
Desde afuera: tandas de hombres y mujeres toman la escena. Los hombres, con el torso desnudo. Las mujeres, en bikini. Todos rociados en un aceite que hace relucir sus cuerpos, muchos de ellos hasta desproporcionados. Bíceps inmensos, pectorales salientes, espaldas amplias que culminan en cinturas más bien finas. Los participantes desfilan hasta que se detienen frente al jurado. En ese momento, condensan su musculatura, traban cada uno de sus músculos, que parecen estar por reventar, para impresionar a los jueces. El que lo ve, desde el desconocimiento, se pregunta por qué llevar el cuerpo hasta ese límite.
Desde adentro: tandas de hombres y mujeres toman la escena. Los hombres, con el torso desnudo. Las mujeres, en bikini. Todos ellos buscan el desarrollo máximo de sus cuerpos, tanto en volumen como en definición de su musculatura, sin por eso renunciar al canon estético. Los fisicoculturistas –o simplemente culturistas- pretenden retomar una cultura milenaria de adoración al cuerpo humano, tomando como modelo ciertos héroes de la mitología griega; tal es el caso de Hércules. Cuando exponen su físico de cara al jurado, hay un trasfondo y una motivación que los moviliza.
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Las últimas trágicas noticias ubicaron al fisicoculturismo en el centro de la discusión. A partir de la muerte reciente del brasileño Mateus Ferraz, la disciplina se encuentra envuelta en una polémica como en ningún otro momento. La autopsia del joven de 23 años arrojó que el desencadenante fue una insuficiencia respiratoria, sufrida a raíz de la ingesta desmedida de anabólicos.

El primo de Mateus relató: "Se rodeó de gente que lo alentó. Él era ingenuo, no sabía el límite de su cuerpo y se dejó llevar". La transformación de su cuerpo se produjo en un lapso de tiempo imposible. "Pensó que no tenía el cuerpo ideal. Le dije que deje de usar esteroides, pero negaba su uso. Aunque el crecimiento en poco tiempo de sus músculos resultaba ser sospechoso", añadió.
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El físico llevado al extremo. La delgada línea entre lo que se puede alcanzar y lo que se desea alcanzar. Francisco Ozores, campeón fisicoculturista argentino en 2010 y Mercosur en 2014 en la categoría clásico hasta 1,80 metros, le dijo a Infobae: "No estoy a favor ni en contra de los esteroides, pero me molesta que se los asocie al fisicoculturismo. Cada vez que muere un chico obviamente hace ruido en nuestro ámbito. Los esteroides están prohibidos en las principales competencias, hay control antidoping en los torneos internacionales para evitarlos".
En la actualidad, existen más de 30 categorías entre hombres y mujeres, que varían según la edad, el peso y la altura de los participantes. Las revistas especializadas priorizan la difusión de la modalidad Senior, popularizada por Arnold Schwarzenegger en la década del 70. El después actor y gobernador de California aún ostenta el récord de ser el contendiente más joven en ganar el Mr. Olympia, la competencia que se celebra año a año y reúne a los culturistas más reconocidos del momento.
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La preparación física -comentó Ozores- comprende dos etapas. Por un lado, el aumento del volumen muscular en la que cada culturista busca el tamaño ideal de acuerdo a su cuerpo. Después, un mes antes de la prueba, se lleva a cabo la fase de definición en la que el competidor realiza la puesta a punto final y se aumenta la exigencia. "Se calcula que la preparación demanda cuatro meses, pero el fisicoculturismo no es un deporte de un momento; es un estilo de vida".
La alimentación de los fisicoculturistas dista mucho de la de cualquier otra persona. Su dieta diaria consta de entre 6 y 8 comidas y la prioridad absoluta es la incorporación de proteínas. Carnes rojas, pollo o huevos son algunos de los alimentos que más aparecen. Además, necesitan un 60% de carbohidratos, una fuerte ingesta de vegetales y ácidos omega 3. "Tenemos que comer mucho más que el resto", agregó Ozores.
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El fisicoculturismo hace un culto del cuerpo humano y lo expone a límites que a veces superan las posibilidades físicas del competidor. La obsesión por lograr la musculatura más pronunciada lleva a tomar decisiones que atentan contra la salud, ya sea por la ingesta excesiva de esteroides anabólicos o -más grave aún- la inyección de aceite en los bíceps; una práctica que proliferó en los últimos años. Por ejemplo, dos meses atrás, otro joven brasileño de 26 años, Romario Dos Santos Alves, se vio obligado a abandonar la inyección de synthol, una mezcla letal de sustancias como analgésicos, aceites y alcohol. En caso contrario, hubiese perdido ambos brazos.
El doctor Norberto Debbag (MN 51320), cardiólogo y deportólogo, explicó a Infobae: "El consumo excesivo de anabólicos trae graves consecuencias a nivel cardiovascular ya que aumenta el nivel del colesterol malo (LDL) y disminuye el bueno (HDL). Esto puede derivar en arteriosclerosis, es decir, en la obstrucción vascular que en el peor de los casos conduce a infartos o ataques cerebrovasculares (ACV)".
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A su vez, el especialista resaltó que los esteroides anabólicos, prolongados en el tiempo, aumentan el riesgo de contraer cáncer de hígado y en los más jóvenes conspira contra su normal desarrollo físico. "La gran preocupación son los jóvenes de 16 o 17 años que empiezan a ir al gimnasio y quieren transformar su cuerpo en un par de meses. En ellos, los esteroides inhiben el crecimiento óseo".

Según un estudio, además, la mitad de los fisicoculturistas masculinos en el mundo padecen atrofia testicular o ginecomastia -que es el agrandamiento de senos- o ambas patologías. "Es muy habitual la infertilidad en el fisicoculturismo", detalló el doctor Debbag. En la mujer que consume esteroides anabólicos con asiduidad, también se producen diversos cambios hormonales que generan una progresiva masculinización. La voz ronca, el mayor crecimiento de vello corporal, la piel rugosa y el agrandamiento del clítoris son algunos de los efectos que se detectan.
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El fisicoculturismo resulta incomprensible para quien es ajeno. Cada hecho trágico relacionado con la obsesión en el desarrollo muscular salpica aún más a una disciplina ya de por sí cuestionada. Por su parte, los culturistas aseguran que los esteroides no son parte inherente de la actividad. "No es un mito. La problemática existe, pero el mito es la generalización. Los jueces en los principales torneos tienen en cuenta los cambios anormales. No esperan algo impresionable, sino algo impresionante. Se trata de que el deporte no valga el todo por el todo y priorizar la salud de la persona", sentenció Ozores, el fisicoculturista argentino campeón.
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