Un rayo cayó en el Jockey Club y mató a cuatro yeguas
Las estimaciones indican que el rayo que mató cuatro yeguas de polo ayer en el Jockey Club de San Isidro tuvo una potencia cercana a los 170 kA (kiloamperios), muy por encima de la corriente habitual para ese tipo de fenómenos.
Los kA no miden energía: miden corriente eléctrica, es decir, cuánta carga eléctrica circula por un punto en un determinado tiempo. Una descarga de semejante magnitud puede transportar corrientes cercanas a los 170.000 amperes y calentar su canal eléctrico hasta unos 30.000 °C, una potencia capaz de propagarse por el suelo y resultar letal aun sin un impacto directo.
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Si bien el meteorólogo Mauricio Saldivar explicó a Infobae que existen sistemas de detección de rayos más precisos que el utilizado en el país, “probablemente” la potencia “haya sido en un valor cercano” a ese.
Lo cierto es que lo sucedido generó interrogantes sobre la intensidad del fenómeno y los motivos por los que los equinos resultaron particularmente vulnerables a las descargas eléctricas.
El dato, difundido por la cuenta de X Tiempo AMBA, una cuenta de información sobre fenómenos meteorológicos en Argentina y resto del mundo, a partir de un mapa de rayos, corresponde a una estimación de la corriente pico de la descarga; no constituyen una medición de la energía total ni de la potencia completa liberada por el rayo.
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Para establecer esos valores haría falta conocer otras variables, como el voltaje y la duración del fenómeno.
Qué tipos de rayos existen y por qué el de ayer estuvo muy por encima de la corriente típica

El meteorólogo Ignacio López Amorín explicó a Infobae que hay tres grandes tipos de rayos: los intranube, que se desarrollan dentro de una misma formación; los que conectan una nube con otra (nube a nube); y los nube a tierra, que alcanzan la superficie y representan el mayor peligro para personas y animales que permanecen al aire libre.
Según indicó, la descarga ocurrida durante la tormenta que atravesó San Isidro fue de este último tipo.
Según precisó Saldivar, “un rayo nube-tierra habitual registra una corriente pico cercana a 30 kA”. Por eso, si la estimación de 172 kA resulta correcta, la descarga que se detectó en el área de San Isidro estuvo entre cinco y seis veces por encima de ese valor.
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“No es lo habitual, pero tampoco es excepcional”, explicó Saldivar a Infobae. Según indicó, solo alrededor del 1% de los rayos supera ese umbral de intensidad.

El especialista aclaró que los valores elevados suelen asociarse con rayos positivos, una variante menos frecuente que parte de la zona superior de una tormenta. Estas descargas pueden alcanzar áreas alejadas de la lluvia, incluso hasta 40 kilómetros, en un fenómeno conocido en Estados Unidos como bolt from the blue, o “rayo desde el cielo azul”.
La localización exacta de una descarga depende, además, de la tecnología empleada. Saldivar sostuvo que los sistemas disponibles tienen distintos márgenes de precisión: mientras una plataforma satelital gratuita puede registrar errores de entre 4 y 5 km, las redes más precisas permiten ubicar un rayo a unos 100 m. Según señaló, “el sistema utilizado anteriormente en Argentina tenía una precisión de 100 metros y ahora se cambió por uno cuya precisión es de más de 1000 metros”.
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“En este campo, detectar con precisión la posición de un rayo puede mejorar la protección de vida y bienes”, consideró.
La tormenta llegó sin margen para retirar a los animales

López Amorín indicó que el fenómeno que afectó al club fue un rayo de nube a tierra, el tipo de descarga que alcanza la superficie y representa el mayor riesgo para las personas y los animales expuestos, ya que pueden elevar la temperatura de su canal eléctrico hasta cerca de 30.000 °C, según explicó el meteorólogo.
Tras precisar que “este miércoles, una tormenta aislada avanzó desde el Delta hacia San Isidro”, sostuvo que “el hecho de que después hubiera salido el sol no implica que hubiera desaparecido el peligro”.
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En ese sentido, Saldivar advirtió que un rayo puede caer entre 10 y 15 km por delante de la zona de precipitaciones. Por eso, escuchar un trueno ya es una señal de que una persona se encuentra dentro del radio de alcance de la actividad eléctrica.
En el Jockey Club, los caballos aguardaban una práctica en un sector destinado a entrenamientos. El temporal se formó de forma repentina, de acuerdo con el capitán de polo del club, Patricio Amespil, quien afirmó en declaraciones a Radio Mitre que no hubo margen para retirar a los animales antes de la descarga.
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La corriente puede expandirse por el suelo y afectar a quienes no recibieron un impacto directo

La hipótesis central para comprender el episodio es la llamada tensión de paso. Un rayo no necesita impactar de forma directa sobre un ser vivo para causar lesiones mortales. Si descarga sobre el terreno o sobre un objeto fijado a él, la electricidad se dispersa radialmente a través del suelo y genera diferencias de voltaje entre puntos cercanos.
Saldivar comparó ese recorrido con las ondas que se forman en el agua al arrojar una piedra. “A medida que la corriente se aleja del punto de impacto, el voltaje disminuye, pero entre dos sitios separados puede persistir una diferencia de miles de voltios”.
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En el caso de San Isidro, cuatro yeguas murieron y otras dos cayeron al suelo, aunque luego lograron recuperarse. Un cuidador fue asistido tras la descarga y no sufrió consecuencias físicas graves. Amespil relató que el trabajador quedó afectado por la situación, pero se encontraba fuera de peligro.
Las vendas que cubrían las patas de los animales se rompieron a la altura de los tobillos y se registraron quemaduras en esa zona. Los caballos sobrevivientes permanecían bajo observación veterinaria por posibles lesiones que podrían comprometer su futuro deportivo.
La anatomía expone a los equinos a una diferencia de voltaje mayor

Los caballos, al igual que los bovinos, tienen una vulnerabilidad particular ante la tensión de paso. La distancia entre sus patas delanteras y traseras puede superar 1,5 m. Si la corriente eléctrica recorre el suelo, puede ingresar por un par de miembros y salir por el otro, con un trayecto que atraviesa el tórax y el corazón.
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“La corriente al correr por el suelo también hace mayor impacto”, explicó a Infobae el veterinario profesor adjunto de la Cátedra Medicina Equina y secretario de Extensión de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata, Ramón López (MP 10.938). Según precisó, “la distancia entre los miembros torácicos y pelvianos amplía el área sometida a una diferencia de potencial eléctrico”.
“Una persona de pie, con los pies más cerca entre sí, puede quedar expuesta a una diferencia de voltaje menor”, agregó Saldivar. De allí que el meteorólogo recomendó que, si un rayo encuentra a una persona en un descampado, adopte una posición de cuclillas —“y si es posible, solo con las puntas del pie”— como última medida para reducir la tensión de paso.
Sin embargo, esto no elimina el riesgo: el impacto directo, el contacto con objetos conductores y la corriente de tierra también pueden provocar lesiones graves o mortales.
El palenque metálico pudo haber facilitado la transmisión de electricidad

Los animales estaban atados a un palenque de hierro, una estructura que pudo haber agravado las consecuencias del episodio. López señaló que “este tipo de elemento conductor ofrece un recorrido posible para la electricidad cuando una descarga impacta sobre él o en sus cercanías”.
Saldivar aclaró: el metal no “atrae” rayos por sí mismo. Pero un objeto metálico clavado en el suelo puede comportarse como un electrodo. “Si la descarga cayó allí, pudo haber inyectado corriente en el punto donde se encontraban los caballos”, sostuvo.
También pudieron intervenir otros factores, como las sogas mojadas, cadenas u otros componentes metálicos en contacto con los animales. Las herraduras, para Saldivar, “pueden mejorar la conexión eléctrica con un suelo húmedo”. La secuencia exacta requeriría una pericia técnica que determine dónde cayó el rayo y cómo se propagó la descarga.
En áreas rurales o deportivas a cielo abierto, los animales, las personas, los postes y los alambrados quedan más expuestos cuando no hay estructuras de protección. Los árboles aislados, los tinglados abiertos y las estructuras metálicas tampoco constituyen refugios seguros.
La regla 30-30 indica cuándo suspender una actividad al aire libre

La principal medida de prevención es suspender las actividades al primer relámpago o trueno. En ese sentido, Saldivar presentó la regla 30-30 “para protegerse de la actividad eléctrica de tormentas”, que establece que, si transcurren menos de 30 segundos entre el destello y el sonido, se debe buscar refugio en una construcción sólida o un vehículo cerrado con techo rígido.
También recomienda esperar 30 minutos desde el último trueno antes de volver a una cancha, un campo o cualquier otro espacio abierto. En caso de quedar sin refugio cercano, se debe evitar el contacto con alambrados, cuerpos de agua, postes y objetos altos.
La práctica en San Isidro dejó cuatro animales muertos y dos bajo control veterinario. El cuidador asistido tras el episodio se recuperaba sin lesiones físicas de gravedad.
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