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El hábito diario que podría mejorar el bienestar en adultos mayores con insomnio

Un estudio de la Universidad de Misuri analizó a personas con y sin alteraciones del sueño; y cómo esta condición podría impactar en la salud física y mental quien lo enfrenta

Una mujer de mediana edad está sentada en la cama en un dormitorio oscuro, mirando hacia la derecha. Un ventilador y un vaso de agua están sobre la mesa de noche.
Un estudio de la Universidad de Misuri asoció una rutina diaria consistente con menos dolor físico y menos síntomas de depresión en adultos mayores con insomnio (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Todos los días, millones de personas se despiertan a distintas horas, comen cuando pueden y se acuestan sin un horario fijo. Para muchas, esa variabilidad parece inofensiva. Para la ciencia, sin embargo, esas oscilaciones cotidianas tienen consecuencias concretas sobre el cuerpo y la mente, especialmente a medida que se envejece.

Eso es precisamente lo que un equipo de investigadores de la Universidad de Misuri se propuso medir. Y lo que encontraron apunta en una dirección precisa: mantener una rutina diaria consistente reduce el dolor físico y los síntomas de depresión, incluso en personas que padecen insomnio.

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El trabajo, centrado en adultos mayores, refuerza la hipótesis de que los hábitos cotidianos —los horarios para despertar, comer, socializar y dormir— funcionan como señales temporales que sincronizan el reloj interno del organismo y, con ello, favorecen la salud.

Un metaanálisis que analizó datos de cerca de un millón de participantes en 36 países estimó que el 29% de los adultos mayores en el mundo padece insomnio, mientras que alrededor del 40% reporta mala calidad de sueño en general, según datos publicados en Worldwide Prevalence of Poor Sleep Quality in Older Adults.

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Cuatro escenas de vida: hombre caminando en parque, manos resolviendo crucigrama, tres personas mayores conversando, cama ordenada en habitación.
El estudio indicó que mantener horarios regulares para despertar, comer, socializar y dormir ayuda a sincronizar el reloj interno del organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa prevalencia convierte al trastorno del sueño en uno de los problemas de salud más extendidos entre la población mayor, aunque sus vínculos con el dolor crónico y la salud mental aún no estaban del todo explorados. El nuevo trabajo, publicado en Journal of Behavioral Medicine, aporta datos sobre cómo los patrones de conducta diaria pueden modificar esa ecuación.

Eunjin Tracy, profesora asistente en el Colegio de Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Misuri, analizó datos de encuestas de autopercepción completadas por 67 adultos mayores, de los cuales 37 tenían diagnóstico de insomnio. En este tipo de instrumento, los propios participantes evalúan su estado de salud y su bienestar emocional sin medición clínica directa.

Los participantes con alteraciones del sueño informaron mayores niveles de dolor físico general y de síntomas depresivos. Pero el hallazgo central fue otro: quienes mantenían rutinas diarias regulares —con insomnio o sin él— presentaban niveles más bajos de ambas variables que quienes no las sostenían.

El reloj interno y las señales del tiempo

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La imagen muestra una ilustración del cerebro humano con un reloj superpuesto en el centro, simbolizando la importancia del reloj biológico interno y su influencia en las funciones cognitivas y la salud. El fondo oscuro enfatiza el enfoque en la mente y los procesos neurocientíficos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mecanismo detrás de esa asociación involucra al ritmo circadiano, el reloj biológico interno que opera en ciclos de aproximadamente 24 horas y regula el sueño, el estado de ánimo, la temperatura corporal y otras funciones fisiológicas.

A lo largo de ese ciclo, el organismo ejecuta procesos de reparación celular, regulación hormonal y consolidación de la memoria. Los horarios cotidianos funcionan como señales temporales: cuando son estables, el reloj interno opera con mayor precisión; cuando se desorganizan, el cuerpo pierde sincronía y esas funciones se ven afectadas.

“Si somos consistentes con cuándo nos despertamos, comemos, trabajamos o estudiamos, interactuamos con otros y nos vamos a dormir, esas señales temporales ayudan a sincronizar nuestros relojes internos”, afirmó Tracy en el comunicado institucional de la universidad. “A largo plazo, eso parece estar vinculado con mejores resultados de salud”, agregó la investigadora.

“Cuando regulamos bien nuestro ritmo circadiano, nuestro cuerpo funciona bien; pero si se distrae demasiado, no funciona tan bien”, señaló Tracy en el comunicado institucional.

El jet lag social y sus efectos sobre el bienestar

Hombre exhausto con camisa azul sentado en un escritorio frente a una computadora en una oficina oscura a las 2:47 AM, con un reloj grande y una ventana lloviendo.
El jet lag social describe la desincronización que ocurre cuando una persona cambia sus horarios de sueño entre los días laborables y el fin de semana (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los conceptos que el estudio pone en circulación para el público general es el del jet lag social: la desincronización que ocurre cuando una persona duerme y se despierta en horarios distintos durante el fin de semana respecto de los días laborables. El fenómeno, documentado en la literatura científica, genera en el cuerpo un efecto similar al del viaje entre zonas horarias, sin que medie ningún desplazamiento geográfico.

La investigadora extendió la reflexión más allá del sueño nocturno: dado que aproximadamente un tercio de la vida transcurre durmiendo, argumentó que la investigación en salud y bienestar debería adoptar una perspectiva de 24 horas, sin limitarse a las horas de vigilia.

“Como alguien que se despierta y se va a dormir a la misma hora todos los días, creo que una rutina diaria puede ser útil para personas de todas las edades a lo largo de su vida”, afirmó.

Una intervención de bajo costo con potencial clínico

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los investigadores señalaron que una rutina diaria regular podría incorporarse como recomendación complementaria para el manejo del insomnio en adultos mayores, aunque el estudio no prueba causalidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio abre una línea de interés práctico: si mantener horarios regulares se asocia con menos dolor y menos depresión, esa conducta podría incorporarse como recomendación terapéutica complementaria en el manejo del insomnio en adultos mayores, una población para la que muchas intervenciones farmacológicas presentan contraindicaciones o efectos secundarios.

El trabajo de Tracy no establece una relación de causalidad directa —no prueba que la rutina cause la mejora, sino que ambas variables se asocian—, pero ofrece una señal empírica para continuar investigando.

Los investigadores explicaron en el comunicado de prensa: “Independientemente de la calidad del sueño, quienes reportaron tener una rutina diaria regular presentaron menores niveles de dolor físico y menos depresión en comparación con quienes no tenían una rutina diaria”. La muestra analizada es relativamente pequeña, lo que limita la generalización de los resultados.

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