
Daniela Ameri, de 32 años, desapareció de su casa de Villa España, Berazategui, el 5 de abril de 2017. Estaba vestida con unas calzas y una campera negra. Tenía el pelo atado y había ido a un garaje que vende alcohol en búsqueda de una cerveza para compartir con su novio. Menos de una hora después, estaba encerrada en una habitación, drogada, semidesnuda y con dos hombres violándola. Su calvario había comenzado.
El inicio, nudo y desenlace de la historia los relató la propia Daniela hace dos días, cuando después de analizarlo con la frialdad de los desahuciados, decidió contar lo que le había sucedido en su cuenta de Facebook. En un montón de párrafos explicó con detalles lo que le ocurrió en la peor noche de su vida.
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Su historia pasó por los medios de comunicación como una más, entre tantas que aparecen semanalmente y que tienen como protagonistas a mujeres. Niñas, adolescentes, jóvenes, adultas. De todo tipo. Muchas son víctimas de la violencia de género, del abuso y la agresión. Otras aparecen muertas. Las menos, aparecen y explican que los motivos de su desaparición no tienen que ver con ningún ataque. Este parecía ser el caso de Daniela. Hasta que ella contó la verdad.
"Lo voy a contar por mí y por todas. No quiero lástima de nadie. Pero no quiero que quede impune. Lo cuento como puedo, sin dejar de temblar, pero con más fuerzas que nunca", escribió en la red social.
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Daniela estaba tomando cerveza junto a su novio en su casa. Hacía dos meses que se conocían. También estaba su pequeño hijo. Dormido. Cerca de la madrugada ya habían tomado dos cervezas. Fue en ese momento que la joven decidió salir a comprar una tercera botella. Salió sin celular y sin documentos. Solo se llevó las llaves de su casa.
Llegó a un garaje que está enfrente a la terminal de colectivos y en donde venden alcohol. Les pidió a los hombres que estaban atendiendo que la dejaran pasar al baño. Cuando salió, aceptó sentarse a tomar una cerveza que, según recordó después, ya estaba abierta en el momento en que se la dieron. "Se me acercó un viejo con un cigarrillo, me dijo 'sentate, tomá un trago, te fumás un pucho y te vas'. Para mí fue normal. Siempre tengo buena onda con la gente", recordó en su escrito.
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Daniela tomó algunos tragos de cerveza y comenzó a marearse. No veía. Solo escuchaba que se le acercaban a hablar. Recuerda, en flashes de aquella noche, que estaba rodeada por choferes de colectivos. Tenían la ropa de una línea de transporte. "Un tipo canoso me dice: 'Te vamos a llevar a pasear", escribió en su Facebook. Recuerda que la metieron en un auto azul y que después la ingresaron a una casa. Había varios hombres y paredes verdes. Ella estaba en una cama y se acuerda que entraban de a dos. "Te gusta, puta", asegura que le decían mientras la violaban.

"Me desperté sólo con mi remera. Encontré mi calza y las zapatillas. No estaba mi bombacha ni una de mis medias. Estaba sola. Salí corriendo por un pasillo hasta el frente de la casa pidiendo que me llevaran a ver a mi hijo". Las imágenes le quedaron grabadas para siempre y se animó a contarlas para poder superar el dolor de la violación y el desconocimiento del hecho.
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En su huida, escuchó voces de hombres que le aseguraban que había entrado a esa casa a tomar cerveza. Se puso a llorar. Otro hombre la llevó en una moto hasta la vuelta de su casa. Cuando llegó a la puerta una vecina la abrazó y un patrullero se estacionó a su lado. La familia había hecho la denuncia por su desaparición. Habían pasado 24 horas. Tiempo en el que fue engañada, drogada y violada.

En su posteo, Daniela explicó que después de regresar a su casa, su hermana la acompañó al médico para que le realizaran los primeros peritajes. Contó que el médico la trató mal, le sacó fotos de sus genitales y le dio una medicación. No la revisó ningún ginecólogo pese a que sentía dolores muy fuertes.
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Hace pocos días, Daniela fue a buscar el expediente de la causa judicial de la que es protagonista. Las fotos que le sacó el médico no están y en el texto está confirmado que tenía grado 2 de alcohol en sangre, cuando ella asegura que nadie le hizo un test para controlarlo.
"Tengo mucho miedo porque me acuerdo que me trajeron cerca de mi casa. Tengo miedo porque estoy sola con mi nene todo el día. Tengo miedo porque sé que no va a pasar nada. Tengo miedo porque le puede pasar a otra", escribió, como un desahogo, Daniela.
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Las últimas frases de su texto son el retrato de su dolor y el de tantas otras mujeres: "Las primeras semanas no podía salir por los ataques de pánico. Ahora estoy medicada. Recién el 6 de noviembre van a hacer el peritaje sobre la ropa e hisopados. No pude llorar todavía. No puedo".
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