El domingo pasado la Ciudad recibió la primera edición del Ironman 5150, una modalidad de la competencia de triatlón más importante del mundo. El barrio de Palermo fue el escenario. Más de 800 atletas nadaron en el Lago Regatas, pedalearon por la avenida Lugones y corrieron a través de Figueroa Alcorta.

Escoltados por una masa de atletas ansiosos de dar el último paso, los ganadores comenzaron a llegar a la meta cerca de las 8:15. Exhaustos tras más de dos horas de acción, el desfile de participantes que cruzaron el arco de llegada se extendió por más de cuatro horas. Y entre los cientos que cumplieron el objetivo de llegar al final hubo uno que llamó la atención del público: los espectadores se sorprendieron al ver a un corredor vestido con la indumentaria de un oficial de bombero voluntario.

Protagonista de una de las tantas historias detrás de cada uno de los aventureros que se animan a enfrentar la exigente prueba, el hombre en cuestión se llama Sebastián Karpencopf, quien trabaja al servicio de la comunidad desde hace 16 años.

Sebastián, o "El Polaco", tal como lo conocen en su barrio, es oriundo del partido de San Martín. Nació y se crió en Capital Federal, vivió un tiempo en Mar del Plata, se mudó a Caseros y hace 20 años está radicado en Villa Ballester. Casado desde hace 13 años, es padre de dos hijos, una nena y un varón de 12 y 8 años. Y desde hace cinco años es conocido en el ambiente runner por correr ataviado con su uniforme de bombero.

En diálogo con Infobae, el hombre cuenta que una de las razones por las que lo hace es para conocer su potencial físico pensando en las posibles tareas que le puede deparar su profesión: "El deporte es una cuestión demandante. Y me gusta la competencia porque es el único modo que tengo de buscar el límite hasta dónde puedo llegar. En lo personal necesito eso; necesito saber hasta dónde puede dar mi cuerpo y hasta dónde mi mente me puede llevar para luego poder dar un mejor servicio".

El atleta cree que su accionar también puede servir como ejemplo para sus compañeros de oficio, "para que ellos lo tomen como un mensaje de salud y comprendan además la importancia de hacer actividad para nuestro trabajo", sostiene.

La otra razón -dice- apunta a la colaboración de la comunidad hacia los bomberos voluntarios. "Desde hace un tiempo que trato de competir con mi equipo estructural completo para poder llevar el mensaje de que realmente los bomberos somos voluntarios (aclaro esto porque existen bomberos que son pagos, como los de la policía federal) y no cobramos un peso", comenta Sebastián y aclara que no piden plata para sus bolsillos: "Nosotros somos felices con lo que hacemos, pero el tema es que el cuartel necesita apoyo", repite.

Los cuarteles, las unidades y demás herramientas que utilizan se sostienen, entre otras cosas, por el aporte de los vecinos. "Tengo la suerte de pertenecer a un cuartel que recibe bastante ayuda, pero a muchos no les sucede los mismo y son los propios bomberos los tienen que, además de prestar su tiempo, conseguir material para trabajar", explica.

Actualmente Sebastián está desempleado. Vive de changas, haciendo lo que puede. No consigue un trabajo en relación de dependencia "debido a tener a cargo dos personas con discapacidad": su pareja padece lupus y su hijo más chico tiene una parálisis cerebral severa. Si bien cuenta con una pensión contributiva, señala que los tratamientos son muy costosos. Así sus horas las divide entre el cuartel y un centro de entrenamiento en el que se pone en el rol de profesor para dar clases de full contact, kick boxing y muay thai.

Mientras tanto no deja atrás su propósito de difundir las carencias y exponer las dificultades de los bomberos voluntarios de todo el país a través del deporte. Por eso el domingo soportó los cerca de 25 kilos de peso del equipo completo durante el tramo de carrera. Y finalizó los 1.5 km de nado, 40 km en bicicleta y 10 km de running en un tiempo de 3 horas, 34 minutos y 45 segundos.

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