
Cada 14 de octubre, el Día Mundial de la Donación de Órganos, Tejidos y Trasplantes pone en primer plano la posibilidad de salvar o mejorar vidas mediante este acto. Un solo donante puede ofrecer una oportunidad a hasta siete personas, mientras miles aguardan un procedimiento que, en muchos casos, constituye la única alternativa médica.
En Argentina, los registros del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) indican que 7.403 personas necesitan un trasplante para salvar su vida en este momento. En lo que va del año se realizaron 1.738 trasplantes, hubo 795 donantes de órganos y se registraron 17,11 donantes por cada millón de habitantes.
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La fecha invita a poner atención sobre un sistema que depende de decisiones personales, equipos de salud y condiciones hospitalarias específicas. El trasplante permite sustituir un órgano o tejido enfermo por otro sano cuando no hay otra opción para recuperar la salud de una persona.
La demanda de órganos y tejidos supera la disponibilidad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el trasplante de órganos, tejidos y células se convirtió en una práctica extendida a escala mundial, capaz de prolongar la vida y mejorar su calidad.
De acuerdo con el organismo, las técnicas de ablación, conservación, trasplante e inmunosupresión elevaron la efectividad, la relación entre costos y resultados, y la aceptabilidad cultural de estos procedimientos. Ese avance, sin embargo, también impulsó la demanda.
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Las capacidades de los sistemas de salud para realizar trasplantes no son iguales en toda la región. La OMS señala que, aunque el trasplante renal resulta costo-efectivo para tratar la insuficiencia renal crónica refractaria, y lo mismo ocurre con el reemplazo de córnea o el trasplante hepático, estos tratamientos todavía no llegan a todas las personas que los necesitan.
La donación de órganos de personas fallecidas y vivas aumentó en los últimos años, según la organización. Aun así, la disponibilidad de células, tejidos y, sobre todo, órganos continúa por debajo de la demanda. La falta de programas nacionales consolidados, de personal capacitado y de cobertura financiera suficiente, junto con el costo de las intervenciones y de las terapias de mantenimiento, limita el acceso equitativo.
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El trasplante de córnea es el más frecuente en el mundo, según la OMS.
Un procedimiento médico que tiene antecedentes desde el siglo XV
El interés por reemplazar partes del cuerpo acompaña desde hace tiempo a la historia de la medicina. La posibilidad de sustituir un órgano enfermo por otro sano fue uno de los acontecimientos centrales del siglo XX, tanto por su uso terapéutico como por lo que aportó al conocimiento del universo biológico.

Ese desarrollo fue el resultado de investigaciones procedentes de campos diversos. Sin embargo, las primeras representaciones de una idea de trasplante terapéutico con donante fallecido aparecen en el siglo XV.
El óleo “Milagro de San Cosme y San Damián” retrata el caso atribuido a estos hermanos médicos, quienes vivieron en el siglo III. Según esa representación, reemplazaron la pierna de un soldado con cáncer por la de un hombre que acababa de morir.
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Los primeros casos comprobados científicamente aparecieron recién en el siglo XIX, junto con otros avances médicos que favorecieron su desarrollo. A comienzos del siglo XX, el procedimiento que permitió irrigar los órganos injertados abrió la posibilidad técnica y quirúrgica de realizar trasplantes. Así comenzó la trasplantología moderna y estas intervenciones pasaron a formar parte de la práctica terapéutica habitual.
En Argentina, las personas adultas son donantes salvo oposición expresa
La historia de Justina Lo Cane se convirtió en símbolo de la Ley 27.447 después de que la niña falleciera a los 12 años mientras aguardaba un trasplante de corazón. La ley fue sancionada en 2018.
El marco legal establece que todas las personas mayores de edad en Argentina son donantes presuntos, salvo que hayan expresado su negativa. En el caso de niñas, niños y adolescentes, la decisión corresponde únicamente a sus familias.
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En el caso de quienes tienen menos de 18 años, la autorización debe ser otorgada por ambos progenitores, por el progenitor presente o por los responsables legales a cargo.
La voluntad de donar, a favor o en contra, puede registrarse mediante la aplicación Mi Argentina, tras crear una cuenta y validar la identidad; al firmar un acta en el INCUCAI o en los organismos provinciales de ablación e implante; al solicitar que la decisión figure en el Documento Nacional de Identidad; o al enviar un telegrama gratuito a través del Correo Argentino.
La decisión puede modificarse en cualquier momento por la persona que la expresó. Ningún familiar ni otra persona puede cambiarla. Tampoco se exige realizar estudios previos para manifestar esa voluntad: los análisis para establecer si alguien puede ser donante se efectúan en el hospital al momento del fallecimiento.
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La posibilidad de donar órganos depende de las circunstancias del fallecimiento. Para que una persona pueda ser donante, debe morir en la unidad de terapia intensiva de un hospital, donde existen los recursos necesarios para preservar los órganos susceptibles de trasplante.
Por esas condiciones, la donación de órganos solo puede darse en 4 de cada 1.000 fallecimientos. Los médicos determinan entonces qué órganos son aptos. En el caso de los tejidos, en cambio, no es necesario que la muerte ocurra en una unidad de terapia intensiva.
En vida, es posible donar un riñón o parte del hígado. La legislación vigente exige un vínculo familiar entre donante y receptor, y el procedimiento solo se autoriza cuando se estima que no afectará la salud de quien dona y existen perspectivas de éxito para quien recibe el órgano.
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Los órganos trasplantables en el país son riñón, hígado, corazón, pulmón, páncreas e intestino. Entre los tejidos se encuentran córneas, piel, huesos y válvulas cardíacas.

También se trasplantan células progenitoras hematopoyéticas, aunque su modalidad de donación es diferente, ya que la extracción se realiza en vida. Los órganos y tejidos utilizados en los trasplantes provienen principalmente de personas fallecidas, con la excepción de los casos de donación renal y hepática en vida, siempre que no implique un riesgo para la salud del donante.
Cada tipo de órgano cuenta con una lista de espera única en todo el país, controlada y fiscalizada por el INCUCAI. La distribución y asignación se realiza mediante un sistema informático basado en criterios médicos preestablecidos.
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Entre los factores considerados se encuentran la gravedad del paciente, la compatibilidad entre donante y receptor y el tiempo transcurrido en lista de espera. El sistema busca garantizar equidad y transparencia en la distribución de órganos y tejidos.
Cuando se detecta un posible donante en el área de cuidados intensivos de un hospital, en cualquier punto del país, el médico inicia el proceso y se comunica con el organismo jurisdiccional de la provincia o con el INCUCAI para coordinar los pasos siguientes.
Luego se certifica el fallecimiento con criterios neurológicos, es decir, mediante la constatación de muerte encefálica. Esto solo puede ocurrir si el paciente muere en terapia intensiva y el resto de las funciones corporales puede sostenerse artificialmente.

Una vez diagnosticada la muerte, los cuidados intensivos se orientan a mantener la oxigenación de los órganos para preservar su viabilidad. Además, se realizan estudios de laboratorio que permiten establecer cuáles pueden ser trasplantados y descartar enfermedades infectocontagiosas.
Confirmada la condición de donante, se inicia la búsqueda de posibles receptores a través del Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina (SINTRA). El sistema considera las características biológicas y el grupo sanguíneo del donante, así como la urgencia del receptor, la compatibilidad biológica para prevenir el rechazo y la antigüedad en la lista de espera, entre otros parámetros.
Después de asignar los órganos, los centros de trasplante preparan a los pacientes para la operación. En simultáneo, en el hospital donde está la persona donante se realiza la ablación, el procedimiento de extracción de órganos.
La ablación se lleva a cabo con equipos especiales que garantizan la asepsia. Tras la intervención, el cuerpo de la persona fallecida es entregado a su familia en condiciones que no alteran su apariencia externa.
El tiempo de conservación hasta el implante puede ir de 4 a 36 horas, según el órgano. Finalmente, los equipos médicos de los centros de trasplante realizan la implantación en intervenciones quirúrgicas que pueden durar entre dos y diez horas.
La mayoría de las religiones se ha pronunciado a favor de la donación de órganos y tejidos, al considerarla un acto de solidaridad con la comunidad. A lo largo de todo el proceso, cada integrante del equipo de salud cumple una tarea para que la donación y el trasplante puedan realizarse en los hospitales del país.
El trasplante solo es posible gracias a la donación.
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