
Un informe del Observatorio Humanitario de la Cruz Roja Argentina analizó la confianza, la información y la percepción sobre las vacunas en el país.
“Argentina atraviesa una caída histórica en sus coberturas de vacunación: en menos de una década, algunos refuerzos del calendario infantil pasaron de niveles superiores al 90% a menos del 50%. Ninguna vacuna del Calendario Nacional alcanzó en 2024 el 95%, la meta de cobertura recomendada a nivel poblacional para asegurar inmunidad colectiva (OMS, 2025). La disponibilidad de dosis no es el principal factor”, señalaron.
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Un dato clave del informe es que el obstáculo principal no es logístico. El 97% de quienes intentaron vacunarse en su último intento lo logró, pero el 54% señaló que la mayor dificultad para sostener la vacunación es la desconfianza en las vacunas.
El estudio relevó 3.888 casos válidos de personas de 16 años y más en 16 provincias de seis regiones, con trabajo de campo entre el 13 de marzo y el 15 de abril de 2026.
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La valoración positiva de las vacunas
La investigación muestra una brecha entre la percepción general y la conducta efectiva. El 93% de la población entiende que las vacunas no representan un peligro, el 91% las considera clave para la salud de la población y el 79% las percibe como eficaces y seguras.
A la vez, el 78% afirmó que se vacuna porque esas enfermedades pueden tener consecuencias graves o fatales. Pese a ese respaldo, solo el 36% accede al sistema de salud para controles de rutina o prevención, un dato que el informe vincula con la pérdida de centralidad de la vacunación como práctica preventiva habitual.
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La dimensión colectiva también conserva apoyo mayoritario. El 75% considera que vacunarse es una responsabilidad colectiva, el 77% reconoce que la baja en las coberturas puede provocar el retorno de enfermedades ya controladas y el 72% sabe que la decisión individual impacta en el riesgo de toda la comunidad.
El estudio resume esa dinámica con una definición precisa: “La conciencia sobre el riesgo compartido no siempre se traduce en la práctica individual: hay una brecha entre la valoración colectiva de la vacunación y su adopción cotidiana”.
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Esa distancia entre acuerdo simbólico y acción concreta convive con creencias que relativizan la necesidad personal de vacunarse. El 23% prefiere adquirir inmunidad de forma natural y el 19% considera que no sería necesario vacunarse si la mayoría ya estuviera protegida.
El impacto de la desinformación
El informe señala que la exposición a mensajes que cuestionan las vacunas es alta, aunque desigual según edad y región. El 68% de las personas dijo haber estado expuesto a ese tipo de contenidos y cuatro de cada 10 aseguró que esos mensajes le generaron dudas sobre los efectos de la vacunación.
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Las redes sociales concentran la mayor circulación, con el 66%, seguidas por la televisión, con el 39%, y por familiares o amistades, con el 38%. Entre los jóvenes de 16 a 29 años, esa circulación en redes asciende al 77%, mientras que entre las personas de 50 años o más tienen más peso la televisión y el entorno familiar.
La publicación identifica a la confianza en las instituciones como un factor de protección frente a la desinformación. Entre quienes dijeron que esos mensajes no alteraron su posición, el 69% confía en las autoridades; entre quienes sí reportaron dudas, esa confianza cae al 31%.
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Ese contraste refuerza otro hallazgo del estudio: las personas que parten de una mirada más crítica hacia las instituciones son más vulnerables a los mensajes falsos o engañosos sobre vacunación.

La desconfianza y la falta de información
Entre quienes no se vacunaron, las razones más mencionadas fueron la desconfianza en las vacunas, la falta de información clara y la creencia de que no es necesario vacunarse: las tres aparecen con el 45%. Después se ubicó el miedo a los efectos adversos, con el 42%.
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Los problemas vinculados al tiempo y a la organización del sistema de salud quedaron bastante más abajo. La falta de tiempo fue mencionada por el 20%, mientras que la ubicación o el horario de los centros de vacunación apareció en el 13%.
Para el Observatorio Humanitario, ese cuadro configura una ventana de oportunidad, porque la adhesión simbólica a las vacunas sigue siendo alta. El desafío, según plantea el informe, no pasa por ampliar la oferta de dosis sino por reconstruir la demanda mediante información clara, comunicación basada en evidencia, cercanía territorial y un sistema de salud capaz de recuperar legitimidad como fuente confiable.
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