
El Colegio Estadounidense de Médicos (ACP) publicó una guía clínica actualizada para ayudar a los médicos a elegir medicamentos para el control del peso junto con modificaciones del estilo de vida para tratar el sobrepeso y la obesidad en adultos no embarazadas en entornos ambulatorios. El documento, titulado “Tratamientos farmacológicos con modificaciones del estilo de vida en adultos no embarazadas con sobrepeso u obesidad en entornos ambulatorios: una guía clínica actualizada del Colegio Estadounidense de Médicos”, se publicó en la revista médica Annals of Internal Medicine.
La guía parte de un diagnóstico sanitario de alta prevalencia: el ACP indicó que más de la mitad (59%) de la población mundial tiene sobrepeso u obesidad y que, en Estados Unidos, más de dos tercios (68,5%) de los adultos se encuentran en esa condición. Se trata, señaló, de afecciones crónicas asociadas con mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardíacas y algunos tipos de cáncer.
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En ese marco, el ACP sostuvo que el tratamiento debe combinar farmacoterapia con cambios sostenibles en la vida cotidiana. La presidenta del ACP, Jan K. Carney, lo sintetizó: “Si bien el tratamiento inicial del sobrepeso y la obesidad mediante cambios en el estilo de vida, como una mejor nutrición y una mayor actividad física, sigue siendo fundamental, muchos adultos aún tienen dificultades para lograr una pérdida de peso clínicamente significativa”.
Qué recomiendan las nuevas directrices: medicamentos por perfil y escalones terapéuticos

Para adultos no embarazadas con obesidad (IMC ≥ 30 kg/m²), el ACP recomendó semaglutida y tirzepatida como opciones de primera línea al iniciar el tratamiento farmacológico, junto con modificaciones del estilo de vida para el control del peso. En ese mismo grupo, ubicó a fentermina-topiramato como tratamiento de segunda línea, liraglutida como tratamiento de tercera línea y naltrexona-bupropión como tratamiento de cuarta línea.
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En adultos no embarazadas con sobrepeso (IMC ≥ 27 a 30 kg/m²) y al menos una condición comórbida —diabetes tipo 2, dislipidemia, hipertensión, apnea obstructiva del sueño o enfermedad cardiovascular—, el ACP recomendó semaglutida o tirzepatida como tratamiento de primera línea y liraglutida como tratamiento de segunda línea, siempre con modificaciones del estilo de vida.
En ambos escenarios, el ACP definió las modificaciones del estilo de vida como una mejor nutrición y actividad física. Según la organización, el objetivo de la guía es orientar decisiones clínicas en un contexto de alta demanda y de tratamientos en rápida evolución, por lo que la calificó como una “guía dinámica”, con actualizaciones a medida que aparezca nueva evidencia.
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Por qué el estilo de vida sigue siendo el pilar

Las directrices sostienen que la farmacoterapia se indica en combinación con cambios de hábitos, no como reemplazo de ese abordaje. Douglas K. Owens, presidente del Departamento de Política Sanitaria y miembro del comité del ACP que elaboró la guía, explicó el enfoque: “La modificación del estilo de vida, como una mejor nutrición y la actividad física, son pilares fundamentales del tratamiento, y los fármacos más recientes pueden ser muy eficaces y tener un impacto positivo en una amplia gama de resultados de salud”.
En una nota a Infobae, médica especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) Marianela Aguirre Ackermann había destacado que “el peso es una regulación biológica compleja, no se trata de falta de voluntad”. Y tras asegurar que “el peso corporal está influido por la genética, mecanismos biológicos que regulan el hambre, la saciedad, el gasto energético y la respuesta del cuerpo después de perder peso”, la especialista añadió que también intervienen el sueño, el estrés, la masa muscular, los medicamentos, enfermedades de base como la insulinorresistencia, la diabetes o la apnea del sueño, además de la historia previa de peso, el ambiente y la conducta alimentaria.
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En esa misma nota, la endocrinóloga y coordinadora del grupo de trabajo de Obesidad de la SAN, Ana Cappelletti advirtió que “muchos planes de pérdida de peso fallan cuando no pueden sostenerse en el tiempo, en especial los muy restrictivos o los que no contemplan el contexto de cada persona”. Allí subrayó que el abordaje debe considerar hábitos, emociones, entorno, trabajo y dinámica familiar para que el tratamiento no quede limitado a una etapa breve, sino que se integre a la vida cotidiana.
Qué deben evaluar médico y paciente antes de iniciar o cambiar un fármaco

El ACP señaló que, al iniciar un tratamiento farmacológico recomendado para el control del peso o al cambiar a otro medicamento debido a una respuesta insuficiente, médicos y pacientes deben analizar beneficios, riesgos, costos, acceso y disponibilidad, comorbilidades clínicas, objetivos de pérdida de peso, esperanza de vida, valores y preferencias, además de contraindicaciones y advertencias.
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La guía también indicó que los médicos deben informar sobre posibles efectos secundarios no deseados vinculados a la pérdida de peso, incluidas las deficiencias nutricionales y la pérdida de masa muscular y densidad ósea, con énfasis en el riesgo en adultos mayores.
En un documento publicado por la Universidad de Stanford, advirtieron que pese a la disponibilidad de tratamientos, los pacientes continúan recibiendo un tratamiento insuficiente, probablemente por limitaciones de disponibilidad y acceso a estas intervenciones médicas.
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Limitaciones y preguntas abiertas: seguimiento, duración del tratamiento y recuperación del peso

El ACP señaló que la duración óptima del tratamiento con fármacos para bajar de peso sigue siendo incierta y que se necesitan más datos de seguridad a largo plazo. También indicó que algunos estudios mostraron que los pacientes recuperan el peso perdido cuando dejan de usar estos medicamentos.
En ese contexto, los miembros del comité de directrices del ACP plantearon que el tema debe formar parte de la conversación clínica: “Es importante hablar sobre la posibilidad de que el paciente utilice medicamentos para controlar el peso durante toda su vida”.
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La guía se presentó como un documento “dinámico”, con actualizaciones periódicas a medida que se disponga de nueva evidencia científica, en un área donde la investigación sobre medicamentos para el control del peso permanece activa.
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