
Un equipo de la Universidad de Stanford y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) identificó una red cerebral del lenguaje que puede detectarse incluso cuando una persona no habla ni realiza tareas con palabras.
El hallazgo aporta evidencia a una discusión abierta desde hace décadas sobre si el cerebro humano tiene un sistema específicamente dedicado a esa capacidad y podría servir en el futuro para estudiar trastornos de la comunicación tras lesiones cerebrales.
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El trabajo analizó 1.957 estudios de resonancia magnética funcional realizados en 1.199 personas y encontró que ese circuito aparece de manera consistente aun cuando los participantes estaban en reposo, armaban un rompecabezas o escuchaban música. El estudio fue publicado en Nature Communications.

La investigación se enfocó en una dificultad central de la neurociencia y la lingüística: el lenguaje interviene al mismo tiempo en procesos como la comprensión, la memoria y la atención, lo que volvió difícil aislar qué parte de la actividad cerebral corresponde de forma directa a esa función. Según el estudio, los nuevos resultados suman evidencia a favor de una red propia, necesaria y selectiva para el lenguaje en cerebros adultos.
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La red aparece incluso sin tareas lingüísticas
La resonancia magnética funcional, o fMRI, no registra solo una imagen fija del cerebro, sino una secuencia de cambios en el flujo sanguíneo que funciona como señal indirecta de la actividad neuronal.
A partir de esos datos, los investigadores buscaron regiones que aumentaran o redujeran su actividad de forma coordinada para reconstruir conectomas funcionales, es decir, mapas de zonas que parecen operar al mismo tiempo como parte de un mismo circuito.
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Cory Shain, profesor asistente de lingüística de la Universidad de Stanford y autor principal del estudio, señaló en el comunicado institucional que esa red puede localizarse “solo a partir de la actividad del cerebro” y que se trata de “una estructura tan importante y estable” que aparece “sin importar lo que alguien esté haciendo”.

De acuerdo con la universidad, gran parte de la red del lenguaje se distribuye en el hemisferio izquierdo y en regiones frontales y temporales del cerebro. El trabajo también señala que la forma exacta del circuito cambia entre personas, aunque mantiene una organización estable dentro de cada individuo.
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Uno de los puntos centrales del estudio fue que no se limitó a promedios de grandes grupos, sino que examinó resultados individuales. En cada cerebro analizado, los investigadores detectaron una red muy conectada en áreas que trabajos previos ya habían asociado con el lenguaje.
Un hallazgo con posibles aplicaciones futuras
La coautora Evelina Fedorenko, del MIT, participó junto con Shain en el análisis de una base de datos amplia reunida en trabajos anteriores de su laboratorio. Según se detalla en el estudio, esa escala permitió comparar múltiples sesiones y reforzar la consistencia de los resultados observados en cada participante.
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Los experimentos incluidos en esa base contenían tareas muy distintas. En algunos casos, los participantes realizaban actividades sin contenido lingüístico, como relacionar cuadrados de colores en una grilla; en otros, hacían tareas vinculadas con el lenguaje, como leer en voz alta.

Primero, el equipo buscó redes posibles sin tomar en cuenta qué tarea se estaba haciendo en cada momento. Después comprobó que la red identificada respondía con fuerza al lenguaje y poco a otras funciones.
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Más tarde, los investigadores eliminaron del análisis toda la información obtenida durante tareas lingüísticas. Aun así, encontraron en cada persona una red muy similar a la detectada con el conjunto completo de datos.
Shain explicó en el comunicado institucional: “Si podemos determinar de manera fiable cómo estaban organizadas las áreas dañadas sobre la base de la organización del resto del cerebro que sigue intacto, entonces podríamos descubrir cosas nuevas sobre las causas y consecuencias de la afasia, lo que podría tener relevancia clínica para muchas personas”. La afasia es un trastorno que afecta la capacidad de hablar, escribir o comprender el lenguaje después de una lesión cerebral.
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El trabajo se inscribe en un debate que se remonta al siglo XIX, cuando la observación de pacientes con afasia sugirió que debía existir algún tipo de estructura cerebral vinculada con el lenguaje. Shain describió esa complejidad en el comunicado de prensa con esta comparación: “El lenguaje es algo muy complejo. Es como una telaraña que conecta casi todo lo que somos”.
El investigador añadió: “Con este estudio, intentamos dejar de lado nuestras ideas preconcebidas sobre qué es el lenguaje y preguntar qué nos está diciendo el propio cerebro sobre cómo podría estar implementado”.
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Según Nature Communications, el estudio no presenta una respuesta final a todas las discusiones sobre el lenguaje en el cerebro, pero sí una evidencia fuerte de que existe una red selectiva que puede detectarse con precisión en cada individuo.
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