
Durante décadas, la ansiedad se explicó casi exclusivamente a partir de la actividad neuronal. Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad de Montreal cambia ese paradigma: demuestra que los astrocitos —células del cerebro encargadas de sostener y regular el entorno de las células nerviosas— participan de forma activa en la detección y regulación de las respuestas emocionales.
El trabajo, realizado en modelos animales por investigadores del Centro de Investigación del Centro Hospitalario de la Universidad de Montreal (CRCHUM), muestra que estas células en la amígdala cerebral —una región clave encargada de procesar el miedo y las emociones— pueden anticipar situaciones de peligro y ajustar el nivel de ansiedad antes de que el comportamiento se manifieste.
PUBLICIDAD
Los resultados, publicados en la revista Neuron, abren nuevas perspectivas para comprender los trastornos de ansiedad y pensar estrategias terapéuticas más precisas.
Un sistema de alerta que se activa antes de la reacción
Los experimentos se realizaron con ratones sometidos a pruebas conductuales clásicas, como el laberinto elevado y el test de calles sucesivas, diseñadas para evaluar la respuesta ante situaciones potencialmente amenazantes.
Mientras los animales avanzaban hacia zonas más expuestas, los investigadores registraron la actividad de calcio en los astrocitos de la amígdala basolateral. Este tipo de señal permite observar cómo se activan las células en tiempo real.

Los resultados mostraron un patrón claro: la actividad aumentaba progresivamente a medida que los ratones se acercaban a áreas que percibían como peligrosas. Es decir, estas células no solo reaccionaban, sino que reflejaban la evaluación del entorno en curso.
PUBLICIDAD
En términos simples, los astrocitos funcionan como un “medidor de peligro”: a medida que el entorno se vuelve más amenazante, su actividad aumenta hasta alcanzar un punto en el que el animal decide detenerse o retroceder.
“Algunos no llegaron muy lejos, otros se detuvieron a mitad de camino y otros lograron avanzar hasta el final”, explicó Ciaran Murphy-Royal, investigador principal del estudio. Estas diferencias permitieron medir distintos niveles de ansiedad en los animales.
Una señal que predice el comportamiento
Uno de los hallazgos más relevantes fue que los animales con mayor ansiedad alcanzaban el pico de actividad en estas células antes que los demás y, en ese momento, interrumpían la exploración.
PUBLICIDAD
Este patrón sugiere que los astrocitos no solo acompañan la respuesta emocional, sino que pueden anticiparla. En otras palabras, funcionan como un indicador temprano del comportamiento ansioso.

Además, los ejemplares con esta respuesta mostraban niveles elevados de ansiedad en distintos contextos, lo que recuerda a lo que en humanos se conoce como ansiedad de rasgo, una tendencia estable a responder con mayor intensidad ante situaciones de estrés.
Células dinámicas que aprenden del entorno
El estudio también exploró cómo estas células responden a cambios en el ambiente. Cuando los investigadores introdujeron elementos nuevos en espacios previamente conocidos, la señal de alarma desapareció tras una sola exposición, siempre que el entorno dejara de percibirse como amenazante.
PUBLICIDAD
Este comportamiento muestra que los astrocitos no reaccionan de forma automática, sino que ajustan su actividad según la experiencia. Son capaces de distinguir entre peligro real y situaciones seguras, lo que evita respuestas innecesarias.
Otro resultado llamativo fue que la señal registrada en estas células resultó más precisa que la actividad neuronal para identificar los momentos de mayor ansiedad.

A partir de estos datos, el equipo desarrolló un sistema capaz de predecir la posición de los animales dentro de las zonas más estresantes con mayor exactitud que los registros tradicionales.
Además, al manipular directamente los niveles de calcio en estas células, comprobaron que su aumento provocaba un incremento claro en las conductas asociadas a la ansiedad. Esto confirma que no se trata de un fenómeno pasivo, sino de un mecanismo con impacto directo en el comportamiento.
PUBLICIDAD
El estudio identificó a la norepinefrina como el principal disparador de esta actividad. Esta sustancia, liberada desde una región del cerebro llamada locus coeruleus, actúa como señal de alerta ante situaciones de estrés.
Cuando los investigadores bloquearon los receptores de esta sustancia en los astrocitos, los animales mostraron una mayor disposición a explorar zonas amenazantes. Este resultado refuerza la idea de que estas células participan de manera activa en la regulación del miedo.
Un nuevo enfoque para tratar la ansiedad
El hallazgo redefine el papel de los astrocitos dentro de los circuitos emocionales. En lugar de ser simples acompañantes de la actividad neuronal, aparecen como actores clave en la forma en que el cerebro procesa el peligro.
PUBLICIDAD
Esto abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas. Intervenir sobre estas células —ya sea a nivel farmacológico o genético— podría permitir modular la ansiedad de manera más específica, sin actuar directamente sobre las neuronas.

Los investigadores destacan que este enfoque podría resultar útil en trastornos como la ansiedad generalizada y otras patologías vinculadas al miedo.
Comprender que estas células pueden anticipar y modular la ansiedad permite replantear modelos tradicionales y abre nuevas líneas de investigación. En el futuro, este conocimiento podría traducirse en tratamientos más eficaces para millones de personas que conviven con trastornos de ansiedad en todo el mundo.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Cada minuto cuenta ante un ACV: cinco errores que pueden retrasar la atención médica
En exclusiva para Infobae, Ineco brindó claves para reconocerlo y actuar a tiempo

Cuatro minutos diarios de ejercicio pueden mejorar la fuerza y el equilibrio después de los 65 años
Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania con 97 voluntarios de 74 años en promedio halló avances en fuerza, equilibrio y movilidad tras 12 semanas de una rutina breve con bandas elásticas

El ejercicio que se puede repartir durante el día sin resignar fuerza
Un estudio realizado en China evaluó si distribuir un mismo entrenamiento a lo largo de la jornada podía dar resultados comparables a concentrarlo en una sola sesión

Una terapia genética experimental logra señales alentadoras contra una forma rara de ELA
Investigadores de Mayo Clinic observaron en un único paciente una caída de hasta el 50% en un marcador de lesión neuronal tras aplicar un abordaje dirigido a una mutación poco frecuente. El hallazgo es preliminar, pero impulsa la medicina de precisión para patologías de muy baja prevalencia

Del ACV a la pérdida de memoria: seis mitos sobre la salud cerebral que pueden demorar consultas médicas
Creencias extendidas sobre los olvidos, los golpes en la cabeza, la herencia genética y los suplementos pueden llevar a subestimar síntomas que exigen evaluación profesional. Qué dice la evidencia



