
Se toma por vía oral, una vez al día, y fue diseñado para bloquear una de las rutas moleculares más alteradas en el cáncer de páncreas. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó daraxonrasib para pacientes con adenocarcinoma pancreático metastásico, una decisión que incorporó una nueva opción terapéutica para una enfermedad con pocas herramientas eficaces.
La aprobación el miércoles pasdo por parte de la FDA de este nuevo fármaco cerró una búsqueda de décadas para desarrollar un medicamento capaz de alcanzar uno de los blancos más difíciles de este tumor. Los investigadores consideran que este avance puede ser el punto de partida de una nueva etapa en el tratamiento de distintos tipos de cáncer. Según un relevamiento de investigadores académicos, al menos 79 fármacos basados en una estrategia similar están en evaluación en 238 ensayos clínicos en diferentes países.
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El medicamento, desarrollado por Revolution Medicines bajo el nombre Rasonque, actúa sobre múltiples variantes activas de la vía RAS, una familia de proteínas implicada en señales que favorecen el crecimiento y la supervivencia de las células tumorales. En este tipo de tumor, esas alteraciones aparecen en la gran mayoría de los casos, lo que explica el interés médico por una terapia dirigida contra ese mecanismo.
La droga fue concebida para interferir sobre varios subtipos de esa vía, entre ellos G12, G13 y Q61, a diferencia de otros desarrollos orientados a mutaciones puntuales. De acuerdo como detallo una nota reciente de Infobae, esa amplitud de acción permitió que el fármaco se posicionara como un inhibidor pan-RAS, con potencial para actuar sobre distintas variantes biológicas asociadas con el adenocarcinoma pancreático.
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En términos prácticos, el tratamiento busca reducir la señal molecular que impulsa la expansión del tumor. La FDA precisó que la autorización alcanzó a adultos con la forma más frecuente de cáncer de páncreas avanzado que ya recibieron al menos un tratamiento sistémico o no pueden acceder a esquemas combinados.
El aval regulatorio se apoyó en un ensayo clínico aleatorizado, multicéntrico y abierto con 500 adultos previamente tratados. En ese estudio, los pacientes que recibieron daraxonrasib alcanzaron una mediana de supervivencia global de 13,2 meses, frente a 6,7 meses con quimioterapia estándar, según detalló Infobae a partir de los datos del estudio y del comunicado oficial.
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Los resultados también mostraron 7,2 meses de supervivencia libre de progresión contra 3,6 meses con quimioterapia, además de una tasa de respuesta objetiva de 33% frente a 11%. Esos números colocaron al fármaco entre los avances recientes seguidos con más atención en oncología pancreática.
La decisión marcó la llegada del primer fármaco de este tipo para cáncer de páncreas metastásico. El diario estadounidense recordó que los datos presentados en mayo durante la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO), en Chicago, ya habían despertado expectativas entre especialistas por la ventaja observada frente a la quimioterapia.
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El medicamento no constituye una cura, pero sí mostró una extensión de la sobrevida en una enfermedad caracterizada por diagnósticos tardíos y opciones limitadas. El citado medio también consignó que algunos pacientes tratados en ensayos clínicos mantuvieron respuestas prolongadas durante años, un dato que sumó interés alrededor de esta estrategia terapéutica.

El contexto ayuda a medir el alcance de la aprobación. Según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, entre 90% y 95% de los cerca de 67.000 nuevos casos anuales de esa enfermedad en el país corresponden a adenocarcinoma pancreático. Aunque su peso dentro del total de diagnósticos oncológicos es menor, la mortalidad asociada resulta más alta por la detección tardía y por la escasez histórica de tratamientos eficaces.
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La FDA informó además que el fármaco recibió las designaciones de Terapia Innovadora, Medicamento Huérfano y Revisión Prioritaria. La revisión concluyó 6,5 meses antes de la fecha límite prevista, y la solicitud pasó por un programa piloto orientado a acelerar la evaluación de terapias vinculadas con prioridades sanitarias públicas.
Antes de la autorización formal, la agencia había emitido una carta de “procedimiento seguro” para que el patrocinador iniciara un protocolo de acceso ampliado. Esa instancia permitió que algunos pacientes recibieran el tratamiento bajo el marco regulatorio estadounidense antes de la aprobación definitiva.
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Los efectos adversos más frecuentes informados por la agencia incluyeron erupción cutánea, diarrea, estomatitis, náuseas, fatiga, vómitos, dolor abdominal, edema, disminución del apetito y hemorragia. El perfil de seguridad aparecía como manejable dentro del ensayo y los investigadores no habían comunicado señales nuevas de alarma.
La aprobación fue otorgada a Revolution Medicines, Inc., que también impulsa estudios de este compuesto en otros tumores asociados a mutaciones RAS, entre ellos algunos cánceres de pulmón y colorrectales.
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Por qué atacar las proteínas RAS fue un desafío durante décadas
Durante más de cuatro décadas, la ciencia intentó sin éxito encontrar una forma de frenar a las proteínas RAS, una familia vinculada con la iniciación y la progresión de distintos tumores. Dentro de ese grupo, KRAS ocupó un lugar central por su papel en la replicación celular y por el efecto de sus mutaciones en el crecimiento descontrolado del cáncer, como se detalló en una nota reciente de Infobae
La dificultad residía en la estructura misma de esa proteína. A diferencia de otros blancos terapéuticos, KRAS carece de sitios accesibles donde una molécula pueda adherirse con facilidad para inhibir su función, un obstáculo que llevó durante años a considerarla una diana casi inabordable.
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Ese panorama empezó a cambiar en 2013, cuando investigaciones académicas identificaron una abertura molecular que mostró que la proteína sí podía ser intervenida. A partir de ese punto, varias compañías biotecnológicas retomaron una línea de trabajo que había acumulado fracasos durante décadas.
En ese proceso surgieron estrategias para llevar la versión mutada de KRAS desde un estado activo, ligado a la proliferación tumoral, hacia una forma inactiva. Ese giro reordenó la investigación sobre terapias dirigidas y abrió una nueva etapa para tumores en los que esa proteína cumple un papel central.
El contexto global explica parte de la expectativa. El cáncer de páncreas provoca cientos de miles de muertes cada año en el mundo y figura entre las enfermedades oncológicas con peor pronóstico, en gran medida porque suele detectarse cuando ya se encuentra avanzado y las opciones terapéuticas son escasas.
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