultura patriarcal, donde había roles muy definidos. Estamos revisando conductas y tratando de que en casa todos entiendan que las tareas son de todos. Si en lo cotidiano, el niño ve que sus padres, sus referentes o cuidadores, son personas amables que comparten las tareas va a adaptarse y a funcionar de esa manera. El adulto es sumamente responsable de todas las cosas que hacen los niños.

-¿Y el uso del lenguaje y las malas palabras?
-¡Qué tema! Hay mucha violencia en la palabras. Los papás no se dan cuenta muchas veces. Repiten sin darse cuenta cosas que a los niños los impactan profundamente. Las palabras tienen un significado que van más allá del concepto, son el gesto y la acción y el el niño cree concretamente lo que le dice.

-¿Qué pasa con el uso de los colores? ¿Se sigue usando el rosa y el celeste o hay otra conciencia?
-Hay todo un movimiento que se puso en marcha para respetar al niño en sus elecciones y acompañarlo. Los adultos tenemos que tratar de no reproducir estereotipos porque el niño se espeja en eso. Tenemos que trabajar con los adultos para que los niños tengan conciencia de género.
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-Este año hubo graves denuncias en varias escuelas de abusos sexuales entre adolescentes. ¿Cómo se trabaja desde una familia para que no sucedan estas cosas?
-Esto empieza desde el día cero. Empieza desde que vos recibís a tu bebé en brazos. Nos acordamos recién cuando el chico ya es adolescente y hace tal o cual cosa, pero eso se va gestando desde mucho antes. Ese chico que va y avanza sobre otro que le está diciendo que no, no tiene conciencia de sus propios límites, no lo han formado a él con respeto. Alguien también invadió su espacio.

-Aprender a que si te dicen no, es no…
-Claro, pero él no lo ha vivido seguramente eso. Él ha dicho que no y han seguido.

-Reproduce lo que pasa en su casa…
-¿Y viste que volvemos al primer punto, no? Todo está relacionado con qué niño queremos y qué adultos somos con ellos. También puede suceder que una madre o padre diga yo nunca violenté esas cosas, pero muchos chicos tienen acceso a material para adultos, sin tener la edad para manejar la información. Eso le está violentando la inocencia y luego él ejerce violencia sobre otra persona.

-¿Qué pasa con la escuela?
-La mayoría de los educadores han sido criados en la cultura patriarcal. Tienen que romper con ellos mismos para estar a la altura de las circunstancias. El chico que invade el espacio de otro tiene que tener alguna consecuencia porque lo que ha hecho está mal y no es aceptable. El problema es que la transformación tiene que darse desde la base.

-¿Y nos falta mucho?
-Creo que sí. Estamos en un proceso. Se ha visibilizado bastante la violencia contra las mujeres y el derecho a ser escuchadas sin menosprecio ni burla, se trate de niñas o una adultas. Todo eso se aprende en casa.

-¿Cómo imaginas el panorama de la igualdad de género dentro de 100 años?
-Creo que estamos frente a una oportunidad fabulosa para la humanidad. Todos los niños traen consigo la posibilidad de valorar las capacidades y habilidades de todos los seres humanos por igual. Pero la única manera es cambiar primero los grandes.

-Tanto la escuela como la familia….
-Nosotros somos los que tenemos que dar el ejemplo. Tenemos que ser adultos dignos de imitar.