Los microplásticos de polietileno pueden favorecer el daño hepático y empeorar el hígado graso, según un estudio

Una investigación de Texas A&M observó alteraciones en mecanismos de defensa y reparación celular, con efectos más marcados al combinar la exposición con una dieta rica en grasas, fructosa y colesterol

Un vaso de precipitados con partículas brillantes en agua junto a un modelo anatómico de hígado sobre una mesa de laboratorio.
Una investigación del Colegio de Medicina Veterinaria de Texas A&M expuso organismos de laboratorio a este material y detectó marcadores elevados de hígado graso (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Investigadores de la Universidad Texas A&M descubrieron que el polietileno, uno de los plásticos más producidos del mundo, daña el hígado incluso sin que intervenga una alimentación deficiente. Cuando se combina con dietas ricas en grasas, fructosa y colesterol, el deterioro se agrava de forma notable.

Este plástico está en todas partes: envuelve alimentos, recubre vasos de cartón e integra recipientes de almacenamiento; representa cerca de un tercio de la producción mundial. Durante décadas, la ciencia lo consideró un material biológicamente inerte, es decir, poco propenso a interactuar con los tejidos vivos.

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Sin embargo, un nuevo estudio del Colegio de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas (VMBS) de Texas A&M, publicado en octubre de 2026 y difundido por Science Daily, cuestiona esa teoría y señala a este compuesto como un factor que puede desencadenar o agravar la enfermedad del hígado graso.

Esta enfermedad se produce cuando el tejido hepático acumula grasa en exceso dentro de sus células. Según la Fundación Americana del Hígado, afecta al 25% de la población mundial, lo que la convierte en uno de los problemas de salud global de mayor alcance.

El polietileno daña el hígado incluso sin una mala alimentación

Infografía sobre microplásticos y daño hepático con ilustraciones de un hígado, estructuras químicas, diagramas moleculares y un matraz.
Una investigación de la Universidad Texas A&M en Estados Unidos explica el impacto de los microplásticos de polietileno en el desarrollo de la enfermedad del hígado graso (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo liderado por el doctor Adi Joshi, profesor asociado en el Departamento de Fisiología y Farmacología Veterinaria del VMBS, expuso organismos de laboratorio al polietileno en forma de microplásticos y midió los marcadores biológicos asociados al hígado graso.

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Los resultados mostraron que la presencia del material elevó esos indicadores incluso cuando los sujetos seguían una dieta normal. Al incorporar una alimentación cargada de grasas, fructosa y colesterol, los signos de deterioro se intensificaron.

“Ningún estudio había analizado el efecto del polietileno sobre la salud del hígado, y es el plástico más producido del mundo. Lo que sabemos ahora es que estos microplásticos, en especial el polietileno, afectan los mecanismos naturales de defensa y reparación del hígado”, señaló Joshi en declaraciones al VMBS.

Quienes siguen una dieta de estilo occidental, con hamburguesas y bebidas azucaradas, podrían tener mayor probabilidad de progresar hacia esa condición si también están expuestos al compuesto, según advirtió el investigador. El hallazgo cobra relevancia dado que el polietileno se encontraba entre los plásticos menos estudiados en relación con la salud hepática.

Una tecnología de precisión localizó dónde ocurre el daño dentro del hígado

El polietileno mostró efectos en un plástico considerado inerte
La investigación detectó que este plástico activó de forma anormal la proteína PPAR-alfa, que regula las grasas en el hígado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para identificar con exactitud qué zonas del tejido hepático resultaron afectadas y por qué mecanismos, el grupo se asoció con científicos de la Universidad de Oklahoma y empleó una técnica denominada transcriptómica espacial. Esta tecnología permite analizar la actividad de los genes en las células conservando la información sobre su ubicación exacta dentro del tejido, algo que los métodos convencionales no logran.

Con ese enfoque, los investigadores trazaron un mapa de las áreas dañadas por el polietileno e identificaron dos elementos moleculares clave. El primero es PPAR-alfa, una proteína que regula el metabolismo de las grasas en el hígado: el plástico la activó de forma anormal. El segundo es ANXA2, un gen vinculado a la reparación de tejidos que también apareció comprometido durante la exposición.

Estos dos hallazgos ofrecen una imagen más precisa de cómo el polietileno interfiere con el funcionamiento normal del órgano. Joshi indicó que comprender estas rutas biológicas podría, en el futuro, orientar el desarrollo de tratamientos que reduzcan las lesiones asociadas a los microplásticos.

El equipo planea investigar si el plástico puede causar lesiones más graves y permanentes

Un médico con bata blanca señala un dibujo anatómico de un hígado en un monitor frente a un paciente en una consulta.
Un estudio preclínico asocia el polietileno con daño hepático agravado por dieta occidental (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio abre interrogantes que los propios investigadores planean responder en trabajos posteriores. Una de las prioridades es determinar si la exposición prolongada al polietileno puede derivar en formas más avanzadas de enfermedad hepática, como la fibrosis. Esta condición ocurre cuando el perjuicio sostenido genera acumulación de tejido cicatricial, lo que deteriora la capacidad del órgano para funcionar con normalidad.

El equipo también prevé examinar otros microprocesos moleculares implicados en la respuesta del hígado al plástico, con foco particular en la ruta del PPAR-alfa como posible blanco terapéutico. “Definitivamente necesitamos estudiar otras clases de microplásticos”, advirtió Joshi.

“Este es el estudio pionero que demuestra que el polietileno puede contribuir al hígado graso, y el uso de la transcriptómica espacial determinó exactamente dónde ocurrió el daño dentro del órgano”, destacó el investigador. Los autores reconocen que aún falta establecer cómo estas observaciones de laboratorio se traducen en la exposición cotidiana de las personas.

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