
Un molar de elefante conservado durante cerca de 700.000 años permitió reconstruir el paisaje que compartieron algunos de los primeros grupos humanos y grandes mamíferos en el norte de Israel. El hallazgo revela un sistema de bosques, humedales, ríos y praderas en torno al yacimiento prehistórico de Gesher Benot Ya’aqov, donde también aparecieron herramientas de piedra de la tradición achelense.
La pieza perteneció a un Palaeoloxodon antiquus, conocido como elefante de colmillos rectos, una de las especies terrestres de mayor tamaño del Pleistoceno. Los científicos analizaron el diente como un registro biológico del ambiente que rodeaba al animal y de las condiciones que pudieron favorecer la presencia humana en la zona.
PUBLICIDAD
El estudio, dirigido por la doctoranda Hannah Farrell, de la Universidad de Haifa, fue publicado en la revista Quaternary Science Reviews. El trabajo se centró en restos recuperados en el sitio de Gesher Benot Ya’aqov, en el valle del Rift del Jordán, al sur del actual valle de Hula.
Qué revela el diente de elefante de 700.000 años
El molar y varios fragmentos de colmillo fueron hallados cerca de hachas de mano y hendedores de basalto. Se trata de utensilios vinculados con la tradición achelense, una tecnología lítica extendida entre poblaciones humanas prehistóricas durante cientos de miles de años.

La proximidad entre los restos animales y las herramientas no permite establecer por sí sola una relación directa de caza o procesamiento del elefante. Aun así, sitúa a los grandes mamíferos y a los grupos fabricantes de instrumentos de piedra en un mismo escenario ecológico.
PUBLICIDAD
El equipo aplicó tomografías computarizadas, reconstrucciones tridimensionales, análisis microscópicos de desgaste, estudios de isótopos y análisis de polen recuperado de los sedimentos. La combinación de esos métodos permitió identificar qué comía el animal, qué tipo de vegetación predominaba y cuánta agua había disponible en el entorno.
Las imágenes de alta resolución determinaron que el fósil era un tercer molar inferior. Las marcas microscópicas presentes en la superficie de masticación mostraron una dieta compuesta por hojas y pastos. Esa señal apunta a que el elefante se alimentaba tanto en sectores arbolados como en áreas abiertas próximas a cursos de agua.
Cómo reconstruyeron los científicos el ambiente del Pleistoceno
Los valores de isótopos de carbono y oxígeno en el esmalte dental indicaron que el elefante vivió en un ambiente con disponibilidad sostenida de agua. Los investigadores hallaron, además, polen de plantas asociadas con humedales, riberas y cuerpos de agua poco profundos.
PUBLICIDAD

Entre los restos vegetales identificaron juncos, ciperáceas, sauces, tamariscos y otras especies acuáticas. El conjunto se sumó al polen de árboles mediterráneos y de vegetación propia de praderas abiertas.
Según explicó el profesor Gonen Sharon, de la Universidad Tel-Hai de Kiryat Shmona: “Comprender cómo los humanos y los animales respondieron al cambio ambiental hace cientos de miles de años ayuda a entender mejor las fuerzas que moldearon nuestra especie”.
La información recuperada a partir del diente y los sedimentos sugiere que el sector norte del actual territorio israelí no era un paisaje uniforme. Había bosques, pastizales, pantanos, ríos y zonas de aguas bajas en una superficie relativamente acotada. Dicho de otro modo, los animales podían acceder a distintos alimentos y fuentes de agua sin desplazarse hacia regiones lejanas.
PUBLICIDAD

El valle de Hula habría funcionado como un refugio ecológico con recursos previsibles, una condición relevante para las poblaciones de fauna y para los grupos humanos que circulaban por el área.
Por qué Gesher Benot Ya’aqov fue clave para los primeros humanos
El yacimiento se localiza dentro del llamado Corredor Levantino, la franja terrestre que conectó África con Eurasia. Durante el Pleistoceno, esa ruta fue utilizada por distintas especies animales y por poblaciones humanas en sus desplazamientos entre ambos continentes.
El nuevo trabajo aporta datos sobre las condiciones locales en un período del que existen registros limitados. Los investigadores plantean que el agua, la vegetación y la presencia de animales determinaron los espacios donde podía sostenerse la vida en esa vía de paso.
PUBLICIDAD

“La disponibilidad de agua, vegetación y recursos animales determinó dónde podían sobrevivir los humanos y la fauna silvestre”, señaló Sharon. El investigador añadió que los humedales, ríos y bosques del valle de Hula ofrecían condiciones favorables a lo largo de una de las rutas migratorias más antiguas conocidas.
La investigación también ayuda a precisar la relación entre el ambiente y las herramientas halladas en Gesher Benot Ya’aqov. Las hachas de mano y los hendedores de basalto muestran la presencia de grupos con capacidad para producir instrumentos cortantes y resistentes. Esas herramientas formaban parte de actividades cotidianas como el procesamiento de recursos vegetales y animales, aunque el estudio no adjudica una función específica a cada pieza encontrada junto al elefante.
PUBLICIDAD
El valor científico del molar no reside únicamente en la identificación de una especie extinta. El esmalte dental conserva señales químicas y físicas de la alimentación y el ambiente del animal. Por eso, los investigadores lo utilizaron para reconstruir parte del ecosistema que existía alrededor del valle del Jordán hace cerca de 700 milenios.

En términos simples, el diente funcionó como un archivo natural. Su composición permitió inferir que el elefante consumía recursos de ambientes diversos y vivía en una región con acceso frecuente al agua. El polen complementó esa información al ofrecer una imagen de la vegetación que crecía cerca del lugar donde se depositaron los restos.
PUBLICIDAD
La arqueóloga Hannah Farrell trabajó con especialistas de la Universidad de Haifa y de la Universidad de Tel Aviv. Cheryl A. Makarewicz estuvo a cargo de los estudios isotópicos; Nimrod Marom participó en el análisis arqueozoológico; mientras que Minji Jin y Dafna Langgut analizaron el polen.
Los resultados sitúan a Gesher Benot Ya’aqov como un punto de referencia para estudiar el vínculo entre clima, disponibilidad de recursos, grandes animales y ocupación humana en el Levante durante el Pleistoceno.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Por primera vez, astrónomos observan cómo una estrella consume lentamente a su compañera
El hallazgo, a 300 años luz de la Tierra, muestra cómo una enana roja absorbe gradualmente a una marrón que orbita junto a ella cada 87 minutos

Científicos descubrieron un nuevo tipo de contaminación en los arrecifes: plástico fusionado con restos de coral
El hallazgo fue realizado por investigadores de la Universidad de Ryukyus y el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa durante un relevamiento en tres playas de la isla japonesa, donde identificaron una formación vinculada al calor y a los residuos domésticos

La NASA publicó imágenes inéditas de Artemis II: los sorprendentes hallazgos del lado oculto de la Luna
El organismo espacial estadounidense difundió un archivo con más de 800 gigabytes recopilados por sus astronautas en su reciente travesía. El expediente reúne 11 mil registros fotográficos, audios con observaciones científicas y notas manuscritas sobre choques de meteoritos en la cara posterior del satélite terrestre

El pequeño “superdepredador” jurásico que revela una clave del origen de la lactancia en los mamíferos
Un fósil de 165 millones de años muestra que una criatura acuática, similar a una nutria, ya contaba con una estructura bucal esencial para alimentarse y respirar al mismo tiempo

“Las sociedades tendrán menos tiempo para prepararse”: el estudio que alerta por olas de calor que llegan antes y duran más
Investigadores detectaron, entre 1979 y 2023, una ampliación de casi 40 días en la temporada anual de temperaturas extremas y un arranque acelerado en gran parte del planeta. El trabajo fue publicado en Nature


